El Mercadillo Común

No sé cuánto tiempo hacía que no pasaba por el Mercadillo de Santa Cruz. Cuántos años. Deben haber sido muchos, porque lo encontré cambiado. Otra “arquitectura”, otras caras, otras amabilidades, otras desconfianzas, otros objetos; pero, sobre todo, un aplastamiento del ánimo, como si hubiera aumentado allí la presión atmosférica y los presentes no pudieran levantar los pies ni las esperanzas.

Hice algunas fotos. Nunca me he resistido a fijar la luz de la quincallería ni la de quienes la miran, igual que yo, como si fueran tesoros recién sacados de la tumba de Cleopatra.

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