Relato para atrapar el paraíso

Antes, cuando Adán terminaba de hacer el amor, encendía un cigarrillo y el humo caliente deslizándose en su garganta prolongaba el placer de la entrega. Pero la vida, como los paraísos, las serpientes y las parejas que se desean, da muchas vueltas entre las sábanas del tiempo. Pasaron años como si fuesen civilizaciones: murieron y nacieron amores, y otros, simplemente, se quedaron dormidos. En una de esas vueltas, quizás cuando visitó Babilonia, él extravió el tabaco; pero hoy las ceremonias del amor le han llevado a pensar que le gustaría atrapar esos instantes con el humo de un cigarrillo. Lo compensa poniendo en marcha un pequeño equipo de música. Violines. Y una fantástica voz de mujer.

At last my love has come along
my lonely days are over
and life is like a song.

Cierra los ojos: deja que la seda cálida de Etta James los envuelva.

At last
the skies above are blue.
My heart was wrapped up in clover
the night I looked at you.

-¿Tú colocaste ese disco en el equipo? –él pregunta a ella.

-Lo encontré entre los Cds que estaban en una caja. ¿No te gusta, Adán?

-Éste lo compré para ti.

-¿Para mí? Pero si lo tenías antes de conocerme… ¿No lo comprarías para la serpiente?

-Lo puse en esa caja esperando el momento adecuado, pero él supo atraerte sin mi ayuda. Sin duda tiene sabor a manzana.

-Tonto… Si tú supieras que esta canción la conocí en un concierto de Beyonce.

I found a dream that I could speak to
A dream that I can call my own.
I found a thrill to press my cheek to
A thrill that I have never known.

Adán cierra los ojos de nuevo. Un temblor leve recorre su espalda; siente cómo la vida se desviste y viste las joyas más brillantes con el sólo propósito de lucirlas junto a nuestros lechos y, a veces, como hoy, nos deja entrever retazos del vergel.

Cierto es que esa música no la compró para ella. Formó parte de otra vida cuyos colores ya se habían desteñido hasta adquirir la tonalidad sepia de los tréboles secos. Pero la música está más viva que ayer y sus matices han alcanzado una calidez que antes nunca tuvieron. Adán sube el volumen de la música, alza la sábana de nubes hasta que cubre sus cabezas y, junto a la voz de Etta James, como si fuera la primera vez que hacen el amor y aun sabiendo que los instantes escaparán para siempre, tararea suavemente.

You smile, you smile.
And then the spell was cast
And here we are in heaven
For you are mine at last.

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