¿Ricas, feas y tontas?

Como llevo un par de años de atraso, en lo que a televisión se refiere, este verano me he impuesto ver todos los programas que ponen en la tele, al menos una vez. O casi todos, porque necesito tiempo para dormir… y vomitar. Empiezo por La Sexta. Un programa sobre mujeres ricas, según reza el título. Lo grabo, por si tengo que ir al baño no perderme nada.
Después de diez minutos mirando la pantalla de mi viejo televisor analógico, se me ocurre que los mismos dioses (póngales cada uno el nombre que más le guste) han de haberles agenciado la pasta a estas muchachas para proporcionarles una manera de sobrevivir a tanta estupidez. Una forma de compensar el desequilibrio en el universo. Ya saben, la teoría de los vasos comunicantes aplicada a la estulticia humana. Una tras otra, van pasando delante de mis ojos mujeres que no saben hablar con sensatez de un solo tema, que se propinan raquetazos en la cara cuando tratan de darle a una simple pelota de tenis, que rompen los vestidos mientras se los prueban, que se ríen de los niños con cáncer o con hambre, que se insultan entre ellas llamándose putas o estúpidas (en lo segundo, al menos, reconozco que les sobra razón), que su filosofía del relax se reduce a “tengo que comprar, tengo que gastar”,…
Sé de sobra que los hombres perdonamos con demasiada facilidad a las mujeres hermosas. Así que mientras estas señoras continúan haciendo y diciendo sandeces, busco desesperadamente en ellas algo de belleza física que me ayude a tolerarlas. En vano. Las más viejas se visten para resaltar sus defectos y las más jóvenes hablan como si los músculos faciales se les hubieran paralizado. Feas por dentro y feas por fuera. Todo esto sin olvidar de qué diablos pretenden informarme los autores del programa.
¿Serán estos juicios productos del machismo?, me digo, dispuesto a adoptar otro punto de vista más ético. Vamos a ver, vuelvo a decirme, si en lugar de ser ellas fueran ellos, ¿qué dirías, eh? Supón a unos tipos riéndose de los niños con cáncer, dándose raquetazos en la cara, enseñando sus pectorales flácidos, con cara caballuna de resaca, sin dar palo al agua en todo el año, intentando meterse en su pies monstruosos unos zapatos tres números más cortos… ¿Te atreverías a llamarlos feos y tontos si salieran presumiendo de glamourosos por la tele?
No, en absoluto. La respuesta es obvia. Diría que son unos tíos ricos, bien parecidos e inteligentes, además de hábiles y bondadosos. Llegado a este punto, siento náuseas de mí mismo, por no saber apreciar adecuadamente el glamour de estas princesas; y apago la tele.
Mañana me toca ver Salvados. Un programa en Telecinco. Espero redimirme siendo más ecuánime al emitir mis juicios de valor y tratar de reconciliarme con la esa parte de la Humanidad. Al fin y al cabo, como dijo el difunto Albert Cohen, se necesita estiércol para que crezcan las flores.

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