PROTOCOLOS, NEUROSIS, MANGUERAS, UNIFORMES Y LIBERTADES

1.0 La panacea
Desde hace unos años, se viene hablando de protocolos. En la izquierda, en la derecha, en los desvanes y en las bodegas del planeta se declama sobre los protocolos como la panacea para combatir todos los males que nos embisten. Lo bueno que tienen es que una vez aprendidos cualquier persona puede hacer virguerías con ellos.

2.0 Relato protocolizado sobre la excelencia de los protocolos

2.0.1.0 Sábado. Hora: 08:00. París. Una madre suiza se levanta de la cama.
2.0.1.1 Sábado. Hora: 08:00. París. Una madre salvadoreña se levanta de la cama.

2.0.2.0 Sábado. Hora: 11:00. La madre suiza llega al supermercado con un carrito y una lista en la que figuran los productos que necesita, los precios de su última compra y el presupuesto que va a gastarse.
2.0.2.1 Sábado. Hora: 09:30. La madre salvadoreña entra en el supermercado con un niño en brazos. Poco después de traspasar la puerta, su hijito ha derribado una pirámide de latas de comida para perro y ella se pone a recogerlas. Los empleados la miran con cara ofendida, pero ninguna la ayuda.

2.0.3.0 Sábado. Hora: 11:01. La suiza ya tiene ordenada su lista por secciones. Al principio las latas y al final los congelados, para evitar que se calienten los productos. En ese mismo orden, visita los departamentos de comestibles.
2.0.3.1 Sábado. Hora: 09:40. La salvadoreña se dirige primero al lugar de los congelados, porque el día es muy caluroso y en ese espacio suele haber algo más de fresco.

2.0.4.0 Sábado. Hora: 11:18. Diecisiete minutos más tarde, la suiza llega a la caja registradora con treinta productos en su carrito. Coloca sus cosas en la cinta, mira en la pantalla para saber si coincide el precio de cada producto que la cajera pasa. Paga con su tarjeta de crédito y coloca la compra en el carrito que había llevado desde su casa.
2.0.4.1 Sábado. Hora: 11:10. Una hora y media más tarde, la salvadoreña aborda la caja con diez productos y riñendo al niño porque ha abierto un paquete caramelos que se está comiendo con voracidad. La cajera se pone de mal humor porque la cliente le entrega un billete para el que no tiene cambio. Finalmente, la señora sale cargada con las bolsas, porque su hijo se ha llevado el carrito fuera. Tiene la suerte de que otra señora recoge un yogurt que se le había caído. El niño debe andar cerca…

2.0.5.0 Sábado. Hora: 11:23. La suiza coloca la compra en el maletero de su coche blanco. Su carrito encaja a la perfección. Se dirige a la cafetería del supermercado, compra un periódico y pide un café. Lo bebe con calma y un cuarto de hora después vuelve a su auto. Enciende el contacto y sale a la carretera.
2.0.5.1 Sábado. Hora: 11:25. La salvadoreña ha perdido las llaves del maletero de su coche azul. Mete las bolsas de la compra en el asiento trasero y no puede impedir que su hijo se siente delante, con las manos manchadas con el chocolate de los caramelos. Naturalmente, se las limpia en el tapizado. Las llaves no las encuentra ahora, aunque abrió la puerta con ellas. Diez minutos después, se da cuenta de que están dentro de una de las bolsas de la compra. Arranca y sale a la carretera.

2.0.6.0 Sábado. Hora: 11:44. La suiza ve un semáforo en rojo y detiene su automóvil. Se percata de que un coche azul frena a su lado. Dentro hay una mujer de pelo negro y un niño que le enseña la lengua.
2.0.6.1 Sábado. Hora: 11:44. La salvadoreña casi se pasa el semáforo en rojo, por culpa de los gritos de su hijo. Le regaña porque está haciéndole carantoñas a una señora rubia que está en un coche blanco.

2.0.7.0 Sábado. Hora: 11:44. La suiza advierte que algo enorme cae a la calle desde un vecino bloque de viviendas. Mira hacia arriba y observa que el edificio empieza a desmoronarse. Es evidente que caerá justo donde está el semáforo.
2.0.7.1 Sábado. Hora: 11:44. La salvadoreña advierte que algo enorme cae a la calle desde un vecino bloque de viviendas. Mira hacia arriba y observa que el edificio empieza a desmoronarse. Es evidente que caerá justo donde está el semáforo.

2.0.8.0 Sábado. Hora: 11:44. La suiza mira el semáforo, angustiada porque no cambia a verde.
2.0.8.1 Sábado. Hora: 11:44. La salvadoreña aprieta el acelerador y el coche sale disparado. Un camión está a punto de atropellarla y mandarla al otro mundo.

2.0.9.0 Domingo. Hora: 10:00. La suiza está acostada y exhibe una sonrisa serena. Su familia la acompaña. Su marido, sus padres y sus suegros están vestidos de etiqueta, sin una arruga en sus trajes. Sus dos hijos están en silencio, impecablemente peinados.
2.0.9.1 Domingo. Hora: 10:00. La salvadoreña está acostada y se ríe sin parar. Su marido se mete entre las sábanas sin quitarse los pantalones y su hijo salta sobre la cama mientras se come un burrito.

2.0.10.0 Miércoles. Hora: 12:14. La salvadoreña va a visitar a su madre al cementerio. Al lado de su tumba, hay otra lápida recién puesta con el nombre de una mujer suiza. El nombre de su madre está grabado con una falta de ortografía y el florero está roto.
2.0.10.1 Miércoles. Hora: 12:14. La suiza yace en su tumba. Tanto la lápida como los floreros están impecables. A su lado, hay una anciana enterrada que está siendo visitada por su hija.

3.0 Qué es un protocolo. Mi definición de urgencia
Dejando a un lado los diversos protocolos utilizados en las jergas profesionales y sectoriales, hoy entendemos como protocolo un plan detallado para poner en marcha una respuesta eficaz ante cualquier eventualidad. Por ejemplo, en teoría el Protocolo de Kioto es un plan para combatir el calentamiento global, llevando a cabo una serie de acciones que impidan la elevación de la temperatura del planeta. Naturalmente, los protocolos cumplen su función cuando son puestos en práctica.

4.0 El protocolo en el DRAE
El actual Diccionario de la Real Academia Española incluye 4 acepciones para “protocolo”. Todas han quedado casi obsoletas, sin que acierte a describir su uso más general, exceptuando las cenas ceremoniosas y ceremoniales a que tan aficionados son sus autores. Con el propósito de no enmendarse, en la próxima edición añadirán una enigmática quinta definición que quizás se refiera a las redes entre ordenadores, con lo cual uno deduce que los académicos actuales pisan poco la calle, no leen los periódicos, no encienden la tele ni escuchan la radio. ¿Es que jamás han oído hablar del Protocolo de Kioto, de los protocolos adoptados por los cuerpos de bomberos o sobre los que se utilizan en las salas de urgencia de los hospitales? Como dicen los puertorriqueños, ¡Válgame!

5.0 Otro ejemplo de protocolo
5.

0.0 Si una casa se quema, los bomberos suelen utilizar un procedimiento de actuación. Supongamos que es el siguiente:

5.0.1 Tocar la alarma.

5.0.2. Deslizarse por ese tubo que aparece en las películas para llegar al recinto donde están los camiones, procurando separar la entrepierna del duro metal.

5.0.3. Bu

scar la manguera y las escaleras.
5.0.4. Subirse al camión.

5.0.5. Encender luces

y sirenas.

5.0.6. Dirigirse a la calle del incendio intentado atropellar a las bicicletas que aparezcan por el camino.

5.0.7. Localizar el incendio, etc.

Disculpen un ejemplo para aclarar un vocablo tan obvio, pero si no lo saben los señores académicos de la Lengua es posible que haya alguna otra persona que tampoco lo haya escuchado. Quizás algún monje trapense.

6.0 El valor de los protocolos
Nadie puede discutir que muchísimos protocolos son de gran utilidad. Un profesional de la medicina, bien entrenado en diversos protocolos, puede salvar muchas vidas humanas. Lo mismo sucede con otros profesionales, como los pilotos de aviación, los vigilantes de la playa o los mecánicos. ¡Cuánto tiempo y accidentes se ahorran siguiendo un protocolo de actuación para reparar una avería de un automóvil o de un avión que podría costarnos la vida si se pasara algún detalle importante por alto!
Como ven, admito la existencia de protocolos que tienen una utilidad indudable. Sin embargo…

7.0 Sin embargo…
¿Alguien recuerda aquella canción de Sacha Distel, titulada Incendio en Río, en que los bomberos no encontraban las mangueras ni las escaleras? Eran otros tiempos. Si hubiesen tenido un protocolo, no habrían perdido el control ni generado tanta confusión en el cuartel. Y, naturalmente, esa canción tan divertida que hizo saltar a una generación de jóvenes jamás se hubiera cantado.
El ejemplo puede ser tan exagerado como frívolo, pero creo que sirve perfectamente para ponernos en guardia contra la invasión de los protocolos.

8.0 La rentabilidad como problema
8.0.0 El problema de los protocolos es que son rentables. Es decir, si en una empresa se organiza el trabajo con protocolos la cantidad de errores que se comete es menor, lo cual genera un ahorro de tiempo considerable y, por tanto, una rentabilidad económica mayor. Por supuesto, también se puede controlar más a los empleados que es el sueño de miríadas de empresarios, émulos, en buena parte, de Napoleón y Alejandro.
8.0.1 La dirección está clara: convertir a los ciudadanos en una legión de máquinas individuales o de individuos maquinales que respondan de manera idéntica a procedimiento globales o protocolos. Es decir, ordenadores –¡qué palabra tan irónica para designar al que recibe órdenes!– o computadoras humanas descerebradas que no comenten errores laborales.
8.0.2 En la actualidad, un ejército de economistas recién licenciados, empleados del gobierno o de alguna cámara de comercio, recorren las empresas orientando sobre los protocolos. Ponga una ficha electrónica para cada operación y que cada empleado pulse una tecla cuando haya finalizado cada tramo de su parte del trabajo programado para hoy. Procure especializar, dividir en operaciones estancas, protocolizar. Después este maravilloso programa informático se encargará de decirle cuanto tiempo ha perdido hoy ese empleado y a quién debe despedir primero para que su empresa obtenga mayores beneficios.
8.0.3 ¿A quién le importa que un trabajador controlado termine neurótico o paranoico, convencido de que lo están persiguiendo, cuando, en realidad, es verdad que lo persiguen?
8.0.4 ¿A quién le interesa que un empleado pierda su trabajo porque este mes su hijo recién nacido lloró mucho por la noche y no puede concentrarse tanto como el mes pasado?
8.0.5 ¿A quién puede conmoverle que a un operario le suba la presión sanguínea a 23 porque su cabeza no aguanta repetir una vez más el mismo ciclo que ha venido haciendo durante tres años?

9.0 Protocolos en la sopa
Cada día que pasa, los protocolos se imponen más y más. Son rentables. También en el hogar. Los psicólogos, los gurús y hasta los echadores de cartas tienen preparados cientos de protocolos para tratar a los hijos o a la pareja. Si te dice esto, tú reacciona con este protocolo: 1. Sonríe. 2. Cierra los ojos. 3. Imagina que… Si te dice esto otro, tú haces lo siguiente: 1. Dile que preferirías discutir el asunto bajo la ducha. 2. Saca el jabón de Marsella. 3. Abre el grifo del agua fría. 4. Cuando se enfade, tú…
En la actualidad, muchas sociedades son catalogadas de más o menos avanzadas en razón de los protocolos que sean capaces de desarrollar. Y de cumplir, claro. Ya vieron el relato de las dos amas de casa. Lo que se pierde en espontaneidad y en vida, se gana en orden y serenidad.

10.0 Protocolice su vida
Le aconsejo que siga los protocolos al pie de la letra: quizás, dentro de unos años, me dé mucho placer verle a usted desfilar junto al resto de la humanidad bien peinada, conjuntada y al paso de la oca, mientras yo me encuentre completamente solo y sentado en el suelo, comiendo un burrito mexicano, un bocadillo de sardinas o una arepa venezolana, con las manos pringadas de aceite de coco.
Por mi parte, prefiero cantar La manguera con Sachal Distel, aunque sea mi propia casa la que esté ardiendo, a que todos vistamos el mismo uniforme, sea del color que sea.

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