Los cangrejos rey en Canarias, ¿compatibles o incompatibles con la extracción de petróleo?

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Dos pescadores sostienen un ejemplar del gigantesco cangrejo rey.

Una noticia de estos días, proporcionada por la agencia EFE, nos da la medida del disparate que significa poner en riesgo de contaminación las aguas cercanas a Canarias. Al parecer, es posible comenzar, de inmediato, a pescar anualmente 80 Tm de camarón soldado y 27 Tm de cangrejo rey en aguas archipielágicas, lo cual resucitaría nuestra maltrecha flota pesquera y crearía muchos puestos de trabajo, directos e indirectos. Las reservas de camarón soldado se encuentran a profundidades de entre 200 y 350 metros y las de cangrejo rey, desde 600 m a 1.000 m bajo la superficie marina.

Claro que pocos países comprarían nuestros mariscos, sabiendo que proceden de aguas próximas a una plataforma petrolera. Lo cual es un dato a tener muy en cuenta.

El estudio a que me refiero procede del Instituto Canario de Ciencias Marinas que recopila estos datos dentro del proyecto europeo Marprof, el cual analiza las especies pesqueras profundas de Canarias y sus oportunidades de explotación económica. La Agencia Canaria de Investigación e Innovación (ACIISI) también opina que estas reservas biológicas representan una gran oportunidad para reflotar la industria pesquera del archipiélago.

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Venta ambulante de cangrejo rey en Alaska.

La decisión está en manos del pueblo canario, el cual aún puede defender con uñas y dientes un futuro sostenible para las nuevas generaciones o, por el contrario, dejar que los políticos conservadores, los auténticos valedores del No a la Vida, se salgan de nuevo con la suya y contaminen las costas del archipiélago con un petróleo que los hará más millonarios a ellos y, al mismo tiempo, traerá más pobreza a la generalidad de los canarios.

Si, a estas alturas, alguien cree que las explotaciones petroleras van a dejar algún euro en Canarias es que no tiene el mínimo conocimiento de la economía y de la política que se ha venido practicando con el archipiélago. Es difícil creer en la palabra de los dirigentes canarios, más atentos a su enriquecimiento personal que a las necesidades de los ciudadanos. Por esta razón, si no existe un paso adelante de los ciudadanos para defender su derecho a una vida mejor, de acuerdo con sus necesidades reales, no se presentarán dificultades a quienes destruyan nuestro mar y nuestra riqueza.

Desgraciadamente, no soy optimista en ese aspecto. Somos un pueblo fácilmente manipulable, capaz de defender las posturas que más nos perjudican. La realidad es triste, pero es la realidad.

Los pescadores madeirenses también capturan el cangrejo real.

Igueste de San Andrés: el paraíso en el barranco. Segunda parte

A pocos metros del barranco, los plátanos, el millo, los aguacates, las papas, las papayas y los mangos se solean y se mecen a su antojo, mezclados y revueltos, como si fueran libres para crecer donde les apetezca.

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En  Igueste de San Andrés, donde existe una apreciable cantidad de viviendas abandonadas, nació un célebre personaje. En este caserío, vino al mundo el pirata y traficante de esclavos Cabeza de Perro, el cual fue durante un tiempo el terror de los barcos mercantes del Caribe. Residía en La Habana y era dueño de una famosa pastelería en la que reunían conspiradores contra la presencia de España en la isla. Finalmente, la nostalgia lo mató. Se le ocurrió volver a las Islas Canarias y, aquí, las autoridades lo apresaron, lo encarcelaron y lo ahorcaron. Probablemente, por no darles parte de su botín de esclavos, como sí sucedía con los mandamases de Cuba.

El vino ha sido, durante siglos, uno de los elementos más característicos de Tenerife. Así que a nadie le debe extrañar que una calle de Igueste se llame “Las Bodeguillas”.

Inicio del camino a la playa y a la parte vieja del pueblo. Otro de los caminos a la playa parte desde el guachinche “Rincón de Anaga”.

La vieja ventana se encuentra en el camino. Ya nadie se asomará a mirar quién viene o quién va por el camino.

Otra ventana que da al camino.

Vivir más de un siglo es una obra de arte que pocos seres humanos logran culminar dejando un grato recuerdo en sus vecinos. También Marcel Proust usó una magdalena para evocar el pasado, se me ocurrió pensar mientras contemplaba el nombre de la difunta centenaria.

Pronto, el camino desciende bruscamente hacia el barranco, pero el caserío continúa deparando agradables sorpresas arquitectónicas… o disgustos, según se mire.

Como si fuera una hechicera, haciendo un conjuro con sus brazos abiertos, la  Higuera del Diablo (Datura inoxia) se recorta contra una pared blanca a la izquierda del camino, que ya desciende hacia la playa.

Las cápsulas de la Higuera del Diablo que contienen defienden sus semillas con picos puntiagudos.

Cuando la semilla está madura para germinar, la cápsula se abre y permite que caiga al suelo. La inmortalidad es la meta de todo lo que está vivo. La reproducción es una forma imperfecta de eternizarse; pero, de momento, no tenemos otra a nuestro alcance. Por esta razón, se venden tan bien las fantasías celestiales. Castaneda escribió –y vendió– muchos libros sobre esta planta a los buscadores de lo maravilloso, que somos casi todos…

En los supermercados los etiquetan como tomates cherry, aunque en Canarias son conocidos como tomates cagones y, tradicionalmente, han sido muy poco apreciados. Se trata de un fruto silvestre, cuyo nombre científico es Solanum lycopersicum var cerasiforme, el cual crece en forma espontánea en varias regiones tropicales o subtropicales.

¡Cuánto desprecio tuvimos hacia los pequeños “tomates cagones” hasta que las multinacionales nos los comenzaron a vender en sus supermercados como un producto bien envasado, con un nombre extranjero y a precios de lujo! Qué insensatos somos…

Camino de la playa, se levanta la brisa. Las hojas de las palmas se agitan en un vano intento por volar. Quién sabe si tienen o no tienen la capacidad de elevarse con la imaginación o, por el contrario, permanecen ancladas a sus agarradas raíces como los banqueros a sus mezquinos intereses.

El barranco y el horizonte. Un horizonte de mar. Dos palmas como dos flechas clavadas a la izquierda. Tres casas donde, a veces, venden mangos a buen precio. Una pareja de excursionistas que jadean al hablar porque su meta no es mirar sino avanzar y hacer ejercicio físico, caminar rápido, rápido, rápido,… para que la vida pase pronto.

Una lisa común (Chalcydes viridanus viridanus), brillante e iridiscente bajo los rayos solares, practica su deporte favorito: broncearse desnuda en uno de los paredones del camino. Si estuviera en Las Gaviotas, ya le habrían obligado a ponerse un bañador.

También se tumba al sol una hembra de lagarto tizón (Gallotia gallotia) que cuando el macho la fecunda pone entre 2 y 9 huevos bajo tierra, donde se incuban con el calor natural.

Los mangos están sobre el camino. Racimos de bombas cargadas de sol que se convertirán en explosiones de dulzura bajo nuestros paladares. Hay que volver –tengo que volver– a buscar mi parte del botín.

Son las semillas del tártago, Ricinus communis, lin., que crece cerca del agua y del sol. Es una de las plantas utilizadas para la extracción del bio-diesel. En países como Argentina, se cultiva, actualmente, de manera industrial en grandes plantaciones. Si a cada 100 litros de aceite de ricino  se le agregan 10 litros de alcohol Metanol se obtiene 100 litros de biodiesel, además de 10 litros de glicerina. En Canarias, hubo un tiempo en que se recolectaban las semillas y se vendían.

En la desembocadura del barranco, el cauce apenas tiene agua. La tierra y las piedras se cubren de blanco y el sol –siempre el sol– lo pinta con trazos de sombra. Me asombro, me detengo, trato de encontrar los resquicios por donde circula el arte, no menos arte sin la mano humana.

El guachinche de la playa, que antes mencioné y donde he pasado algunos ratos buenos, hace ya bastante tiempo, cuando aún se encontraba abierto con cierta regularidad.

Este aparador se halla en la terraza del guachinche de la playa. Si usted tiene la fortuna de encontrar la puerta abierta, podrá sentarse en una de las mesitas que hay a su lado.

El culto a la virgen de la Caridad del Cobre vino de Cuba con el retorno de los emigrantes. Esta imagen pequeñísima, se encuentra cerca de la playa.

Frente al guachinche que ya no abre, uno se topa con el cartel que más les gusta colocar a los ayuntamientos: el de las prohibiciones. ¡Ojalá algún día colocaran carteles anunciando las subvenciones y los beneficios a que pueden acogerse los ciudadanos y no sólo los amiguetes de los concejales!

En un lado del cartel, alguien ha pegado este pasquín, advirtiendo sobre un asesino que envenena las calles. Esa misteriosa página Web ha colgado un mapa de Canarias con cinco puntos donde hay veneno –2 en Tenerife, 3 en Gran Canaria y 1 en Lanzarote–, aunque no ofrece pista sobre su autores, que parecen pertenecer a alguna protectora de animales.

Las ruinas siempre son bellas. Éstas se encuentran junto a la playa, tan dispuestas a dejarse fotografiar como a dejarse caer al suelo en cualquier momento.

Al final del camino, la playa es de callaos. Hay un par de muritos, apropiados para sentarse a leer, ver acercarse las olas o seguir las evoluciones de las gaviotas. De vez en cuando, algún vecino baja desde el caserío y no le importa conversar un rato.

Igueste de San Andrés: el paraíso en el barranco

Me gusta Igueste de San Andrés. Hasta he pensado en la posibilidad de residir en este paraje donde parece habitar la misma diosa de la fertilidad. Nunca pasa mucho tiempo sin que me acerque al caserío y baje caminando hasta la playa por alguno de sus senderos. Me agrada la ausencia de gente en el camino y la calma que se respira junto a los callaos, donde rompen las olas con toda la pachorra del mundo.

Para llegar a Igueste de San Andrés, hay que bordear el pueblo marinero de San Andrés que, hace un siglo, ofrecía esta imagen idílica.

Beneharo Hdez.

 

En la actualidad, San Andrés ha cambiado mucho; sobre todo, desde que se cubrió su playa de callaos con arena dorada del Sahara y se convirtió en la playa de Santa Cruz. La carretera que asciende por la montaña conduce a Igueste de San Andrés.

El castillo de San Andrés, que se halla a la izquierda de la imagen, fue derruido por una crecida del barranco. Era uno de los puntos defensivos contra los ataques navales.

Como se puede apreciar en la imagen, en la actualidad San Andrés continúa sufriendo inundaciones.


Antes de construirse la carretera, el acceso a Igueste se realizaba por este camino que se elevaba desde la Playa de las Teresitas. Hace pocos años, fue destruido por los rompetodo oficiales del desarrollismo tinerfeño.

A la izquierda de la carretera que va Igueste, se encuentra la playa de Las Teresitas. Detengo el coche en el basurero que hace de mirador improvisado y, plantando cara a la brisa, paseo la vista sobre los que pasean por la arena mojada. Noto que cada vez es menos numerosa la gente que se tira al agua y más la que pasea, playa allá y playa acá, tal como sucedía en los años cincuenta. Aunque Albert Einstein no lo dijera, el tiempo es una rueda.

También observo las barcas de los pescadores. Esta vez, me pareció que había más embarcaciones en el agua, muchas más que otras veces. Tengo que preguntar a alguien si esto se debe a una simple apreciación mía o a que está saliendo más gente a la mar a buscar la comida que se le niega en tierra.

Al otro lado del hediondo mirador, aparece la playa de Las Gaviotas. He debido perderme algo, porque antes era un lugar para nudistas y ahora veo a los bañistas con bañador. Será cosa del obispo Bernardo, me digo, y no le doy más vueltas al asunto.

A pesar de todo, sin poder quitarme el barrenillo de la cabeza, vuelvo a echar un vistazo para ver si descubro a alguien desnudo. Nada. Han cambiado el tomar el sol en pelotas por jugar a la pelota bajo el sol. Una buena solución para entretener los parados y para fortalecer la moral cristiana.

En la siguiente esquina, tras los basaltos, las tuneras y los verodes, diviso un petrolero que me recuerda los yacimientos de crudo que hay cerca de Lanzarote y que tan bien le están viniendo al Presidente canario para quedar de maravilla con sus votantes y con el gobierno de Madrid, a un tiempo.

Antes de abandonar el basurero reciclado en mirador, me fijo en este pequeño graffitti que está junto a la carretera, sin saber si anuncia una boutique, una óptica o una marca de gafas para contemplar eclipses. Subo al coche y me dispongo a bajar por una pista que nunca he recorrido, con el fin de ver más de cerca las jaulas para peces que se ven cerca de la costa. Sorpresa: han colocado puertas que me impiden el paso.

“El Rincón de Anaga” es un guachinche donde se puede comer pescado freco con una excelente panorámica de la costa de Igueste. Es la primera casa que se encuentra al entrar al pueblo. Encontrará mucha información sobre éste y otros lugares donde comer en “El libro de los guachinches. Las rutas secretas del vino de Tenerife”. Se vende en las librerías, ¿dónde, si no?

Esta es la vista que se tiene desde el interior del guachinche mencionado anteriormente. En la playa hay otro guachinche, pero suele estar cerrado: nunca se sabe si el cierre es circunstancial o definitivo. Una cosa algo extraña, pero cierta.

Las casas que están a la entrada del pueblo, sobre la carretera, nada tienen que ver con el arte de embellecer el paisaje. Al contrario. Sin embargo, pronto se olvida su presencia y la vista se vuelve hacia el barranco.

Otra panorámica, más amable, de este pueblo encerrado entre montañas.

Los gallos, de colores encendidos y crestas inflamadas, andan sueltos por el barranco, ocupados en coquetear con las gallinas y buscar golosinas gastronómicas en los charcos.

A poca distancia, una garza, retorcida como una signo de interrogación, posa junto al agua. Cuando percibe mi presencia, su pálida timidez la impulsa a remontar el vuelo, buscando la protección de las cañas.

En otro charco nada un pato criollo (Cairina moschata domestica), compitiendo en rojo con los gallos.

Tras el chapuzón, hay que sacudir el agua del cuello y la cabeza.

Y las alas…, por supuesto.

Los charcos son lugares de reunión social. Las relaciones entre las aves del barranco tienen lugar en sus proximidades. Allí también se acercan las palomas a saciar su sed  y a picotear insectos, entre trago y trago.

Un mirlo camina confiadamente entre los cantos rodados del cauce, con la esperanza de encontrar su parte del festín.

Tormenta en Canarias. Marzo de 2013. El día después, en el sur de Tenerife

A pesar de que el viento fue el protagonista de la tormenta, también ha caído agua para que corran cañadas y barrancos durante días, incluso por los cauces más secos de la isla.

El sol ha vuelto al Sur, el día después de la tormenta, mientras el agua continúa bajando por los barrancos.

Playa de San Juan, en el municipio de Guía de Isora tuvo algunos incidentes, aunque nada grave.

Un aparcamiento municipal al aire libre fue inundado y cubierto de piedras. Nada raro, puesto que había sido construido en el cauce de un barranco.

La señal de prohibición de aparcar es el único atisbo que ha quedado del aparcamiento municipal junto a la playa.

El agua de los barrancos confiere al mar su color marrón, debido a la tierra arrastrada.

Unas pocas infraestructuras han resultado afectadas, como estas tuberías para la conducción de agua potable.

Por mucho viento que haya y mucha agua que caiga, hay que seguir ingiriendo alimentos. Buen ejemplo de lo que hoy se comió en el Sur es este atún en mojo hervido. Un plato típico de La Gomera que también se cocina en el Sur de Tenerife, dada la fuerte inmigración a esta zona desde la isla colombina.

Peter Pan en Tenerife. Playa de Los Cristianos

Uno de los barcos que habitualmente llevan a los turistas de excursión por las costas del Sur de Tenerife. Por un precio módico los intrépidos viajeros pueden navegar, comer, beber, bañarse y marear. ¿Quién da más?

Un buen negocio: arrasar bosques submarinos: ojos que no ven, corazón que no sufre

Bosque de sebas (Cymodocea nodosa) o sebadal.

Cuando se quema un trozo de bosque en cualquier lugar de la superficie del planeta a todos se nos encoge el corazón. Incluso, como decía Jaume Perich, cuando el bosque quemado es propiedad del señor conde. Sucede con demasiada frecuencia que perdemos enormes extensiones boscosas por accidente, desidia, locura o intereses comerciales. Y, como es natural, clamamos, durante dos o tres días, para que los responsables vayan a parar a prisión.

Sin embargo, a casi nadie parece preocupar que cada año sean arrasadas por completo superficies inmensas de bosques submarinos. Bosques que son, al menos, tan importantes como los que pueblan nuestras montañas. Imprescindibles para la supervivencia medioambiental del planeta, aunque se hallen fuera del área de visión de la mayor parte de los seres humanos que, por razones obvias, somos poco dados pasear por los fondos del océano.

Por otra parte, la denominación de estas selvas acuáticas parece realizada a propósito para que su destrucción pase desapercibida. Por ejemplo, suele hablarse de sebadales, lo cual suena a la mayoría como cebadales o cultivos de cebada. Pero un sebadal es un bosque de sebas (Cymodocea nodosa), una planta acuática de enorme importancia para conservar el equilibrio biológico en el medio ambiente marino.

Les invito a comprobar cómo se arrasa legalmente uno de estos bosques, aun cuando lo prohíba la legislación, en este caso, de Canarias. Un informe sesgado sobre un bosque submarino de sebas, en Lanzarote, logró que se pudiera construir un puerto deportivo en uno de los parajes naturales más bellos del planeta: Berrugo. El mismo lugar, sí, que es el epicentro de mi documental Lanzarote, la isla estrellada.

Este bosque de sebas o sebadal fue arrasado. La playa que estaba a su lado, borrada del territorio. Se generó un intenso debate en la sociedad lanzaroteña. La prestigiosa Fundación César Marique puso el grito en el cielo y llegó a encargar un estudio sobre el impacto del puerto deportivo sobre el bosque submarino de Berrugo. En su Memoria 2001, esta Fundación dejó constancia de sus acciones, que en la actualidad adquieren gran relevancia, teniendo en cuenta que el mismo debate se realiza hoy en Tenerife, con un gran puerto en el sur de la isla.

Coral en un bosque de sebas.

El ejemplo puede servir también para las costas mediterráneas y caribeñas, entre otras zonas muy afectadas por la construcción de puertos casi siempre innecesarios que arruinan las costas y la vida que existe en torno a ellas. A continuación, cito textualmente la parte del mencionado informe que corresponde a Berrugo:

“La Fundación César Manrique encargó un informe técnico a Jesús M. Falcón Toledo, licenciado en biología marina, para evaluar los valores naturales de la costa de Berrugo y su grado de afección por las obras del Puerto Deportivo de Berrugo. En el mismo, se prestaba especial atención a las comunidades de flora y fauna susceptibles de desaparecer o verse alteradas por las obras, como es el caso de las praderas de Cymodocea nodosa (sebadales). De este modo, se aportaba nueva documentación alternativa al debate que la construcción del puerto estaba originando en la sociedad lanzaroteño.
Entre las conclusiones reseñadas en el informe hay que destacar: la desaparición de la zona intermareal rocosa, sepultada por las obras de la construcción del puerto deportivo Marina del Rubicón; la confirmación de la existencia de sebadales de Cymodocea en el sector donde se practican las obras del puerto deportivo; la posibilidad de que los nuevos diques se comporten como un arrecife artificial, donde el efecto de atracción predominaría sobre el de producción de nueva biomasa y la recomendación de no verter materiales finos. Por último, recogiendo las propuestas del estudio, se recomienda a las autoridades competentes la revisión de las propuestas de protección de hábitats, incluyendo los sebadales de esta zona de Lanzarote, si así lo aconsejan los estudios pertinentes, como Lugar de Interés Comunitario (LIC), formando parte de la Red Natura 2000.
El día 29 de enero se expusieron públicamente los resultados de los dictámenes técnicos que la FCM había encargado a un comité de expertos sobre los diversos informes de carácter medioambiental relacionados con el patrimonio natural de Berrugo y su posible afección por las obras de construcción del proyecto Puerto Deportivo Marina Rubicón, que habían sido encarga dos tanto por los promotores como por asociaciones ambientalistas.
La construcción del puerto deportivo Marina Rubicón en la costa de Berrugo, Playa Blanca, y la posible afección de los valores naturales de la zona –sobre el litoral y el ecosistema marino de su entorno–, generaron inquietud social y controversia pública. Los potenciales efectos negativos que la construcción podría tener sobre el patrimonio natural del lugar, dio origen a distintos documentos e informes de carácter ambiental, que se incorporaron al debate social y al contencioso jurídico.
La FCM consideró relevante la discusión centrada en torno a Berrugo por varias razones: por el modelo agresivo de actuación y ocupación del dominio público en un área sensible de inequívocos valores naturales y patrimoniales; por su significación simbólica y estratégica en el marco del actual debate entorno al control del crecimiento y a la cualificación de las intervenciones en el territorio; y, por último, por la necesidad de que las actuaciones en materia turística y urbanística cumplan y respeten la normativa legal y los condicionantes ambientales a que están sujetas.
Para fundamentar y cualificar su posición al respecto y con la intención de aportar más elementos de juicio y mayor claridad al debate, la FCM encargó a un comité de expertos la redacción de dictámenes individuales centrados en el análisis y la valoración científica de cada uno de los documentos e informes realizados.
En otros términos, la FCM auditó la documentación técnica de carácter ambiental producida en torno al “caso Berrugo”, incluido su propio informe.
Los informes enviados a los cinco expertos en biología marina, para que procediesen a su valoración científica, fueron: Informe Técnico del “Sebadal” afectado por el proyecto “Puerto Deportivo Marina Rubicón”, del que es autor Antonio Sotillo Burunat.
Informe del Catedrático de Ecología de la Universidad de Las Palmas Ángel Luque, encargado por los promotores del Puerto deportivo “Marina Rubicón”, en el que había colaborado Lidia Medina Falcón.
Informe de la afección al medio de las obras realizadas en la construcción del Puerto Deportivo “Marina Rubicón”, en la costa del término municipal de Yaiza, Lanzarote, de los mismos dos autores antes citados.
Efectos de la construcción de la “Marina del Rubicón” sobre las praderas de Cymodocea nodosa (“Sebadales”) del sur de Lanzarote , del que son autores: Ricardo Haroun Tabraue, Pablo Sánchez Jerez y Arturo Boyra López, encargado por WWF/Adena Canarias.
Valoración de las comunidades marinas con especial atención a las praderas de Cymodocea nodosa en las inmediaciones de la costa del Berrugo (sur de Lanzarote), del que es autor: Jesús Manuel Falcón Toledo, encargado por la FCM.
El Estudio de Impacto Ambiental del proyecto del Puerto Deportivo realizado por Joaquín Soriano Benítez de Lugo. La categoría de evaluación aplicada fue la de Evaluación de Impacto Ambiental y el resultado se analizó como poco significativo.
Por su parte, la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias (COTMAC), en su reunión de los días 8 y 9 de junio de 1999, realizó una Declaración de Impacto Ecológico condicionada y vinculante (con 14 condicionantes que los promotores deberían cumplir al realizar las obras).
Los biólogos marinos, en sus conclusiones respecto a los diferentes estudios, disentían expresamente de la consideración de impacto ambiental poco significativo deducido por Joaquín Soriano Benítez de Lugo.
En primer lugar, disentían de la precariedad atribuida a los sebadales, asegurando que su periodicidad anual es fruto de la regeneración natural de la flora litoral y certificado de su renovación y pujanza.
En segundo término, discutían los argumentos e instrumentos de análisis ofrecidos en los informes solicitados por la empresa, particularmente los elaborados por Ángel Luque, que tendían a infravalorar la riqueza y especiales circunstancias de los sebadales en formación o crecimiento. Se subrayaba, además, la insuficiencia investigadora en estos estudios y se llamaba la atención sobre la falta de legislación precisa que haría muy difícil la conservación de los sebadales. Por otro lado, se valoraban muy positivamente los informes de Haroun, Sánchez y Boyra y de Falcón, en los cuales se coincidía en que, según los análisis y conclusiones, la destrucción de los sebadales ya se había iniciado.”*

El final ya lo sabemos: se construyó el puerto deportivo, desapareció la playa y los naturales del lugar, ultrajados, vieron cómo perdían el derecho a sus propiedades a cambio de nada. Debería darnos vergüenza cuando dejamos que sucedan estas cosas.

(*) Fundación César Manrique, Departamento de Medio Ambiente, en la revista: Informe 2001, Sevicio de Publicaciones de la FCM, Lanzarote, 2002. Páginas: 71-74.