¿Dónde se compuso “Palmero sube a la palma”? SEGUNDA PARTE

Ya hemos visto que Violeta Parra también cantó Palmero sube a la palma. Algo natural, puesto que Violeta vivía en un país limítrofe con Perú, en cuya capital existe un género musical denominado marinera cuya letra más famosa reza:

Palmero sube a la palma
y dile a la palmerita,
que se asome a la ventana,
que mi amor la solicita.

Violeta Parra.
Violeta Parra.

Desde luego, se trata de la estrofa que venimos comentando. Incluyo algunas citas que he considerado de interés, porque tratan sobre el mismo asunto y, quizás, termine por hallar alguna que valga para saciar mi curiosidad respondiendo la pregunta más elemental: ¿dónde nacieron estos versos?

“La marinera limeña surge a mediados del siglo XIX a partir de la antigua Zamacueca, y adquiere sus características actuales a inicios del siglo XX, cuando la ciudad comienza a transformarse profundamente no sólo en lo social, sino en lo cultural y económico. Es una expresión de las clases populares, de los barrios donde abundaban los callejones y las quintas, habitadas mayormente por una emergente clase obrera. No es aristocrática como algunos piensan, es una bellísima expresión del alma criolla y popular de Lima, que tradicionalmente fué más hispano-africana. Desde mediados del siglo XX, comienza a ser paulatinamente desplazada por la cultura que traen los migrantes andinos a la capital.
No existen convenciones sobre el traje o el peinado, tampoco sobre las actitudes (como mostrar la más explícita coquetería). Es un baile de pareja donde el sentimiento jaranero fluye espontáneamente, por ello, no tiene nada que ver con el desarrollo de coreografías colectivas para el espectáculo; lo uno es cultura viva, lo otro, es un montaje folklórico. La gente iba a las jaranas con los trajes que se ponían de buena gana para compartir bailando, cantando, y comiendo rico. Con mucha frecuencia, eran trajes de vestir, porque lo que no faltaba en el alma popular era la caballerosidad.” (Canal de ccolca: Marinera limeña y Resbalosa. Homenaje a D. Abelardo Vásquez)

“En la historia de la música criolla peruana hay diversos episodios de “préstamos” y “apropiaciones” de letras, melodías y secuencias armónicas de diversos orígenes, predominando la percepción de que son los peruanos quienes se hacen de temas ajenos y los adecúan a los géneros locales. Un caso muy conocido es el de la marinera limeña “Palmero sube a la palma”: Palmero sube a la palma / y dile a la palmerita / que se asome a la ventana / que su amor la solicita / que su amor la solicita / Palmero sube a la palma. Estos versos, según la página web Cancionero VBV, pertenecen al folclor de las Islas Canarias y forman parte del “popurrí más conocido del folclor español”. En efecto, según Bustamante, esta era una ocurrencia frecuente en el desenvolvimiento de la música criolla.”
(José A. Lloréns: Idas y venidas en la apropiación musical criolla, 2011)

Adriana Casas y Osvaldo Cádiz bailando una “marinera”. (Del libro “La Cueca: danza de la vida y de la muerte”, de Margot Loyola y Osvaldo Cádiz).

“La estructura de la marinera limeña es compleja: debemos describir ordenadamente cada una de sus partes. Lo que se conoce como una marinera propiamente dicha es el bloque conformado por una primera de jarana, una segunda de jarana, una tercera de jarana y un cierre. Por ejemplo:

Primera de jarana (puesta de jarana):
Palmero sube a la palma
y dile a la palmerita,
que se asome a la ventana,
que mi amor la solicita.

Segunda de jarana (contestación):
Amor mío, amor mío,
dulce amor mío,
deja a tu enamorado,
vente conmigo.

(Tercera de jarana (réplica)

así decía,
un enfermo de amores
que se moría.

Cierre:
Lloré, lloré fortuna,
dicha ninguna.”
(Pepe Bárcenas : Su Majestad La Marinera. Lima, 1989)

Partitura (Pepe Bárcenas).

Como se comprueba en estos textos, ni aun entre los estudiosos del folclore de un mismo país existe acuerdo sobre el origen y el desarrollo de este género musical. En la siguiente cita, me llamó la atención que apareciesen en una marinera los mismos versos populares que utilizó el canario Pedro García Cabrera en varios poemas y que el estudioso Elfidio Alonso ha señalado, posiblemente con acierto, que su origen es más peninsular que insulano. Pero éste es un asunto que veremos en el próximo artículo.

CONTINUARÁ en la Tercera Parte

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¿Dónde se compuso “Palmero sube a la palma”?

Yo salí de la cuna escuchando tocar isas, folías y malagueñas a una vecina llamada doña Mariquita que por puro placer vivía acostada con su bandurria en una cama, mientras  su hermana, bondadosa y ciega, calmaba sus malos humores con canciones e infusiones de yerbabuena. Mis primeros recuerdos vienen de una época en que no llegaba yo todavía al tamaño de las azucenas que crecían en el patio de mi abuela ni alcanzaba a robarle las flores blancas a las santasnoches, pero en mi memoria se grabó con nitidez la siguiente copla que con frecuencia se escapaba por la ventana abierta de la ciega:

Palmero sube a la palma
 y dile a la palmerita
que se asome a la ventana
que su amor la solicita.

Pasaron años. Muchos. Las azucenas se quedaron pequeñas y las santasnoches murieron como murieron las dos hermanas y mi abuela. Jamás volví a relacionar aquella canción con mi infancia. Pero un mediodía, a más 8.000 kilómetros del antiguo patio, eso cambió. Fue un sobresalto durante mi visita a Tecalitlán, en Jalisco: sentado en una cantina estaba a punto de beberme un tequila Siete Leguas cuando escuché unos sonidos secos que me parecieron cohetes de feria pero, unos segundos más tarde, un tropel de gente entraba en el local de manera atropellada. Sus caras me revelaron que en el pueblo no había comenzado una exhibición de fuegos artificiales, sino un tiroteo. Es la única vez que he sido capaz de beberme un “tequila parado” de un trago sin soltar una sola lágrima.

Cuatro cuerpos tendidos en aquel callejón perdían sangre y tequila por un montón de agujeros. Uno de aquellos cuatro muchachos aún llevaba en la mano una bolsa de papel llena de pinole, una harina procedente de maíz molido, similar al gofio canario. Como si formara parte de la limpieza diaria de las calles, los cadáveres fueron retirados con diligencia. Al rato, el alcalde pedía por la radio que interviniera el ejército para evitar más derramamientos –no recuerdo si de sangre o de tequila–, mientras varios mariachis, a no mucha distancia del escenario del crimen, sacaron sus guitarrones y trompetas. Eran las fiestas patronales y los jóvenes estaban impacientes por bailar. Les oí cantar:

Palmero sube a la palma
 y dile a la palmerita
que se asome a la ventana
que su amor la solicita.

En ese mismo instante, me sentí abducido por doña Mariquita, su hermana y su bandurria. Pronto me enteré de que aquella canción se conocía como El Palmero y que era popular en Jalisco “desde siempre”. Hizo su entrada en la discografía tras los arreglos de dos músicos y compositores mexicanos: Silvestre Vargas (1901-1985), oriundo de aquel mismo pueblo, y Rubén Fuentes, que aquella tarde aún seguía vivo.

Ambos habían formado parte del famoso Mariachi Vargas de Tecalitlán, el cual acompañó a Pedro Infante, Javier Solís, Lola Beltrán, Jorge Negrete y tantas otras figuras legendarias del país azteca. No hace falta que les diga lo cagadito que salí del pueblo, pero, a pesar de eso, ¡oh, flaca memoria!, pronto me olvidé de todo, excepto de la ensangrentada bolsa de pinole que se me grabó a fuego en el cerebro.
Borrada estaba esa historia, cuando una tarde, por error, introduje en el ordenador un cd del Mariachi Reyes del Aserradero y sonó de nuevo la dichosa canción. Volvió a picarme la curiosidad y, hete aquí, que sin buscar demasiado me encuentro con una abundante cosecha de vídeos relacionados con el dichoso Palmero. De manera que este tema no finaliza aquí, sino que comienza porque una cosa me llevó a otra y he encontrado unos cuantos datos que son, cuando menos, curiosos, incluyendo un buen número de fotos y partituras musicales. Pero vayamos por partes.

Silvestre Vargas (pantalón oscuro).

El Palmero es una pieza interpretada por muchos grupos jalicienses, puesto que forma parte del repertorio más clásico de México. Volví a comparar la tercera estrofa de El Palmero con la cantada en Canarias y, sí, ¡eran iguales como dos gotas de tequila! Pero, además, la música que acompaña a la estrofa resulta tremendamente familiar. En algunos compases de la canción El Palmero se encuentra un parecido extraordinario con algunas isas canarias.

Nadie puede pensar que tantas similitudes son casuales. Es evidente que la canción “emigró” desde no se sabe dónde, al menos a tres latitudes: Canarias, Jalisco y Lima. Rastreando  a quienes la hayan interpretado, nos encontramos la misma estrofa cantada por la chilena Violeta Parra (1917-1967):

Palmero, sube a la palma
y dile a la palmerita
que se asome a la ventana
que mi amor la solicita.

La palma con ser palma
de verme llora,
de ver los sufrimentos
que paso agora.
Que paso agora, sí.
Palmera loca,
te llevarís la palma
menos las hojas.

¡Qué chiquita y bonita
la palmerita!

Violeta, a quien no le cabían los pájaros azules en la cabeza, vivía en un país colindante con Perú, en cuya capital existe un género musical denominado marinera… ¿y adivinan ustedes cuál es su letra más popular?

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