Pedro Pedrito

En comparación con lo mucho que opina la prensa de otros futbolistas, sobre Pedro Rodríguez Ledesma, jugador del C.F. Barcelona, se escribe poco y lo poco que se escribe no parece salir de unos tópicos que también son pocos: humilde, trabajador y buen compañero. Se trata de elogios, pero, tal como yo lo veo, son calificativos que se quedan en la superficie, que se limitan a repetir, una vez y otra, lo que se dijo las primeras veces que saltó al césped barcelonista, que ni siquiera tratan de sintetizar las auténticas cualidades futbolísticas del jugador canario; únicamente, lo inmovilizan con la etiqueta de “obrero bonachón”.

Pedro Rodríguez, es decir, el fútbol de Pedro Rodríguez, no ha sido definido por completo. No se ha definido porque es el fútbol del futuro y los comentaristas deportivos actuales están con las cámaras y los micrófonos demasiado pegados al césped como para darse cuenta de que ya existe un jugador que lo practica.

No se trata de un “currante” del fútbol ni mucho menos, sino de un innovador que se mueve por los campos de una forma que nadie había visto hasta ahora. La innovadora concepción del fútbol por parte de Pedro es algo tan extraordinario como difícil de definir y, cuando un entrenador haya captado su genialidad, comenzará a generalizarse su manera de jugar, su sentimiento del fútbol; su feeling, como dicen los papafritas.

Por ahora, es titular del Barça y de la Selección Española por su eficacia (no por su “humildad”, su “curro” o “su buen corazón”). Es notorio que Guardiola, Del Bosque y Vilanova se percataron de la eficiencia de su labor y lo han utilizado como una pieza importante. Sin embargo, ninguno de los tres ha tomado las tácticas y estrategias de Pedro –que las tiene– como un modelo a seguir, porque hacerlo significaría deconstruir su propia idea de fútbol para armar los ataques de otra forma. Lo cual es normal. Dados los buenos resultados de los actuales planteamientos de estos entrenadores, se han limitado a utilizar los excelentes servicios de Pedro, sin entrar en más consideraciones. Sin arriesgar. Probablemente, todos hubiéramos hecho lo mismo.

Sin embargo, esto equivale a utilizar el diamante Cullinan para cortar cristales. Un día habrá alguien que estudie el “Fenómeno Pedrito” como una nueva manera de ser futbolista y “vea” que es posible moverse en el campo con la misma soltura que un ballet y con la misma eficacia que un jaque mate al rey.

Quizás, Messi ya lo intuye y por eso trata de no facilitar jamás las jugadas a Pedro, temeroso de que en un futuro próximo pueda robarle el protagonismo que hoy disfruta. Tal vez no sea así, pero los genios suelen tener buen olfato para detectarse entre ellos.

Por otro lado, la prudencia de Pedro, dentro y fuera del terreno de juego, no debe confundirse con la humildad. La humildad, incluso la obligada por la pobreza o por la violencia, es falsa. La prudencia es voluntaria y, casi siempre, digna de elogio. Seguramente, se le trata de currante y de humilde por su presencia física, más parecida a la de un peón de la construcción que a la de una superestrella cargada de millones de euros.

Si Pedro fuese alto y rubio, nadie diría que es un trabajador del fútbol ni un chico humilde. Dirían que es un crack, un creador de juego y que posee un magnífico carácter. No obstante, también se equivocarían. Pedro Pedrito es el hombre predestinado a cambiar los conceptos del fútbol, si no sufre algún percance que lo aleje de los campos demasiado pronto.

No lo olviden.

La Selección de Fútbol de Irlanda o El placer de morir cantando

Grupo escultórico en Saint Stephen's Green Park (Dublín).

Monumento a la hambruna*. Grupo escultórico en Saint Stephen’s Green Park (Dublín).

Los últimos diez minutos del partido de la Selección Española de Fútbol contra Irlanda me recordaron esas películas en technicolor que mostraban a los cristianos cantando cuando iban a ser devorados por los leones. Los cánticos irlandeses en el estadio Gdansk Arena contenían un no sé qué de melodía fúnebre que indudablemente pone la piel de gallina a las hordas pelirrojas que siguen a la selección verdiblanca. Escuchando estas versiones –por completo antagónicas a las marchas eufóricas en plan When Johnny Comes Marching Home que desarrollan otros futboleros, uno cae la tentación de pensar que a estos aficionados les encanta sumergirse en esos placeres de la depresión que Sigmund Freud denominaba pulsión de muerte.

Sin embargo, a nosotros, este placer de la derrota nos queda lejos. Ni nos resignamos como los japoneses ni nos dan orgasmos cuando nos vencen. Muy al contrario. Tomamos las pequeñas victorias como señales de la gloria universal y la fanfarronería se eleva hasta las nubes y, cuando se pierde un partido, el alma se nos desinfla como una pelota acuchillada.

Me maravilla que gran parte de los irlandeses sea capaz de identificarse con un equipo de fútbol compuesto mayormente por jugadores romos, carentes de técnica y con escasas ideas futbolísticas en sus cabezas, y que continúe apoyándoles así, año tras año, sin  desmayar, como si cada temporada ganaran un trofeo mundial. No parece sino que el propio  San Patricio –aquel parlanchín misionero escocés que capturaron los piratas irlandeses– les llevara a sus húmedas tierras la pasión por los deportes pedestres que tanto aman y tan mal ejecutan. Es algo tan asombroso que merecería un programa del abuelo Eduard Punset  para que nos sumergiera hasta las orejas en el más completo morbo futbolero, aunque, como sucede habitualmente, no nos aclare absolutamente nada, excepto que disfruta de un par de nietas muy curiosas.

En fin, es perfectamente legítimo que cada cual tenga el derecho a divertirse como quiera, siempre que no moleste a sus vecinos. Si lo que te gusta es reír, ríe; si prefieres llorar, llora; pero si, además, te encanta llorar cantando, deberías pensar seriamente en apoyar a la selección irlandesa: no te faltarán motivos para ser feliz.

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* Nota a posteriori:

Alguien me ha escrito preguntando a cuento de qué viene mostrar esta imagen del Monumento a la hambruna (Great Famine, de Edward Delaney). La explicación es muy simple: la segunda estrofa de la canción The Fields of Athenry (La gran hambruna) que cantaron los irlandeses al final del encuentro con España es la siguiente:

By a lonely prison wall
I heard a young man calling
Nothing matters Mary when you’re free,
Against the Famine and the Crown
I rebelled they cut me down.
A través del solitario muro de la prisión,
escuché a un joven gritar:
Nada importa, María, mientras estés libre.
Contra la Hambruna y la Corona
me rebelé; pero ellos me detuvieron.


Como a más de uno puede interesarle, copio la letra completa de  The Fields of Athenry y su traducción al español, a continuación. Como se recordará, esta triste canción –compuesta en 1970– se cantaba en la película El club de los poetas muertos y hace referencia al hambre que se pasó en Irlanda a mediados del siglo XIX, ante la indiferencia de la metrópolis londinense.

The Fields of Athenry

By a lonely prison wall
I heard a young girl calling
Michael they are taking you away
For you stole Trevelyn’s corn
So the young might see the morn.
Now a prison ship lies waiting in the bay.

Low lie the Fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly.
Our love was on the wing
We had dreams and songs to sing
It’s so lonely ’round the Fields of Athenry.

By a lonely prison wall
I heard a young man calling
Nothing matter Mary when your free,
Against the Famine and the Crown
I rebelled they ran me down
Now you must raise our child with dignity.

Low lie the Fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly.
Our love was on the wing
We had dreams and songs to sing
It’s so lonely ’round the Fields of Athenry.

By a lonely harbor wall
She watched the last star falling
As that prison ship sailed out against the sky
Sure she’ll wait and hope and pray
For her love in Botany Bay
It’s so lonely ’round the Fields of Athenry.

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La gran hambruna

A través del solitario muro de la prisión,
escuché a una joven gritar:
Michael, ellos te han detenido
por robar el maíz de Trevelyan.
Por la mañana, el joven puede ver
que un barco prisión espera en la bahía.

Abajo se encuentran los campos de Athenry,
donde una vez vimos a los libres pajarillos volar.
Nuestro amor estaba en sus alas, teníamos sueños y canciones.
Se hallan tan solitarios los campos de Athenry…

A través del muro de la solitaria prisión
escuché a un joven gritar:
Nada importa, María, mientras tú estés libre.
Contra la Hambruna y la Corona
me rebelé; pero ellos me detuvieron.
Ahora tienes que criar a nuestros hijos con dignidad .

Abajo se encuentran los campos de Athenry,
donde una vez vimos a los libres pajarillos volar.
Nuestro amor estaba en sus alas, teníamos sueños y canciones.
Se hallan tan solitarios los campos de Athenry…

Sobre el solitario muro del puerto
Ella contempló la última estrella fugaz
mientras el barco prisión navegaba frente al horizonte.
Sin duda,  ella va a esperar y a rezar y a mantener  la esperanza
por su amor en Botany Bay.
Se hallan tan solitarios los campos de Athenry…

Mis 13 razones para sentirme satisfecho por tener pasaporte español

Anoche, cenando con una amiga y su hijo adolescente, me enteré de que ambos abrigaban la sana intención de cambiar el pasaporte belga del muchacho por uno español. Aunque lo dijo en tono normal, creo que se dio cuenta de que a mí se me abrían mucho los ojos por la sorpresa. Durante la sobremesa, hablamos largo rato sobre el asunto, sopesando pros y contras de llevar a cabo esta decisión.

Finalmente, sin la menor intención de molestar al chico ni a su madre, se me ocurrió decirles cuáles eran las 13 razones principales que me colman del sano y santo orgullo de ser portador de un pasaporte español:

  1. Porque llevo ya más de un año sin haber perdido el susodicho pasaporte, batiendo todos mis records y ahorrándome la multa habitual que me cae por renovarlo.
  2. Porque España ha sido capaz de mantener la mejor liga de fútbol del mundo, a pesar de que los clubs deben mil millones de euros a Hacienda.
  3. Porque los futbolistas cobran cada día más, a pesar de que los profesores y los médicos ven disminuir sus ganancias.
  4. Por pertenecer a uno de los países pobres más ricos o de los países ricos más pobres. Vaya usted a saber.
  5. Porque habiendo salido la televisión del franquismo casposo en que nació ha logrado superarse a sí misma, alcanzando en nuestros días las más altas cotas de basura mediática.
  6. Porque el señor presidente jamás sería capaz de engañarme respecto a las subidas de impuestos.
  7. Porque España tiene las tarifas eléctricas más baratas de Europa, por mucho que sus ciudadanos paguen la factura más alta.
  8. Porque los abnegados bancos españoles emplean el dinero que les regala el gobierno en salvar a las pobres cajas de ahorro (las cuales se han ido a la ruina por ayudar a los ciudadanos más necesitados, como todos sabemos).
  9. Porque España ganó el pasado Mundial de Fútbol y, si fuera preciso para salir de la crisis, ganará el próximo. Y de ahí comeremos todos.
  10. Porque el Gobierno ha reconocido que el petróleo de las Islas Canarias es mejor que el de Valencia y, además, contamina menos.
  11. Porque el 29 de marzo los diputados del PSOE se solidarizaron con los trabajadores haciendo huelga doble: decidieron ir a trabajar, declarándose en huelga respecto a la huelga. Que Dios los bendiga, porque en ellos está nuestra salvación.
  12. Porque los diputados y senadores españoles, unidos como una piña, jamás votarán por subir la edad de la jubilación ni el tiempo de cotización… en los cargos políticos.
  13. Porque todavía no se le ha ocurrido al PP imprimir el toro de Osborne en la cubierta del pasaporte español.

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A propósito del Barça-Madrid, o ¿El fútbol es la continuación de la religión por otros medios?

Podría afirmarse, parfraseando a Karl von Clausewitz, que el fútbol es la continuación de la religión por otros medios. Y es que las creencias deicistas que antaño dominaron el mundo, ahora son pecata minuta, comparadas con el deporte rey. Caído Osama Bin Laden, el último profeta con fundamento, las almas que penan en este valle de lágrimas quedan por completo en manos de la Fifa (he dicho Fifa y no Cia, ¿Ok, Obama?).

Los últimos fieles que intentan servir a sus dioses y al fúbol, al mismo tiempo, se ven en la imposiblidad de contemplar en directo los partidos de los fines de semana. Tarde o temprano, como sucedió en el Imperio Romano, abandonarán las antiguas creencias para entregarse en cuerpo y alma al Fútbol con mayúscula. Ya lo están haciendo, y en desbandada. Lo harían aunque tuvieran que ofrecer votos de castidad.

¿Cómo puede competir la calva de San Pedro con la de Guardiola o el mal genio del arcángel San Miguel con el de Mouriño? Y los once apóstoles (Judas, ya se sabe, siempre está en el banquillo) no les llegan ni de lejos al Manchester o al Barça. Un tiro inspirado de Leo Mesi equivale a cien milagros de San Antonio y tres regates de Cristiano Ronaldo dejarían sentado al propio Santo Domingo y al resto de inquisidores que en el mundo han sido. Pronto perderán también por goleada Budas, Alá, Jehová y Manitú.

Es cierto que resistieron frío, nevadas, tormentas de arena, monzones y estampidas de búfalos durante años, siglos y milenios. Que sus eremitas jugaron a los chinos con el diablo, desde el Himalaya hasta el Gran Cañón, y le ganaron partida tras partida. Que celebraron misas de pascua sobre ballenas, cuando no se sumergían confortablemente instalados en sus estómagos; como el bueno de Jonás, precursor del capitán Nemo…

No obstante, todo eso queda en simples naderías frente a un partido Madrid-Barça para la copa de Europa. ¿Cuándo tuvo un santo –o, incluso, una virgen– una audiencia de 200.000 espectadores, frente a frente, y millones sin cuento en la tv digital? ¿cuándo? Dígame usted cuándo.

Las mujeres han abandonado los velos, las sotanas tan sexys de los curas (dígame usted qué otro vestido masculino tiene una bragueta tan larga) y la beatería para sentarse frente al plasma, con un Vitalínea en cada mano, berreándole al pobre televisor como si se tratara de su propia pareja o su hijo adolescente. Ya lo había dicho sabiamente Holly, la heroína de Truman Capote:

“Los hombres no saben hablar de casi nada. A los que no les gusta el baseball, les gusta los caballos, y si no les gusta ninguna de las dos cosas, bueno, seguro que me he metido en un buen lío: tampoco les gustan las chicas.”

Aunque ha cambiado la época y a la mayoría que ve fútbol tampoco le gustan las chicas, lo cierto es que Holly se instruía en su biblioteca particular, en la que únicamente había libros de caballos y de fútbol, para poder mantener algún tipo de conversación con sus admiradores. Se ve que en la actualidad ha subido el nivel cultural y ya son muchas las mujeres que siguen su ejemplo. Una vez finiquitado el Santo Rosario, por fin, la familia ha encontrado en el fútbol un tema interesante para comunicarse y ser feliz. Además de propiciar la igualdad de género, claro.

La verdad, yo confieso que a estas alturas me repatean los caballos y aun los malditos camellos y, respecto al fútbol, cambio la final de la Copa del Mundo por un concierto de Shakira o de alguna prima suya. Aunque me temo que pronto, si quiero entablar conversación con alguna mujer, voy a tener que suscribirme al Marca, porque cada vez quedan menos que no te pregunten ¿Y tú, de qué equipo eres?

Historia del pulpo Paul y su extraña abducción

Nació y se crió cerca de una playa, en la parte alemana de Úsedum, una isla cuya mitad oriental pertenece a Polonia. Se llamaba Paul. Su tía Anni siempre pensó que tenía demasiadas piernas.
—No es que te lo eche en cara, sobrino, pero habrás de reconocerme que tienes demasiadas piernas.
El jovencísimo Paul intentaba no prestar atención a la tía Anni. Cuando miraba sus extremidades inferiores es cierto que las encontraba un poco largas y quizás musculadas en exceso. Sin embargo, muchos de sus amigos no diferían demasiado en lo que a remos se refiere y a nadie se le ocurría restregárselos en las narices. Cada cual es producto de su ADN, se decía a modo de consuelo. Según su hermana Paulina, la afición que cobró al fútbol comenzó a fraguarse debido a esa obstinación de la tía Anni con las piernas.
Todo lo que sé de Paul lo conozco a través de su hermana Paulina. Me la presentaron en mayo de 2008, en una reunión de amigos celebrada después de la proyección de la película “Alexandra”. Ambos asistíamos a un festival de cortometrajes celebrado en Oberhausen. Al día siguiente, tuvimos una cita en el centro sumarino SeaLife. Ella me había confesado que le fascinaban las profundidades oceánicas y quise tener un detalle galante. Estábamos sentados en una de las cafeterías de esta especie de parque.
—Paul comenzó a obsesionarse también —me confesó Paulina cuya lengua se iba soltando a medida que me tomaba confianza—. Fue algo sumamente extraño, porque nadie notó un cambio en sus actitudes, ni siquiera él mismo. Los vínculos debieron establecerse a niveles inconscientes en su mente juvenil.
Recuerdo perfectamente que cuando Paulina cruzó sus piernas no pude evitar una mirada ávida hacia aquellos miembros largos y exquisitos que se extendían ante mí. Probablemente, a la tía Anni no le faltaba razón respecto a las extremidades de su familia. Cenar con Paulina, pensé sin venir a cuento, debe ser algo maravilloso. No sé por qué entonces me vino a la mente que un vino blanco, seco y ligeramente afrutado sería el complemento ideal para aquella cena que me estaba taladrando la cabeza. No obstante, pedí cerveza, procuré ocultar mis inconfesables apetitos y moví la cabeza para animarla a continuar.
—La conexión piernas-fútbol quedó establecida en los niveles más profundos de su conciencia. Realmente, mi hermano se convirtió en un caso que habría cambiado las conclusiones de Lacan respecto al lenguaje. Verás, a partir de la pubertad, Paul no se perdió un solo partido de fútbol al que pudiera asistir personalmente y, en último término, lo veía televisado.
—¿Pero a esa edad iba él solo al estadio? —le pregunté sorprendido.
—No —cloqueó más que se rió ella—. Siempre lo llevaba algún amigo. No sé cómo se las arreglaba para que alguien cargara con él hasta un campo de fútbol, le pagara un buen sitio y lo invitara a beber algo más que un vaso de agua. Paul era un verdadero artista en enrollarse para lograr lo que deseaba. Mi madre se partía de risa mientras le preguntaba cómo hacía para que los muchachos y hasta la gente mayor del barrio lo adoptaran como una auténtica mascota.
—¿Y qué contestaba tu hermano?
—Nada. Era un tipo silencioso. En esos momentos, le daba por comer cualquier cosa, preferiblemente percebes o algún marisco si lo había en casa.
Más adelante, me enteré de que Paul era un auténtico gourmet cuando se trataba de comer mariscos de cualquier clase. Los amigos bromeaban con él porque nunca bebía otra cosa que no fuera agua y había jurado que jamás comería carne de pulpo.
—¿Por qué crees que tenía esos remilgos?
—Yo creo que fue cuando se encaprichó de aquel pulpo en la tienda de animales. Estuvo meses tratando de conseguir el dinero para comprarlo. Aun me parece verlo cuando cada día visitaba la tienda para comprobar que nadie se lo había llevado.
—¿No es ilegal vender esos animales en tiendas?
—No lo creo. Después muchos ahorros y sufrimientos, mi hermano logró llevarlo a casa y adoptarlo como mascota. Se identificó tanto con aquel molusco que le puso su propio nombre. Lo paseaba por toda la casa. Era imposible verle contemplar un partido de fútbol en la tele sin tener el pulpo a su lado. El condenado animal daba la impresión de estar a gusto con su dueño y hasta parecía que se compenetraban como si fueran gemelos. Después de un tiempo, cuando se marcaba un gol en la tele, los dos Paul levantaban sus extremidades simultáneamente.
Paulina hizo una pausa. Encendió un cigarrillo y me echó el humo a los ojos. Es posible que tratara de defender sus piernas de mis cariñosas miradas. Su hermano las ocultaba con timidez y ella las mostraba con descaro. No la culpo, ser bella y presumida no es un delito.
—Un día lo llevó al estadio. Llenó de agua una bolsa de plástico y logró introducir al pulpo en la grada de tribuna, ocultándolo debajo de su abrigo. A sus vecinos de butaca les pareció gracioso el animal y lo aceptaron de buen grado. Hasta un gracioso le trajo una de esas banderitas que ponen en los helados para que la sostuviera con sus rejos y animara al equipo.
—¿Y la sostuvo?
—Sin ningún complejo. Pero a veces, sucedía que el animal se negaba a levantar la banderita. Mi hermano se dio cuenta de que esa negativa coincidía siempre con alguna goleada a nuestro equipo. Sólo que el pulpo parecía saberlo de antemano… Así fue subiendo su fama en el barrio.
—Qué interesante. ¿Quieres comer alguna cosita?
—Pulpo. Un rejito de pulpo me dejará como nueva —su cabeza no paraba de moverse, como si tuviese que sacudir el cerebro para que soltara los recuerdos—. Con la llegada del nuevo veterinario al barrio comenzaron los problemas. En la isla se dice que el que no come arenques ahumados con gusto, termina atrayendo desgracias a los vecinos. Y nadie puede decir que viera al veterinario probarlos alguna vez. Así que todo el mundo estaba esperando para ver por dónde rompería la mala suerte. Hasta que un día ese tipo se empeñó en que mi hermano estaba maltratando al pulpo. Que el lugar de un pulpo era el fondo del mar o una pecera y no una butaca del estadio ni el sillón de la tele. Las opiniones se dividieron en el barrio: unos proclamaban que si el pulpo iba a los partidos sería porque le gustaba el fútbol, mientras otros opinaban que Paul abusaba de la buena disposición del animal.
Paulina bebió un sorbo de cerveza y llevó a su boca un rejito de pulpo al ajillo. Me maravilló que pudiera hablar con tanto sentimiento sobre el pulpo de su hermano mientras no sentía el mínimo pudor en hincarle el diente a las extremidades del difunto cefalópodo que nos habían servido.
—Finalmente —prosiguió con la boca llena—, el delegado de la Sociedad de Autores en el barrio afirmó que los pronósticos del pulpo deberían considerarse actos artísticos y, como tales, estaban sujetos al canon preceptivo. Esa fue la gota que colmó a mi hermano, el cual se encerró en su habitación con el pulpo, un televisor y un abono al Canal Deportes. Como no hubo forma de hacerlos abrir la puerta durante muchos días, tuvimos que avisar a los bomberos. Entraron por la ventana, los obligaron a salir y nos cobraron trescientos euros por el trabajo. Entonces fue cuando se produjo la abducción del pulpo Paul.
—¿Lo abdujo un nave extraterrestre? —pregunté con sorna.
—¿Una nave extraterrestre? —Paulina escupía sobre mis pantalones trocitos de pulpo y ajo mientras se reía a carcajadas— ¿No eres ya mayorcito para creer en esas bobadas?
—Tú has dicho que el pulpo fue abducido.
—Y lo fue, al menos respecto a mi hermano. ¿Nadie te ha informado que abducir significa separar, apartar, alejar o desviar? Deberías comprarte un diccionario, cariño. ¡Qué hombres tan incultos se encuentra una por esos mundos de Dios! Como dice la tía Anni, el que no es feo es inculto y el que no, casado. Mira, chiquitín: el pulpo Paul fue abducido de mi hermano Paul.
—¿Quién lo hizo?
—La propia policía. Los maderos introdujeron al pulpo en una jaula húmeda y se lo llevaron a un acuario alejado de la isla de Úsedum. Concretamente, como supimos más tarde, lo dejaron en un acuario de Oberhausen.

—¡Qué casualidad!

—No es casualidad que yo esté aquí. Mi hermano fue juzgado por abusos, malos tratos e impagos a la Sociedad de Autores. Le cayeron cinco años, pero su abogado recurrió y logró que lo internaran en un hospital psiquiátrico.
—¿Y el pulpo Paul?
—Continúa en el acuario de esta ciudad. Hace unas semanas, mi hermano me pidió que entregara una carta a los cuidadores de pulpo Paul. En ella les explicaba las cualidades del cefalópodo y le suplicaba que dejaran ver al pulpo los partidos del Campeonato de Fútbol. Ésa es la razón principal de que yo esté aquí, aunque haya aprovechado el viaje para asistir al festival.
—Todavía falta mucho para que comience el Campeonato.
—¿Y qué más da? El personal del acuario jamás tomará en serio la carta de un demente —finalizó mientras agarraba su pinta de cerveza para ayudarse a tragar otro rejo—. Y si un día llegaran a descubrir las habilidades del pulpo Paul, ¿tú crees que en pleno siglo XXI alguien les haría caso?

(Terminado de escribir junto al Gasómetro de Oberhausen, Renania, el día 15 de mayo de 2008, a las 16:41 horas)

La gloriosa Selección salvará a España de la crisis económica y de la otra

 

Si seguimos así, pronto la Selección de Fútbol sustituirá todos los símbolos patrios. Se izarán las camisetas rojas en los mástiles de los ayuntamientos y de los cuarteles de la guardia civil. El himno por fin tendrá letra: oé, oé, oé. Se declarará traidor a la patria a todo el que no anime a La Roja delante de un televisor. Prevaricará el alcalde que no le guste el fútbol. Los niños aprenderán la tabla de multiplicar hasta el 11 con los nombres y números de los futbolistas:

-A ver, Marianito, ¿cuánto es Villa por Casillas?
-Fácil, maestra, Villa por Casillas da un ocho.
-¿Y si le sumamos a Torres?
-Ocho, seño, porque los ceros a la izquierda no cuentan.

Los periodistas hablarán de lo que entienden y dejarán de opinar sobre política, religión y gimnasia. Oposición y Gobierno formarán una peña, una piña, un puño y una (es)paña. Hasta los diputados, los senadores, los concejales, los jueces y el presidente jurarán sus cargos sobre una foto de la Selección con el bombo de Manolo como fondo.

-¿Jura usted por La Roja ejercer su cargo con honradez y no mamarse el dinero de los ciudadanos?
-Lo juro. Ni un solo millón. Yo por La Roja voy a muerte.

¿Lo ven? La solución ha llegado sola… Nunca es tarde si la dicha es buena.

Demostración en vivo sobre cómo cantar y comer chicle al mismo tiempo

 

Eso de comer chicle cantando sobre un escenario y en un superconcierto (osea) les parecerá raro, pero les aseguro que es cierto.  Les invito a ver un vídeo de The Beach Boys que me encontré en YouTube mientras andaba curioseando en sus actuaciones anteriores. Pertenece a un concierto ofrecido en marzo de 1964. El título de la canción, Fun fun fun (1964), ya anuncia la grandiosidad que nos encontraremos. No obstante, el interés de la grabación no radica en la música, en la letra ni en las voces, sino en algo más sorprendente: el vocalista, Mike Love, come chicle mientras canta.

El vocalista y su chicle en el minuto 1:17

El vocalista y su chicle en el minuto 1:17

Al principio, pensé que se trataba de una desincronización entre video y audio, pero al mirar con más detenimiento me percaté de que cuando terminaba cada intervención el cantante masticaba y masticaba y masticaba… Hasta que caí en la cuenta de aquel tipo estaba comiendo chicle mientras cantaba como si fuera la cosa más natural del mundo.

Al final, el cantante se lleva la mano a la boca, disimuladamente, y escupe el chicle en ella. Lo que hizo después con el bendito chicle pertenece al secreto del sumario.

 

Dejo aquí la letra de esta  inefable canción y el vídeo de esa actuación en que a golpe de chicle se cuenta cómo una niñata cogió el coche de su padre para ir a estudiar a la biblioteca, pero por el camino cambió de idea: decidió ir a una hamburguesería y hacer un par de carreras enloquecidas con el Ford de papi. (Cuando el texto habla de un T-bird se refiere a un modelo de coche Ford denominado Thunderbird).

FUN FUN FUN

Well, she got her daddy’s car
And she cruised through the hamburger stand, now
Seems she forgot all about the library
Like she told her old man, now
And with the radio blastin’ goes
Cruisin’ just as fast as she can, now

Estribillo
And she’ll have fun, fun, fun
‘Til her daddy takes the T-bird away
(Fun, fun, fun, ’til her daddy takes the T-bird away)

Well, the girls can’t stand her
‘Cause she walks, looks, and drives like an ace, now
(You walk like an ace, now, you walk like an ace)
She makes the Indy 500 look like
The Roman chariot race, now
(You look like an ace, now, you look like an ace)
A lot of guys try to catch her
But she leads ‘em on a wild goose chase, now
(You drive like an ace, now, you drive like an ace)

Estribillo

Well, you knew all along
That your dad was gettin’ wise to you, now
(You shouldn’t-a lied, now, you shouldn’t-a lied)
And since he took your set of keys
You been thinkin’ that your fun is all through now
(You shouldn’t-a lied, now, you shouldn’t-a lied)
But you can come along with me
‘Cause we got a lot of things to do now
(You shouldn’t-a lied, now, you shouldn’t-a lied)

Estribillo 2
And we’ll have fun, fun, fun
Now that Daddy took the T-bird away
(Fun, fun, fun, now that Daddy took the T-bird away)

Coda:
Fun, fun, fun now that Daddy took the T-bird away
Fun, fun, now that Daddy took the T-bird away.

Ford Thunderbird, mod. 1963

Ford Thunderbird, mod. 1963