EMIGRADOS (cap. 2): Argentina y Canarias II

SEGUNDA ENTREGA DE LA SERIE “EMIGRADOS”
¿Por qué los canarios empedraban los caminos argentinos, a principios del siglo XIX?, ¿qué edad entraron en Buenos Aires estos emigrantes?, ¿llegaron a gozar de una buena posición económica?, ¿por qué tenían una deuda enorme con el gobierno de Argentina?, ¿la pagaron?
Éstas y otras preguntas encuentran respuesta adecuada en este segundo vídeo de “Emigrados”.

EMIGRADOS: Argentina y Canarias 01

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La nueva serie EMIGRADOS presenta –con un formato nuevo, casi experimental– las más extraordinarias historia de la emigración. A través de las entrevistas realizadas alrededor del mundo, EMIGRADOS pretende mostrar memorias y vivencias de quienes han salido de su territorio natal para asentarse en nuevas tierras.

La emigración a Argentina: el Hotel de Inmigrante y los canarios. VÍDEO

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La nueva serie EMIGRADOS presenta –con un formato nuevo, casi experimental– las más extraordinarias historia de la emigración. A través de las entrevistas realizadas alrededor del mundo, EMIGRADOS pretende mostrar memorias y vivencias de quienes han salido de su territorio natal para asentarse en nuevas tierras.

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Hacer una entrevista a don Jorge Ochoa de Eguileor es algo difícil de olvidar, porque su verbo y sus amplios gestos proveen a sus respuestas de una vestimenta muy especial. Por otra parte, su memoria en asuntos de inmigración parece no tener fin, relacionando temas, fechas, lugares y personajes entre los cuales uno jamás hubiera sospechado que hubiera algún nexo.

Esta entrevista, que iré publicando segmentadamente, se realizó en el Hotel de Inmigrante de Buenos Aires, actual Museo Nacional de la Inmigración que inició su andadura con el señor Ochoa como Director. Siendo yo canario, y siendo los canarios emigrantes como principal “profesión” durante toda su historia, no podía menos que preguntarle por las andanzas de mis paisanos en las tierras argentinas.

Creo que bien vale la pena escuchar  las palabras del entrevistado, tanto por su conocimiento del tema (son innumerables las obras sobre inmigración publicadas por Jorge Ochoa de Eguilor) como por las novedades que aporta su relato.

Pintura de Rodolfo Campodónico

Pintura de Rodolfo Campodónico.

Los cangrejos rey en Canarias, ¿compatibles o incompatibles con la extracción de petróleo?

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Dos pescadores sostienen un ejemplar del gigantesco cangrejo rey.

Una noticia de estos días, proporcionada por la agencia EFE, nos da la medida del disparate que significa poner en riesgo de contaminación las aguas cercanas a Canarias. Al parecer, es posible comenzar, de inmediato, a pescar anualmente 80 Tm de camarón soldado y 27 Tm de cangrejo rey en aguas archipielágicas, lo cual resucitaría nuestra maltrecha flota pesquera y crearía muchos puestos de trabajo, directos e indirectos. Las reservas de camarón soldado se encuentran a profundidades de entre 200 y 350 metros y las de cangrejo rey, desde 600 m a 1.000 m bajo la superficie marina.

Claro que pocos países comprarían nuestros mariscos, sabiendo que proceden de aguas próximas a una plataforma petrolera. Lo cual es un dato a tener muy en cuenta.

El estudio a que me refiero procede del Instituto Canario de Ciencias Marinas que recopila estos datos dentro del proyecto europeo Marprof, el cual analiza las especies pesqueras profundas de Canarias y sus oportunidades de explotación económica. La Agencia Canaria de Investigación e Innovación (ACIISI) también opina que estas reservas biológicas representan una gran oportunidad para reflotar la industria pesquera del archipiélago.

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Venta ambulante de cangrejo rey en Alaska.

La decisión está en manos del pueblo canario, el cual aún puede defender con uñas y dientes un futuro sostenible para las nuevas generaciones o, por el contrario, dejar que los políticos conservadores, los auténticos valedores del No a la Vida, se salgan de nuevo con la suya y contaminen las costas del archipiélago con un petróleo que los hará más millonarios a ellos y, al mismo tiempo, traerá más pobreza a la generalidad de los canarios.

Si, a estas alturas, alguien cree que las explotaciones petroleras van a dejar algún euro en Canarias es que no tiene el mínimo conocimiento de la economía y de la política que se ha venido practicando con el archipiélago. Es difícil creer en la palabra de los dirigentes canarios, más atentos a su enriquecimiento personal que a las necesidades de los ciudadanos. Por esta razón, si no existe un paso adelante de los ciudadanos para defender su derecho a una vida mejor, de acuerdo con sus necesidades reales, no se presentarán dificultades a quienes destruyan nuestro mar y nuestra riqueza.

Desgraciadamente, no soy optimista en ese aspecto. Somos un pueblo fácilmente manipulable, capaz de defender las posturas que más nos perjudican. La realidad es triste, pero es la realidad.

Los pescadores madeirenses también capturan el cangrejo real.

El hambre de los canarios: relato sobre cómo se inició la amistad entre Pascual Rodríguez de Sossa y el emperador marroquí

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Foto: M. Mora M.

Un lector me solicita otras noticias relacionada con el marino canario Pascual Rodríguez de Sossa, personaje sobre el que publiqué un relato en el anterior post de este blog. En realidad, el comienzo de esa historia se encuentra en la novela La isla transparente (Malvasía, 2011), primer volumen de la serie sobre Antonio Ruiz de Padrón. Trataré de complacerle, insertando algunos párrafos correspondientes a esa obra, que narran el principio de los problemas a los que Sossa se vería enfrentado durante la década de 1770.

La miseria que pasaron los canarios en los años anteriores fue terrible: los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura tuvieron que abandonar sus islas y desembarcar hambrientos como la langosta en las costas del resto del archipiélago donde se trató de socorrerlos con los pocos recursos que estaban disponibles. Se trajo algo de trigo y aun otros alimentos del norte de África gracias a los excelentes oficios del hebreo Samuel Sumbel unidos al buen corazón del Emperador de Marruecos y a la audacia del capitán tinerfeño Pascual Rodríguez de Sossa. Éste se vio enredado en una gran deuda con el Sultán y los comerciantes marroquíes porque el Comandante General de Canarias, López Fernández de Heredia, no le remitió el dinero para pagar el grano que ya había enviado a las islas.

La fama de aventurero precedía al capitán Sossa por haber navegado en su juventud con patente de corso. En aquella etapa aprisionó numerosos barcos ingleses y perdió varios navíos en sus arriesgados negocios entre África y España. Llegó a proponer al Rey transportar a Madrid pescado salado procedente de las capturas realizadas por los pescadores canarios en las costas del Sáhara.

Esta reputación fue aprovechada para no entregarle el dinero que le pertenecía. A Pascual lo dejaron en la estacada y a los canarios sin un grano más de trigo marroquí.

Ante sus protestas en la Corte de Madrid el cónsul español Bremond le puso fuera de juego al informar que “es un yndibiduo que no dejará de causar desazones”. Cuánta diferencia hay entre esas palabras y las del embajador marroquí en España Ahmad Al-Gazzal quien ha afirmado literalmente: Dos veces hablé por Pascual por el cual respondo yo: voy a enviar por él para componer su dependencia y despacharlo todo a su gusto.

Todavía Pascual Rodríguez de Sossa continúa en Marruecos. Por su parte el Emperador ha dado órdenes terminantes de que no sean embarcados víveres en ningún barco español hasta que se paguen los novecientos pesos fuertes que se deben por el impuesto del trigo. El cónsul español le ha contestado que para cobrar pueden enajenar un viejo molino que es propiedad del capitán Sossa en tierras marroquíes.

El Sultán aprecia al canario y se enfada por los atropellos que le infieren: de manera que su respuesta es terminante: los españoles deben pagar esa deuda y el vicecónsul Pedro Suchita ha de marcharse de Marruecos por haber maltratado al capitán Pascual de Sossa. Ciertamente Suchita había propinado un empujón a Sossa cuando éste se encontraba en el consulado aunque la cosa no pasó de ahí.

No obstante las relaciones entre España y Marruecos están entrando en un escenario conflictivo por culpa de la falta de honradez del Comandante General de Canarias unida a la antipatía hacia Sossa del embajador Bremond y la ceguera del Ministro de Estado, Pablo Jerónimo Grimaldi.  Esperemos que no se declare una guerra que ya parece inminente. El futuro dirá cómo va a terminar todo este embrollo. En Larache Pascual de Sossa es con frecuencia invitado a las casas de los ministros marroquíes. Lo mismo hacen los embajadores de Francia y de Holanda quienes lo tratan con mucha deferencia sabedores de sus sacrificios para remediar el hambre de sus paisanos canarios y del mal pago que recibe de quienes debían apoyarle.

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Foto: M. Mora M.

CONTINÚA

SEXTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

El dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo, gastó millones de pesos en ampliar la policía. En cuatro meses, fueron encarceladas 4.000 personas y las torturas eran similares a la descripción que vimos en la anterior entrega. Más que nunca, el país había caído bajo el dominio del terror y los dominicanos eran perseguidos, torturados y asesinados lo mismo que los emigrantes haitianos. Sin embargo, la prepotencia del Generalísimo terminaría por acarrearle su propia ruina.

Cuando Trujillo retiró su apoyo incondicional a los obispos, la Iglesia Católica envió una carta pastoral  que se leyó en todas las iglesias reclamando el respeto a los derechos humanos. La firmaron los mismos obispos que habían apoyado incondicionalmente a Trujillo, al comprender que la situación se les ha ido de la mano. Incluso, la embajada de Estados Unidos ofreció asistencia a algunas familias importantes para salir del país. En Caracas, Rómulo Bethencourt y Fidel Castro decidieron apoyar a los opositores dominicanos.

Las denuncias de la prensa americana también comenzaron a dar su fruto. La Agencia de Inteligencia Americana (CIA) comenzó a desarrollar actividades destinadas a promover el asesinato de Trujillo. Paralelamente, el gobierno de los Estados Unidos invitó a Trujillo a asilarse Estados Unidos o Europa. Este rechazó la propuesta.

La reacción por parte del sátrapa no se hizo esperar. La prensa y la radio oficiales de la R. D.  atacaron a la Iglesia y a Estados Unidos. Los servicios secretos trujillistas organizaron un complot para asesinar a Rómulo Betancourt, Presidente de Venezuela, el cual se salvó milagrosamente del atentado en que murieron su chofer y un oficial, cuando su coche voló por los aires.

Rafael Trujillo, Fidel Castro y Rómulo Bethencourt. A principios de la década de 1960, estos tres descendientes de canarios manejaban los principales resortes del poder en el área del Caribe.

Curiosamente, los tres gobernantes más destacados en esos momentos, en el área del Caribe, eran hijos o nietos de emigrantes canarios: Fidel Castro Ruz, Rómulo Bethencourt y Rafael Leónidas Trujillo Molina. Naturalmente, los tres conocían su ascendencias, pero, seguramente, desconocían la de los otros dos.

Después la cosa se complicó cuando Trujillo intentó matar al Presidente de Venezuela. Creo yo que era Rómulo Bethencourt.
Nuestra situación era mala y todo aquel que tenía familia en Venezuela trataba de irse para ese país. ¡Más se complicaba! A dos compañeros míos los cogieron en la capital, los metieron en [la prisión de] La Victoria y al mes o a los dos meses los metieron en un barco y los llevaron para allá. Llegaron casi desnudos, llegaron a Barcelona.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

[...] Ya al año vine para la capital. Mucho mosquito. Vine para la capital a buscármelas aquí. Unos se quedaron otros fueron para Venezuela… Fueron muchos para Venezuela, otros fueron para España, regresaron.
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Rafael Leónidas Trujillo, nieto de un sargento canario, se comportó toda su vida como un prepotente gallo de pelea, asesinando sin piedad a cualquiera que se opusiera a sus continuos abusos.

La Asamblea redactó una nueva Constitución dominicana. En ella se decía que el Presidente y el Vicepresidente no pueden ser perseguidos ni encarcelados por ningún delito. Trujillo nombró presidente a Joaquín Balaguer, el cual justificó los años de tiranía en su discurso de toma de posesión.

Sin embargo, sin hacer caso de los cantos de cisne de Balaguer, la Organización de Estados Americanos condenó a Trujillo y se rompieron todas las relaciones diplomáticas y comerciales con el resto de los países americanos. Aprovechando la marea, el gobierno de los Estados Unidos deseaba que también se condenara a Fidel Castro, pero no lo consiguió.

Trujillo trató de remendar la situación e invitó a la oposición a volver al ruedo político. Regresaron sólo dos partidos. Sin embargo, es difícil perder las malas costumbres: a las pocas semanas, fueron represaliados y hubieron de volver a la clandestinidad. Entonces, arreció la represión y los asesinatos: así murieron las hermanas Mirabal, lo cual indignó al pueblo. Creció la tormenta. Las torturas no cesaron, como muestra la siguiente cita extraída de una novela de Vargas Llosa –La fiesta del Chivo– que realiza un magnífico retrato de aquellos siniestros días:

La famosa actriz dominicana María Montez, hija de un canario de Garafía, fue uno de los símbolos utilizados por la dictadura para presentar al mundo la cara amable del régimen. De hecho, mantuvo presuntos amores secretos con Virgilio Montalvo Rodríguez, uno de los mandamases de Rafael Leónidas Trujillo. Sería el propio Trujillo quien le entregara a la actriz la condecoración de la “Orden de Trujillo” en noviembre de 1943.

Ramfis [hijo de Trujillo] movió la cabeza y Pupo se sintió lanzado con fuerza ciclónica hacia adelante. El sacudón pareció machacarle todos los nervios, del cerebro a los pies. Correas y anillos le cercenaban los músculos, veía bolas de fuego, agujas filudas le hurgaban los poros. Resistió sin gritar, sólo rugiendo. Aunque, a cada descarga –se sucedían con intervalos en que le echaban baldazos de agua para reanimarlo– perdía el conocimiento y quedaba ciego, volvía luego a la conciencia. Entonces, sus narices se llenaban de ese perfume de sirvientas. Trataba de guardar cierta compostura, de no humillarse pidiendo compasión. En la pesadilla de la que nunca saldría, de dos cosas estuvo seguro: entre sus torturadores jamás apareció Johnny Abbes García, y, en algún momento, alguien que podía ser Pechito León Estévez, o el general Tuntin Sánchez, le hizo saber que Bibín había tenido mejores reflejos que él, pues alcanzó a dispararse un balazo en la boca cuando el SIM lo fue a buscar a su casa de la Arzobispo Nouel con la José Reyes. Pupo se preguntó muchas veces si sus hijos Álvaro y José René, a quienes jamás habló de la conspiración, habrían alcanzado a matarse.
Entre sesión y sesión de silla eléctrica, lo arrastraban, desnudo, a un calabozo húmedo, donde baldazos de agua pestilente lo hacían reaccionar. Para impedirle dormir le sujetaron los párpados a las cejas con esparadrapo. Cuando, pese a tener los ojos abiertos, entraba en semiinconsciencia, lo despertaban golpeándolo con bates de béisbol. Varias veces le embutieron en la boca sustancias incomestibles; alguna vez detectó excremento y vomitó. Luego, en ese rápido descenso a la inhumanidad, pudo ya retener en el estómago lo que le daban. En las primeras sesiones de electricidad, Ramfis lo interrogaba. Repetía muchas veces la misma pregunta, a ver si se contradecía. «¿Está implicado el Presidente Balaguer?».) Respondía haciendo esfuerzos inauditos para que la lengua le obedeciera. Hasta que oyó risas, y, luego, la voz incolora y algo femenina de Ramfis: «Cállate, Pupo. No tienes nada que contarme. Ya lo sé todo. Ahora sólo estás pagando tu traición a papi». Era la misma voz con altibajos discordantes de la orgía sanguinaria, luego del 14 de junio, cuando perdió la razón y el Jefe tuvo que mandarlo a una clínica psiquiátrica de Bélgica.

Cuando ese último diálogo con Ramfis, ya no pudo verlo. Le habían quitado los esparadrapos, arrancándole de paso las cejas, y una voz ebria y regocijada le anunció: «Ahora vas a tener oscuridad, para que duermas rico». Sintió la aguja que perforaba sus párpados. No se movió mientras se los cosían. Le sorprendió que sellarle los ojos con hilos lo hiciera sufrir menos que los sacudones del Trono. Para entonces, había fracasado en sus dos intentos de matarse. El primero, lanzándose de cabeza con todas las fuerzas que le quedaban contra la pared del calabozo. Perdió el sentido y se ensangrentó los pelos, apenas. La segunda, estuvo cerca de conseguido. Encaramándose en las rejas –le habían quitado las esposas, preparándolo para una nueva sesión en El Trono– rompió la bombilla que iluminaba el calabozo. A cuatro patas, se tragó todos los vidrios, esperando que una hemorragia interna acabara con su vida. Pero el SIM tenía dos médicos en permanencia y una pequeña asistencia dotada de lo indispensable para impedir que los torturados murieran por mano propia. Lo llevaron a la enfermería, le hicieron tragar un líquido que le provocó vómitos, y le metieron una sonda para limpiarle las tripas. Lo salvaron, para que Ramfis y sus amigos pudieran seguir matándolo a poquitos.
Cuando lo castraron, el final estaba cerca. No le cortaron los testículos con un cuchillo, sino con una tijera, mientras estaba en el Trono oía risitas sobreexcitadas y comentarios obscenos, de unos sujetos que eran sólo voces y olores picantes, a axilas y tabaco barato. No les dio el gusto de gritar. Le acuñaron sus testículos en la boca, y [...].
(Mario Vargas Llosa, La Fiesta del Chivo, pp 424-425)

Los emigrantes canarios se encontraban entre la espada y la pared. Atrapados en la isla, perseguidos por los trujillistas que los acusaban de comunistas  y por los opositores que los marcaban como protegidos del dictador. Sin embargo, aún no se había tocado fondo: se acercaban tiempos aún más negros, tanto para ellos como para la República Dominicana.

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

QUINTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Don Aureo Francisco, emigrante canario, residente en Constanza.

Uno nunca debe estar seguro de haber tocado fondo, porque cualquier fondo puede quebrarse y aparecer un nuevo abismo. Esto les sucedió a los emigrantes canarios en la República Dominicana. A todas sus calamidades, se añadió una para la que estos jóvenes políticamente imberbes no estaban preparados: las acusación de ser comunistas.
La isla estaba atestada de espías del gobierno, llamados calies, los cuales delataban a los emigrantes como comunistas cada vez que protestaban por algo o se quejaban por no haberse respetado sus contratos. A veces, no hacía falta rebelarse contra la situación, porque los propios españoles también los delataban como enemigos del régimen trujillista para quedarse con sus tierras.

Ya te digo, los camiones recogiendo gente, eso era todos los meses, recogiendo. Hubo una noche un caso que yo presencié. Llegan tres canarios, eran de las Palmas, no me acuerdo del nombre de ellos ya. Venían de la parcelita de trabajar, de noche. Y llegaron.
A la entrada del pueblo se encuentran con el camión parado y subiendo gente. Y siguen para allá que ellos vivían creo que en la cuarenta y seis. Eran sesenta casas que habían. En cada casa metieron seis. Según el contrato era una casa para cada uno y después nos metieron seis.
Y cuando llegaron y les dicen los compañeros, “vámonos”, y ellos: “uh, cómo vamos a irnos si tenemos la parcela sembrada y todo, cosas…”, “Vámonos de aquí que esto se pone peor. Vinimos juntos, vámonos juntos”.
Los tres cogieron sus pasaportes, cogieron sus maletas y llegaron al camión y le entregaron los pasaportes al jefe.
Que se iban.
Y les dijeron: “Pero si no son ustedes, ¿ustedes por qué se van?
“Sí, nos vamos, vinimos juntos y nos vamos juntos”.
Subieron al camión y se fueron. Eran tres de Las Palmas, no me acuerdo del nombre de ellos.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Estación de ferrocarril en Santiago de los Caballeros.

En enero de 1956, en el barco Auriga, llegaron otros 370 emigrantes españoles. En este mismo barco, devolvieron a España 300 emigrantes, entre los que había un buen número de canarios, acusados de comunistas. Fue el último viaje de esta emigración.
En ese mismo año, Trujillo adquirió por 35 millones de dólares los cinco ingenios de la West Indies Sugar. Después compró otro, en condiciones parecidas, usando también dineros públicos para su lucro personal. Ya controlaba el 80% de la producción industrial y empleaba en sus empresas privadas al 45% de la mano de obra del país.
El SIM (Servicio de Inteligencia Militar) secuestró y asesinó al escritor español Jesús de Galíndez, en Nueva York. Para encubrirlo se realizó una cadena de crímenes que escandalizó a la opinión mundial. A partir de aquí, los periódicos The New York Times y Washinston Post se encargarían de acorralar a Trujillo. El gobierno norteamericano no tuvo otra alternativa que comenzar a retirarle su apoyo.

Recuerdo que en la época de Trujillo se vivía lleno de temor. Yo recuerdo que cuando decían ahí viene la policía todos nos metíamos debajo de las camas, hasta los niños. Nos íbamos a los rincones de las casa y nos metíamos debajo de las camas. Inclusive mi papá, todo el mundo y mi abuelo y todo el mundo.
Nos escondíamos cuando oíamos «Ahí viene un policía». Y uno iba a esconderse con un temor tremendo todo el mundo. Vivía uno lleno de temor y como él dijera. Obligatoriamente.
Yo misma llegué a marchar en el sol y había que decir «Que viva Trujillo el Benefactor de la Patria» porque si uno no lo decía… Ya usted sabe, uno tenía problemas.
(Doña Altagracia, descendiente de emigrantes, Rep. Dominicana, 2003)

Un informe de la Secretaría General del Ministerio de Información y Turismo de España, realizado en 1956, aporta datos escalofriantes sobre la población gobernada por quien Francisco Franco había definido como “el gran amigo de las hispanidad”:

“[Hay] niñas de doce y catorce años en estado, niños que abusan del ron, padres y hermanos que viven juntos en la misma habitación, niñas y jóvenes fumando a todas horas; se desconocen el plato y la cuchara, hasta el extremo que el arroz, el plátano y la yuca, base de la alimentación de la gente del campo, son servidos en hojas, y se toman aquel cereal con los dedos. Las viviendas no reúnen las condiciones precisas para que pueda vivir el español. Por la noche se nota mucho frío en ellas, y por el día un gran calor. Les dan tan sólo 60 centavos por persona (25 pesetas) y con eso tienen que comer y vivir. La vida está cara, lo único barato es el café, el ron y el tabaco”.

Naturalmente, este estado de cosas influyó directamente sobre la vida de los emigrantes canarios, los cuales fueron comprobando que las posibilidades de progreso en esta isla caribeña no eran demasiado grandes.

En el año cincuenta y cinco aquí un maestro rural no sabía ni el abecedario. Solamente le enseñaba a los muchachos a escribir “papá” y “mamá”. Es que no sabía.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Pues nos chismearon como comunistas y se nos fue complicando la vida. Nos fueron acechado y nos iban agarrando de noche. Ya nos tenían señalados.
De repente llegaba un camión que se llamaba catarey, un camión que cargaba la caña. Llegaba la policía y donde estaban señaladas, casa por casa, iban cogiendo y montando en el camión. Cuando recogían se iban, pero ya quedaban otros fichados y hay personas… una desgracia.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Trujillo optó por llevar inmigrantes japoneses. Transportó a la Republica Dominicana a 1.500 nipones que cultivaban tierras en la zona montañosa del centro. Muchos volvían a su país denunciando que vivían en auténticos campos de concentración, vigilados por soldados armados.

Para más desgracia, el médico que hay en Baoba que era español, se descubrió que era el calie (espía) del gobierno. Contra nosotros. Después, al matar a Trujillo el salió huyendo. ahí se descubrió todo. Entonces la cosa se fue complicando: panoramas y situaciones que eran duras.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

El año 1957 marcó el comienzo de Santo Domingo como lugar ideal para el exilio de los dictadores latinoamericanos. El primero en llegar fue el dictador colombiano general Rojas Pinilla. En marzo de este mismo año, embarcaron de vuelta a España 1.369 emigrantes y en mayo llegaron 588 húngaros que huíande la instauración del comunismo en su país. Fueron destinados a zonas salitrosas que terminaron por abandonar. Mientras tanto, las penalidades de los emigrantes canarios continuaban aumentando.

Había un gago palmero de Fuencaliente. Alto él, pero gago. Entonces, por mala suerte le tocó la tierra en la sabana y no pudo trabajarla. Entonces, de tiempo a tiempo llegaba un coronel con el encargado de colonia. Hicieron una reunión y pegó a preguntar por qué no trabajaban la tierra. Pero cuando llegó al gago, el pobre gago, imagínate la situación, situación crítica, se fue poniendo nervioso y cuando llegó el momento que le preguntó, empezó qué, qué, que, qu… y no podía responder y jaló por la mano y si no le garran la mano le da un buen trompón al coronel. Ahí lo cogieron y para La Victoria, la cárcel, un poco retirado detrás de la capital para dentro. Y lo llevaron. Y así siguieron casos.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vieja foto de un grupo de jóvenes de Constanza.

En el año 1958, se exilió en Santo Domingo el dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Y, a principios de 1959, llegó el dictador cubano Fulgencio Batista.
Poco después, Fidel Castro se comprometió en Caracas a apoyar a los exiliados dominicanos. Luego, facilitó el entrenamiento de guerrilleros dominicanos en Cuba. El gobierno venezolano de Rómulo Betancourt contribuyó con dinero, armas y aviones a la organización del Ejército de Liberación Dominicano.
Trujillo también fortaleció su ejército. Creó una Legión Extranjera con mercenarios europeos y norteamericanos. La familia Trujillo comenzaba a verle las orejas al lobo y envió mucho dinero a bancos del extranjero.
El día 14 de junio, una expedición de 54 hombres se dirigió a la República Dominicana. Cinco días después llegaron 144 hombres a Puerto Plata. Los hombres se repartieron en varios grupos, pero sólo uno, el de Constanza, tuvo éxito.
Los guerrilleros antitrujillista se refugiaronn en bosques o en pequeñas aldeas, pero Trujillo las bombardeaba y mataba a decenas de familias inocentes. Los invasores fracasaronn y fueron capturados, torturados y asesinados. Las torturas las dirigió un hijo del tirano, llamado Ramfis Trujillo. De cuantos llegaron en esta expedición contra Rafael Leónidas Trujillo, sólo sobrevivieron dos dominicanos y dos cubanos.
Pero la población estaba desesperada y no se resignaba a continuar bajo la opresión del dictador. También, en 1959, hubo una conspiración en la fuerza aérea que fue descubierta. Trujillo torturó y asesinó a cincuenta militares y técnicos. La represión se recrudecía. El país estaba aterrorizado.
En la clandestinidad algunos jóvenes trataron de organizarse. Se reunieron 297 muchachos, en una organización que denominaron Agrupación Política 14 de Junio. Doscientos cuarenta de ellos pertenecían a la pequeña burguesía.
En medio de estas convulsiones, los emigrantes canarios tratabann de sobrevivir a su manera, intentando no mezclarse en los problemas del país. Sin embargo, eso era imposible y se vieron arrastrados por la efervescencia social y el nerviosismo de los gobernantes.

Estuve en la colonia. En Baoba estuve hasta el 59. Después aquí estuve en la colonia. Me dieron una casa y me la quitaron cuando la huelga. Me quitaron la tierra y tuve que salir huyendo.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Después para más complicación, en el cincuenta y nueve, salta Fidel Castro. Ahí fuimos nosotros acusados de oír las noticias cubanas que se oían bien. Nosotros la oíamos porque los canarios estamos medio liados hacia los cubano: tenemos la música, el son, la rumba, el punto cubano. A muchos nos gustaba oír. Pues ahí se nos complicó el asunto: el mismo radio que Trujillo nos regaló, nos sirvió de puñal. Los alcaldes, los segundos alcaldes, que después se convirtieron en Guardia Rural. Cuando tú venías a ver y abrías la puerta, te los encontrabas detrás de la puerta escuchando. Después nos chismearon como comunistas y se nos fue complicando la vida. Nos fueron acechado y nos iban garrando de noche. Ya nos tenían señalados. De repente llegaba un camión que se llamaba catarey, un camión donde cargaban la caña. Llegaba la policía y donde estaban señaladas, casa por casa, iban cogiendo y montando en el camión. Cuando recogían se iban, pero ya quedaban otros fichados y hay personas… una desgracia.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Integrantes de la Agrupación Política 14 de Junio.

En enero de 1960, la policía descubrió la Agrupación Política 14 de Junio. Se apresó a sus miembros y se les torturó en la cárcel de “La Cuarenta”. Casi todos fueron asesinados. Otros murieron de hambre o enfermos. Las descripciones de las torturas llevadas a cabo en la cárceles trujillistas no son un plato fácil de digerir; sin embargo, he decidido incluir los siguientes párrafos, escrito por un médico que contempló aquellos crímenes, para que se comprenda la magnitud de lo sucedido en esa tierra hermana.

“La noche que yo llegué al centro de tortura, aquello parecía la obra de alguna alucinación dantesca. En todo el patio de la prisión y en sus diversas dependencias se torturaba del más diverso modo en medio de un frenesí bestial en el que aparecían entremezclados esbirros y hombres desnudos y esposados dando alaridos y revolcándose como gallinas decapitadas.
No es poco el impacto que produce en el ánimo más aplomado contemplar a un hombre indefenso y desnudo, vuelto una masa de carne lacerada y convertido en una especie de cebra bípeda con todo el cuerpo cubierto de surcos negros y sanguinolentos causados por pelas de más de doscientos azotes que se aplicaban con fuertes gruesos alambres y tubos de material plástico.
Los alaridos provocados por la aplicación de corriente eléctrica con su efecto quemante en todo el sistema nervioso tienen un carácter particularmente ondulante y desgarrador y la escena de un hombre, desnudo y amarrado a una poltrona recubierta de láminas de cobres, es en especial dramática.
La víctima se retorcía al recibir las descargas eléctricas y las contracciones de su cuerpo y los rictus del rostro que se sucedían entre aullidos de dolor producen una visión, realmente insoportable. Mientras tanto, el coro de torturadores, en medio de las pausas, vertía toda suerte de chistes y sarcasmos con respecto a las víctimas, en tanto practicaban la diversión de apagar cigarrillos, de manera continua, en los cuerpos de los maniatados en La Silla.
Cuando alguien perdía el conocimiento, como consecuencia de las pelas aplicadas en un cuadrilátero denominado El Coliseo, por dos o tres esbirros a la vez, sobre el cuerpo despellejado, sanguinolento y en carme viva del cautivo, era derramada una lata de agua de sal o se le sentaba en La Silla para reanimarlo con descargas eléctricas.
Por otra parte, un potente foco producía una luz enceguecedora, aun en el caso en que se cerraran los ojos. El Coliseo también era usado para hacer entrar en acción a dos perros amaestrados que eran azuzados contra el cautivo –siempre desnudo y esposado– que sufría un ataque intermitente con pausas de 30 segundos a un minuto, lapso en el cual se reanudaba el asediante interrogatorio para darle paso a una nueva acometida de los canes.
Los perros, como verdaderos seres humanos, obedecían de manera automática, tanto la orden de atacar como la de suspender el ataque. Aquello era un sistema de tortura física y psicológica: los perros, aún cuando suspendían por orden de esbirros el ataque, permanecían prácticamente encima de la víctima gruñendo y en espera de la nueva señal para acometer otra vez. La aplicación de los tubos eléctricos en las partes vitales era cosa común, pero lo más, terrible de todo aquel catálogo infernal no estuvo constituido, precisamente, por la cuota de tormento que cada quien recibía.
En fin de cuentas, llega un momento en que el dolor físico, intensificado gradualmente, lo sumerge a uno en una nebulosa, en una especie de duermevela en la que la mente llega a ponerse en blanco y sobreviene el desmayo y se produce una extraña insensibilidad. Todavía más insufrible que el propio castigo recibido es la contemplación o percepción auditiva del tormento que soportan los otros”.
(Doctor Rafael Valera Benítez. Complot Develado. Vol. l. Págs. 32-33.)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

CUARTA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Grabado antiguo de una bahía en la isla de Santo Domingo, primeramente llamada La Española.

Pronto, los emigrantes canarios supieron que no habría una casa para cada uno. Sino una casa para seis. Una casa sin agua ni electricidad. Y los aperos se reducían a una azada y un machete. El contrato que les había formalizado Trujillo se convirtió en papel mojado y los pobres muchachos no tenían dónde reclamar ni quien les ayudara a hacerlo.

A nosotros lo que nos dieron fue un contrato. Entonces el contrato decía que nos daban una casa, nos daban de cincuenta a cien tareas de tierras, nos daban aperos de labranza, semillas para la tierra, para sembrar, y una pensión hasta que ya pudiera sostenerse uno por sus propios medios.
Y cuando llegamos nos daban cincuenta centavos. Nos daban cincuenta centavos diarios que eran quince pesos al mes. El que se lo comía y se lo bebía antes de la quincena, ya tenía que estar buscando por otro lado cómo mantenerse.
Y así estuvimos como dos años, porque cuando nosotros llegamos a Baoba todo eso era montería.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Pulpería allí es igual que aquí una venta. Me dio un salón al lado de la pulpería para hacer el horno.
Yo no tenía maní. Yo les hacía el pan y les cobraba el viaje del maní. Y gente que conseguíamos. Gente que se daba machetazos y que traíamos para el hospital.
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

La mayor parte de los emigrantes que se quedaron en Puerto Rico –sin embarcar hacia Venezuela o volver a sus islas natales– trató de abrirse paso en el único sectar que conocía, el agrícola.

Las tierras las tenía Trujillo. De ganado, digamos de ganado salvaje. Eran búfalos. Tenían que sacarlos con dos muleros: uno alante y el otro atrás. Tenían que sacar al ganado para meter a los españoles.
Las tierras, la mayoría eran lo que llaman sabana. Y en la sabana, naturalmente, no se dan los frutos. Ahí empezó el problema: las tierras no estaban preparadas. Estaban empezando con bulldozers a prepararlas y después empezaron a sortearlas. A mí, por desgracia, no me tocó ninguna.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Cuando veíamos que abusaban de una persona, aunque no fuera española, aunque fuera dominicana, y abusaban de ella, uno cuando venía ver explotaba, porque no podía aguantar. Explotaba y le decía abusador, le decía cualquier cosa. Entonces ya por eso uno era comunista.
Y ahí los recogían y los llevaban. Cuando salía un barco en dirección a España, los recogían y los dejaban una semana o dos presos y en el barco para allá. O sea, que la emigración fue un desastre por eso mismo.
Nosotros pasamos muchos trabajos, muchos, muchos, muchos. Pero fue por eso.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Constanza, población asentada en una zona interior de la isla. Aquí terminaron asentándose varios emigrantes canarios de la emigración de 1955.

Los canarios comprendieron la imposibilidad de salir de la colonia, sin permiso expreso. También supieron que aún teniendo el pasaje de vuelta pagado no era tan fácil volver al archipiélago. Eso sí, como muestra de generosidad, Trujillo les ofrecía 150 dólares si se casaban con una dominicana.

Llegamos aquí, trayendo un contrato donde nos tenían que entregar una casa amueblada. Entonces, la casa no estaba amueblada. Nos la dieron para seis gentes.
[Según] el contrato tenían que darnos de cincuenta a quinientas tareas. Yo como a los dos años me dieron cincuenta tareas, pero hubo una parte que un río llamado Baquí la inundó y hubo que salir huyendo de Baoba. Los otros canarios quedaron allá, pero yo tuve que salir corriendo, sin una perra en el bolsillo.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Nosotros estábamos ahí, en esa época, como si fuera un campo de concentración. Para salir de la colonia había que pedir un permiso: usted decir a dónde iba y a qué iba.
Aquí todo era el Jefe. Si usted hablaba mal del Jefe, se jodió. Porque para aquí, Trujillo era un dios.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Nos destinaron a Baoba del Piñal. Yo estuve cinco años ahí. A los cinco años ya estaba mal.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Había una finca de Trujillo ahí. En esa finca, según la gente, tu entrabas y hallabas ñame, batata que le decimos allá, boniato, guineo, plátano… Hallabas de toda clase de comida ahí porque esa finca la desalojó Trujillo para soltar ganado ahí. Según a nosotros nos contaban la historia… porque eso era hablando en un sitio donde se pudiera hablar todo, porque nadie se confiaba aquí de Trujillo, nadie podía hablar de eso.
Entonces ese señor, que nosotros cogimos confianza con él, era Moscaño. Tenía como dos o tres hijos y la esposa. Y fue la primera casa que nosotros comenzamos a visitar. Entonces comenzamos a hablar.
Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar. Entonces fue cuando nosotros comenzamos a hablar de Trujillo.
–Pero ven acá, si este hombre… si es el Presidente de aquí, y si había tanta miseria, ¿a qué nos trajo a nosotros aquí? Porque lo que nos está dando a nosotros se lo diera a los de aquí. ¿Para qué nos trajo?
El hombre estaba como asustado. Recuerdo que nos convidó a comer carne a un alto que había y ahí comenzamos a hablar. Y me dijo:
–Mire, España, yo le voy a decir una cosa: usted no sabe cómo es que aquí camina. Aquí no se puede hablar mal del Jefe.
–¿De qué Jefe usted me está diciendo?
–Del Presidente, de Trujillo, que Trujillo es el Jefe. De Trujillo no se puede hablar mal por esto, esto y esto. Al que habla mal de Trujillo aquí lo ahorcan, lo fusilan.
–¿Y eso?
Y ahí comenzamos a hablar. Nos cogimos mucha confianza. Todavía él murió y éramos amigos. Y ese día él comenzó:
–Mire toda esa finca. Eso eran propiedades de gentes y les dieron cuarenta y ocho horas para salir. Y hubieron gentes que solamente pudieron coger los hijos y lo que tenían y salir huyendo. Porque al que no salía lo ahorcaban allá dentro.
A Trujillo de decían Chapista. El Trujillo Chapista. Y al hijo le decían el Pato. No sé por qué.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Y te voy a decir lo siguiente que tú no vas a creer. Para escribir las cartas no había que poner sello. ¿Y cómo llegaban sin sello? Yo no sabía escribir, pero había un muchacho que me las escribía (y yo lo vi a él. Después el fue para Venezuela y yo no supe más de él). Y había que poner Rafael Leónidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva. Nunca se me olvidó y yo no lo escribí, pero me extrañaba y le preguntaba a él siempre y lo fui grabando y lo grabé. Pues eso se ponía en las cartas y llegaban.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Unos pocos emigrantes optaron por marchar a Santo Domingo, la capital de la República, que en tiempos de la dictadura se llamó Ciudad Trujillo.

Solamente una persona, entre todas las entrevistadas me ha hablado bien de esta emigración canaria a la República Dominicana. Me ha parecido importante dejar constancia todos los puntos de vista de los emigrantes.

Llegamos allí, a Santo Domingo, nos atendieron muy bien. Nos llevaron a donde íbamos a trabajar, a la zona esa de agricultura. Nos daban dinero, nos daban comida, allá nos daban después leche todos los días. Nos atendieron la verdad que estupendamente bien, la comida. Después ya más tarde nos ayudó un poco la embajada española…
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

TERCERA PARTE. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

El barco España fue auxiliado por los puertorriqueños en el Canal de la Mona, un brazo de mar que separa Puerto Rico de la República Dominicana.

VER ARTÍCULOS ANTERIORES:

Primera parte

Segunda parte

Tan pronto zarpó el vapor España del puerto de Santa Cruz de Tenerife, con rumbo a la República Domincana, apareciern ciertos signos desesperan­zadores que desmentían todo cuanto las autoridades españolas habían prometido a los jóvenes emigrantes.

Unos días más tarde, en plena navegación, las calderas de vapor del barco España reventaron. El barco se llenó de agua y los pasajeros estuvieron tres días sin poder beber ni comer otra cosa que lo poco que llevaban. Los jóvenes se desmayaban debido a la gran deshidratación que padecían. La inclinación del barco era cada vez más pronunciada y todo anunciaba que pronto se produciría el hundimiento.

El capitán logró conducir el barco –muy escorado y con los equipos de radio dañados– hasta el trozo de mar que separa las islas de Puerto Rico y Santo Domingo.

“En el Canal de la Mona, que eso está entre aquí y Puerto Rico, estuvimos nosotros, no me recuerdo bien, pero yo creo que fueron como 24 ó 48 horas. Fondeado ahí porque ya no caminaba. Veíamos las luces de Puerto Rico. Eso es donde le dicen por aquí el Canal de la Mona.
Y ahí luego mandaron una avioneta de Puerto Rico, de esas de reconocimiento. Y ellos comenzaron a hacerles señas, y ahí la avioneta se fue a Puerto Rico. ¡Porque no había ni comunicación! Estábamos sin comunicación, sin nada. Cuando llegamos aquí, al otro día es que llegaron de Santo Domingo con un remolcador, dos fragatas de guerra, con otra fragata de agua también, de Puerto Rico mandaron dos fragatas de agua, y eso era una cosa. Eso era un desastre, muriéndose de la sed.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Don Aureo Francisco, emigrante en el vapor España, en su casa de Constanza (República Dominicana).

“Porque nosotros llegamos de milagro de Dios, porque el barco se rompió. Y en Puerto Rico nos quedamos ahí, a la desbandada. Y yo me acuerdo que cuando llegaron los americanos con la fragata con agua y eso, yo regalaba una botella de coñac por un vaso de agua. En España creían que el barco se había perdido porque no tenían noticias de nada.”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

El 4 de junio, catorce días después de haber zarpado el vapor España, la noticia apareció en Canarias con el periódico La Tarde, donde pudo leerse una nota muy confusa, en la que no se informaba de la gravedad del suceso. Ninguna otra referencia aparecería en los periódicos del archipiélago.

“EL BUQUE DOMINICANO “ESPAÑA” SIGUE SU RUTA HACIA CIUDAD TRUJILLO
AYER PIDIÓ SOCORRO POR HABÉRSELE AGOTADO EL AGUA DULCE DE LAS CALDERAS
San Juan de Puerto Rico.– La gabarra de la marina portorriqueña “TW 485” ha salido de este puerto para auxiliar al buque de la República Dominicana “España”, de 17.000 toneladas, que esta madrugada se encontraba en difícil situación. Al parecer, el “España” ha perdido toda el agua dulce de sus calderas y se encuentra anclado a dos millas de las isla completamente anegado. El buque salió de España el pasado día 15, con rumbo a Ciudad Trujillo, llevando 930 personas a bordo (Efe).

SIGUIÓ VIAJE SIN NOVEDAD
San Juan de Puerto Rico, 1.– Ha seguido la marcha por sus propios medios con dirección a Ciudad Trujillo, el buque España, que ayer tuvo que ser socorrido por varias embarcaciones que salieron del Puerto de San Juan, en vista de sus llamadas de socorro.– (Efe)”
(Periódico La Tarde, pág. 1, Santa Cruz de Tenerife, 4 de junio de 1955)

“Estuvimos al morirnos por el viaje, porque el barco se dañó, se dañó ahí frente a Puerto Rico y estaba el barco casi al volcarse estuvo el barco.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Algunos de los emigrantes que subieron a bordo del vapor “España”, con destino a la Repíublica Dominicana.

“Fue el primer avión de reconocimiento. Después Trujillo mandó una fragata. Se creía que había una epidemia porque el barco estaba averiado y llegamos aquí a Santo Domingo. De aquí nos pasaron a otra fragata. Estaba averiada. Nos pasaron a otra. Entonces llegamos a Nagua. Eso está a doscientos y pico kilómetros de aquí.”
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“De ahí nos trajeron, nos llevaron remolcados a Santo Domingo, a la capital. Y ahí nos llevaron a la misa de la catedral.
 La mañana del 4 de junio, el vapor España llega a Ciudad Trujillo, es decir, a la ciudad de Santo Domingo.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Allí decía un letrero antes de coger el barco para ir a donde fuimos nosotros. Había un letrero que decía: «El pez muere por la boca.”
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)

“En Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,… Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
A cada emigrante sólo se le ofrece un vaso de leche y, después de la misa, son embarcados en la fragata 103 con rumbo al noroeste de la isla.
Y de ahí nos llevaron en tres fragatas de guerra a los canarios, los burgaleses y los gallegos a Baoba. Me recuerdo yo que la fragata que nos tocó a nosotros era la 102 o 103. Y nos llevaron y nos desembarcaron en Sánchez, que es un sitio que está antes de llegar a Samaná.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Al fin, por la mañana, llegamos a Sánchez. Un muelle de madera flotante. Y ahí fue una impresión bastante desagradable. Me acuerdo siempre que vi al alcalde, el llamado alcalde, descalzo. Una impresión bastante mala. Pero ahí fuimos aprendiendo. De ahí nos fuimos a la ciudad.
En la ciudad nos pagaron a 60 centavos diarios que salían al mes unos dieciocho pesos. Era de noche. Y de ahí fuimos a la colonia, la llamada colonia: Baoba del Piñal. Se decidía en varias colonias: estaba Baoba del Piñal, Cayita, en Bayita cayeron los valencianos, en San Rafael cayeron los burgaleses y en Santa María caímos palmeros y gallegos. Los de Tenerife cayeron en Vistadila, eran muchos y ahí cayeron. Y ahí empieza la historia. Bastante amarga y muy larga. Que no se puede contar porque es muy larga…”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Y de Sánchez nos metieron en guaguas y camiones y nos trajeron a Baoba del Piñal. Ahí llegamos de noche. Y de noche nos metieron a las colonias, donde estaban las casas.
Y cuando llegamos, la impresión que nos dio cuando veníamos de Samaná, que se rompió el vehículo donde nosotros veníamos y caminamos como un kilómetro a pie, y vimos eso por los lados. Muchachitos así, descalzos, desnudos, desnudos completamente, sin un trapo arriba. Tú veías eso y decías, ven acá, pero aquí hay gente salvaje todavía o eso porque eso era montería, cocos, cafetales, cacahuales… eso es lo que había, más no. Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

CONTINÚA…

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la República Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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Segunda parte. La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Vapor España, una chatarra flotante, donde 300 jóvenes canarios embarcaron con destino a la República Dominicana, en 1955.

(VER ARTÍCULO ANTERIOR: Primera parte)

Tan pronto zarpa el buque España del puerto de Santa Cruz de Tenerife, con rumbo a la República Domincana, aparecen ciertos signos desesperan­zadores que desmienten todo cuanto las autoridades españolas habían prometido a los jóvenes emigrantes.

“La comida que nos dieron eran plátanos hervidos, plátanos sancochados y había que bajar abajo a la cocina. Hacia un calor…”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Sin embargo, la juventud de los emigrantes y la pobre vida a que están acostumbrados en su propia tierra impiden que tomen conciencia de lo que puede sobrevenirles en su aventura americana.

“Por qué a mí viniendo un niñito aquí, porque yo no trabajé en España. ¿Y si salí un niño? Porque usted no se dio cuenta, pero le habrán contado. Pero le habrán contado que cuando nosotros salimos la cosa no estaba fácil. Cuando yo salí de España ganábamos ochocientas pesetas, que usted no se podía poner ni una alpargatas.
La vida era con hambre. Mensual ganaba yo ochocientas pesetas en una finca. Diversiones… De 19 años de aquel entonces tenía pocas diversiones: ir al fútbol, ir a ver una película, y dormir.”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Los pasajeros del vapor España, en aquel mes de mayo de 1955, no tienen apariencia de navegar hacia la desgracia y el jolgorio juvenil preside las primeras jornadas de la travesía.

“Veníamos luchando, otros cantando.”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Don Antonio Hernández, emigrante canario, vecino de Constanza (Rep. Dominicana).

La largas horas de la travesía también son utilizadas para trabar conocimiento con los emigrantes peninsulares, pero, sobre todo, con los que provienen del resto de las Islas Canarias.

“De la Gomera venía el señor ese que te digo que después se me perdió a los meses y no pude saber más de él. Era un muchacho joven, pero muy inteligente. Y él nos decía que se iba a tirar a hoteles en el medio americano. Sabía hablar su inglés. No sabía mucho de agricultura. Salió, se quedó en Santo Domingo y nosotros nos quedamos en el maldito campo.”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003).

El miércoles, 25 de mayo de 1955, mientras el barco España estaba en altamar, aparece en el periódico tinerfeño La Tarde el artículo siguiente.

 

“Veinticinco años de la ‘era de Trujillo’

    El gobernante que supo abrir para su patria los senderos de la paz, de la libertad y de la prosperidad

El efusivo abrazo en que se funden los dos sátrapas, Trujillo y Franco, nos ofrece una imagen histórica de su mutuo aprecio.

El efusivo abrazo en que se funden los dos sátrapas, Trujillo y Franco, nos ofrece una imagen histórica de su mutuo aprecio.

    MADRID.-(Servicio especial de Argos).- La figura del Generalísimo Trujillo es sobradamente conocida de todos los españoles. Una personalidad insigne de Hispano-América en que parecen conden- Las mejoras de las comunica- [sic] representativas de nuestra raza.

Vuelve a estar de actualidad en estos días este eximio estadista que supo conquistar el corazón de todos los españoles durante su histórico viaje a la Madre Patria, precisamente porque en él adivinaba el pueblo español aquellas cualidades más hondamente arraigadas en nuestra idiosincrasia: sinceridad, nobleza de sentimientos, amor a la libertad y lealtad a unas ideas que son indeclinables porque constituyen la esencia de la llamada civilización occidental de cuyos valores la Hispanidad constituye la más pura reserva, conforme intuyó Keyserling.

    Es estos días se cumple el XXV aniversario de la “Era de Trujillo”. Quizás a algunos lectores poco enterados de la transformación política y económica realizada en su país por este insigne estadista dicha denominación le parecerá hiperbólica.

Más [sic] para justipreciar la obra realizada por Trujillo será preciso conocer la situación de su país cuando advino al Poder, y establecer una comparación con la actual en que la República Dominicana ha alcanzado un grado de progreso económico social y estabilidad política que ciertamente sin la égida de Trujillo hubiera sido imposible.

No es, por tanto, desorbitado hablar de “Era Trujillo”. Los dominicanos bien lo saben. Más que una etapa de Gobierno o una época de Poder transitoria, Trujillo inauguró una verdadera era política para su Patria a la que trazó un derrotero de progreso, supo imponer la paz sobre la tempestad de las pasiones políticas e instaurar un orden sobre el torbellino caótico que la mantenían en un estado de inquietud y de zozobra casi permanentes.

    Imposible es condensar con detalle dentro de los límites de un artículo periodístico la ingente obra política realizada por el Generalísimo Trujillo.

Su autoridad y su prestigio como gran patriota se orienta, en primer término al aquietamiento de las aguas encrespadas por las pasiones políticas y, cuando ha logrado este primer objetivo “sine qua non” para toda obra de reconstrucción y de progreso, emprende una profunda transformación agraria y sanitaria que ha hecho de su país uno de los más progresivos en estos aspectos.

El encuentro de Trujillo con Franco se produce en Madrid, poco antes de la visita del dominicano al Papa Pío XII, el cual bendeciría y justificaría ante el mundo al hombre que asesinó a casi veinte mil haitiano en un solo día.

Como todo caudillo que aspire a perdurar, el Generalísimo Trujillo se dá cuenta de que vivimos bajo el imperativo de lo social. Y así realiza una labor resuelta a favor de los obreros. Es una política no demagógica, sino de signo cristiano. Prefiere que el obrero lleve una vida más digna abriéndole el acceso a la propiedad de la tierra y de la vivienda. La obra benéfico-asistencial de Trujillo puede servir de modelo: hospitales, dispensarios, asilos, reformatorios, etc.

Al lado de la política social debe destacarse también, como un paradigma de todo buen gobernante, su preocupación por la Enseñanza y la Cultura, mediante una protección decidida por medio de becas a los estudiantes, ayuda a la Universidad y a todo lo que represente un estímulo para las nobles y elevadas actividades del espíritu.

Pero al mismo tiempo no descuida los problemas de orden material. El Ejército de la Republica Dominicana es uno de los más eficientes y disciplinados entre los países hispano-americanos y no en vano tiene como Jefe supremo a un glorioso militar que conoce a fondo todos los problemas de organización castrense.

Las mejoras de las comunicaciones, el crédito agrícola, la urbanización y el embellecimiento de las ciudades son también florones esplendentes de la magnífica obra de este gran estadista.

    Los españoles no pueden olvidar su más acendrada virtud: el hondo, el entrañable, el sincerísimo españolismo de Trujillo. De ello ha dado pruebas en muchas ocasiones. Si es cierto que a los amigos se les conoce en los trances amargos no cabe duda que el Generalísimo es uno de los más leales y sinceros amigos de España.
La compenetración entre la Madre Patria y la República Dominicana –a la que bien podemos considerar como una de sus hijas predilectas– ha sido perfecta durante estos últimos años.
A ello han contribuido mucho las inspiraciones del generalísimo Trujillo certeramente cristalizadas en una cordial y fecunda labor diplomática realizada por su representación en España.
Actualmente preside la misión diplomática dominicana en nuestro país el Embajador don Rafael F. Bonell, rector de la Universidad de Santo Domingo, uno de los prestigiosos intelectuales más justamente consolidados en Hispano-América y que ha colaborado activamente –ha sido Ministro en varias ocasiones– en la extraordinaria obra política del Generalísimo Trujillo.
Próximamente se celebrará en Santo Domingo un magno certamen internacional que tiene un bello y expresivo lema: “Feria de la paz y confraternidad del mundo libre”.
A esta Feria tan bellamente titulada ha de concurrir España, que cuenta con terrenos cedidos expresamente en propiedad por la República Dominicana.
Tal es a grandes rasgos, el significado de esta conmemoración que tan jubilosamente celebra esta hija predilecta de la gran familia de la Hispanidad. Veinticinco años de la “Era de Trujillo”, un gobernante que supo abrir para su Patria el sendero de la paz, de la libertad y de la prosperidad, el Generalísimo Trujillo.
Valentín Bleya”

Todo parecía ir viento en popa. Nadie parecía barruntar desgracia alguna. No obstante, ese regocijo va a durar poco tiempo más. Sin previo aviso, una de las herrumbrosas calderas de vapor se rompe. La situación adquiere tintes de dramatismo. Sus protagonistas lo cuentan así:

“Explotaron las calderas. El barco se fue a un lado. Nos mandaba la tripulación a todo el mundo para el otro.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“El barco España se dañó, ¿sabe? Y estaba… nos tiraban para esta borda y después nos decían ¡para la otra! El barco… Los tiburones abajo, locos por comernos. Eso es una historia… ¡Si se hubiera escrito la historia de nosotros!”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Ahí murieron dos marinos, que sepamos nosotros, porque tuvieron que caerle a tiros a las calderas. Las calderas iban a explotar con todos.
Cuando van a reventar las otras calderas, el capitán ordena disparar contra ellas para liberarlas de la presión del vapor y evitar un naufragio seguro.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

    “Entonces se dañó la comida porque explotaron unas caldera, se dañó la comida, se dañó el agua. El agua era salada, usted veía a la gente deshidratada, caminando y de buenas a primeras, bum, y se desplomaba la gente en el suelo.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“El barco se llenó todo por dentro de agua, ahí no se sabía si era inodoro o era agua del mar o qué. Ya no había agua dulce. Estuvimos como tres días sin agua. Se acabó todo.”
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Ese barco tuvo un accidente. Por poco se hunde el barco porque ni la Lloyd de Londres quiso asegurarlo. Fue un barco que compró Trujillo. No compró lo mejor. Por eso ocurrió ese accidente y fue a parar a una de las islas del Caribe. Conozco eso porque, ante la reclamación del Gobierno Español, Trujillo usó como chivo expiatorio al capitán del barco y al jefe de máquinas.”
(Don Abelardo Vicioso González, ex fiscal militar)

Después de perder toda la comida y el agua, los pasajeros dependen únicamente de sus propios recursos.

“Habíamos algunos que estábamos mejores, porque tú sabes que siempre las mamás de nosotros, mayormente las españolas, cuando uno le llenan las maletas de comidas, de quesos y bebidas. Y entonces eso nos favoreció. Y cuando escaseó todo eso, nosotros teníamos comida
[...] Uno le daba al otro, de lo que no tenía, bueno y ahí nos mantuvimos.
[...] Venía el mismo Bernabé, uno que lo llaman Bernabé que es de Tijarafe. Otro que lo llaman Feliciano que creo que no haya muerto porque ese se fue pronto de aquí y luego de España se fue a Venezuela. Y cuando yo fui a España, hacía pocos días que había salido para Venezuela otra vez. No lo pude ver. Estaban Bernabé, Feliciano, otro que le dicen Abel que vive todavía en Los Llanos de Aridane. Ese es más chiquito, ese tenía como 17 años. Es el más joven que venía. Y yo. Veníamos nosotros cuatro y dos de Tenerife. Me recuerdo uno que era boxeador, bajitico y un hermano que tenía también. Éramos seis que veníamos en el camarote. Un camarote de esos de tres y tres en cada lado.
Y bueno, y ahí las pasamos, porque imagínese.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la Repoública Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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La increíble historia de 300 canarios en la República Dominicana del dictador Trujillo

Abuela y nieta, descendientes de canarios.

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Uno de los episodios más conmovedores y desconocidos de la historia de la emigración canaria es el referido al último viaje del barco España, un vapor comprado por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en Irlanda, a mediados de la década de 1950. Un barco desvencijado que destinó a trasladar emigrantes españoles a la República Dominicana.
Estamos en el año 1955. Es el mes de mayo. El día 19 es domingo y una pequeña multitud llegada desde muchos rincones del archipiélago llena el puerto de Santa Cruz de Tenerife desde las seis de la mañana. Cien emigrantes suben a bordo del barco «Franca C» que pronto parte con destino a La Guaira.

Don Arturo Alfonso (fallecido en 2010), emigrante retornado y fundador de la panadería Los Compadres, en Tenerife.

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Sin embargo, el gentío no se disuelve. Algunos grupos rasguean timples y guitarras, formando animadas parrandas, mientras otros abren maletas de madera y sacan gofio que amasan en sus zurrones. El sol es de justicia cuando en muelle Sur atraca un vapor llamado España.
La gente se acerca al barco, sin dejar de tocar y cantar. En cubierta hay muchos jóvenes. Al principio saludan con sus manos y, poco después, sacan gaitas y comienzan a tocarlas para unirse a la música de los canarios. Se trata de un grupo de gallegos que junto a valencianos, asturianos y castellanos se dirigen a trabajar como agricultores en la República Dominicana. Trescientos emigrantes canarios los han esperado para emigrar hacia el mismo destino. Luego, los emigrantes peninsulares bajaron del barco y se lanzaron a conocer Santa Cruz. Es día de fiesta y la Calle del Castillo está desierta. Pronto la llenan los agricultores emigrantes que cantan, gritan y bailan, en grupos.
Aunque la salida estaba prevista para las doce del mediodía del día 20 de mayo de 1955, sólo a las 23.00 horas, el barco España comenzó a realizar las maniobras de desatraque en Santa Cruz de Tenerife. Ya en el muelle no se oían las gaitas, los timples ni las canciones, únicamente pañuelos, palpitantes como lágrimas, despedían a los familiares. A bordo, trescientos canarios partían como emigrantes con destino a la Republica Dominicana.

Don Antonio Gombla, emigrante canario, vecino de Constanza (Rep. Dominicana).

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El barco abandonó lentamente la bahía, transportando 732 pasajeros procedentes de Castilla, Asturias, Galicia, Valencia (200) y Canarias (300 – 95 de La Palma – 61 de Gran Canaria – 1 de La Gomera – [175 de Tenerife, 50 de Gran Canaria – 75 de La Palma ]). Eran campesinos, excepto 25 maestros y un sacerdote. Según la prensa canaria, todos tenían una edad comprendida entre veinticinco y treinta años, pero eso no pasaba de ser otra de las innumerables mentiras que llenaban los periódicos de la época. En realidad, casi todos eran adolescentes menores de veinte años. Como afirma don Felipe Martín, uno de los que se embarcaron ese día:
“Yo vine a la edad de 19 años. Salí de mi casa faltándome diez días. Cumplí los diecinueve años en Tenerife.”
Según don Antonio Acosta:
“Vinimos de diecinueve años en el último viaje que dio el barco España. Fue la última emigración que vino. [...] Veníamos todos solteros. Venían tres mujeres que se habían casado con tres de la tripulación; no sé si había una valenciana y las otras dos no me recuerdo de qué sitio de España eran.”
Una de aquellas mujeres era una popular camarera que trabajaba en un cafetería de las inmediaciones de la Plaza de España, en Santa Cruz de Tenerife.

El buque pertenecía a la marina dominicana, iba tripulado por militares y, según la prensa de la época, desplazaba 3.000 toneladas, tenía 425 metros de eslora y 57 de manga. Los medios de comunicación tinerfeños habían colmado de elogios lo que no era sino un montón de chatarra, con el nombre de “Camberra”, comprada en Escocia, por Leónidas Trujillo, dictador y tirano de la República Dominicana.

Portada del periódico El Dia (Santa Cruz de Tenerife), en la que se da cuenta de la visita del Generalísimo Trujillo a su compadre el Generalísimo Franco. En esta visita, ambos llegaron a un acuerdo para “blanquear” la República Dominicana con algunos miles de emigrantes españoles.

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Según el escritor Juan Carlos Díaz Lorenzo:

“[Era] un barco curiosísimo. Había sido un barco de construcción británica que había navegado con el nombre de Canberra en las líneas de Australia y que vino a Europa para hacer precisamente su última etapa como barco de la emigración española a la República Dominicana.
Tenemos que considerar como elementos importantes la coincidencia de regímenes dictatoriales, en aquella época, que permiten el traslado de emigrantes para el desarrollo agrícola de vastas y despobladas zonas de la República Dominicana. Y necesitaban un barco. Ese barco fue, insisto, el trasatlántico España.”

Trujillo había comprado el viejo vapor para vendérselo a la propia marina de guerra dominicana por una cantidad de dinero desorbitada. Este personaje, que se hacía llamar Generalísimo, había visitado España unos meses antes, invitado por el también Generalísimo Francisco Franco. El país lo conoció a través de los documentales del NODO, que se proyectaban en los cines obligatoriamente antes de cada película.
Ambos dictadores llegan a un acuerdo para enviar jóvenes españoles a trabajar en la agricultura y, de paso, blanquear la población dominicana, apareándose con sus mujeres.
La política de «blanquear» la raza no es nueva. Ya ha tenido lugar en Cuba, en el siglo XIX, y, antes aún, en la propia isla de Santo Domingo.
Según Abelardo Vicioso González, un escritor dominicano descendiente de canarios y ex fiscal militar de Trujillo:

Sello con la imagen de Rafael Leónidas Trujillo Molina.

“Él seguía la política que habían seguido otros gobiernos tradicionalmente aquí: mejorar la raza. De mejorar la raza… Traer blancos españoles trabajadores.”

Esto lo confirma el emigrante canario Ángel Velásquez, con esposa e hijos dominicanos, quien recuerda con ironía:

“Trujillo nos daba la tierra sembrada y todo. Éramos dioses los españolitos. Para que se casaran con las dominicanas y salieran muchachos más guapos. Eran feas, todas morenas, pues se casaban con las morenas y salían más guapos los muchachos.”

El Jefe, como conocían los dominicanos a Trujillo, había cambiado el nombre de Santo Domingo, la capital de su país, por el de Ciudad Trujillo. Hacia allí se dirigía el España, que debía tardar unos diez días, a una velocidad de quince nudos.
El capitán era Juan Beotegui Zamora, quien ordenó en Santa Cruz que se diera caza a cuantos polizones estuvieran a bordo. Así encontraron a un joven valenciano que se había escondido dentro de un barril y estaba cubierto de viruta. Fue de inmediato desembarcado y entregado a las autoridades. Lo mismo ocurrió con dos muchachos de Arafo que descansaban tranquilamente en el salón principal.
Los palmeros llegaron acompañados del cónsul dominicano en la isla, don Geo M. Conde de Lagen, y con los grancanarios iba don Domingo Hernández del Toro, con el mismo cargo en Las Palmas. El cónsul en Tenerife era por entonces, don Manuel Sánchez Laso. Antes de partir el barco, pronunció un encendido discurso de fraternidad hispanodominicana el representante personal del Generalísimo Trujillo, Manuel Fernández Cámara. Poco después de las once de la noche, el barco suelta amarras.

Don Felipe Martín, emigrante canario, vecino de Constanza (Rep. Dominicana).

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Los periódicos han dicho que el España es un vapor de lujo y los muchachos no tienen razones para dudarlo… hasta que suben a bordo. En palabras de uno de aquellos emigrantes, don Antonio Acosta Hernández:
“Veníamos seis en el camarote. Y los seis nos compartíamos lo que llevaba cada uno. Uno le daba al otro, de lo que no tenía, bueno y ahí nos mantuvimos.”
Los emigrantes canarios son campesinos que no han podido reunir el dinero necesario para embarcarse hacia otros países, como Venezuela, Argentina o Uruguay. Por esta razón aceptan partir hacia un destino incierto.

“¿Usted recuerda que antes no había emigración para fuera, que salían de noche, en Canarias, que salían así? Ahí no quedó casi un muchacho de las islas. Yo intenté tres veces salir de ahí y no pude. En la noche. Entonces salió esto para Santo Domingo, que le pagaban a uno todo y digo pues vámonos para allá, coño. Y vine aquí.”
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

“Cuando nosotros íbamos a la policía a sacar los certificados de Buena Conducta, nos ponían muchos impedimentos. En La Palma había un [cónsul dominicano], en Tenerife había otro, en cada sitio había…
La misma policía no te decían nada delante de ellos, pero te llamaban:
–Mire, ustedes no saben para dónde van, dejen eso, no se vaya a ir… que por aquí, que por allí…
Yo me iba a salir de España desde los catorce años. El papá mío estaba en Venezuela, estuvo como cuatro o cinco años en Venezuela. Luego fue allá. Yo estaba preparando papeles. Tenía hasta el pasaporte y todo preparado para irme, pero me faltaba un contrato de trabajo porque era menor de edad y una gente que me protegiera allá.
En ese mes, él se fue, porque tuvo una enfermedad. Se vio enfermo de la cabeza y lo mandaron para allí. Y él me decía a mí: si tu hubieras llegado allá, yo no habría venido aquí. Digo bueno, pero no fue culpa mía, bueno.
Entonces cuando yo le dije a él que venía para Santo Domingo, dice:
–Mira, no te vayas a Santo Domingo, si tu quieres vete a Venezuela o a otro sitio que yo estuve en Santo Domingo como ocho horas o seis horas y no me gustó.
Tenía razón porque en Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,… Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra. Yo estoy hablando de esa época que no había más de un millón y medio o dos millones de habitantes.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)

Vídeo con la Historia de la emigración canaria a la Repoública Domicana (producido por Amazonas Films, emitido por Televisión Canaria y dirigido por Manuel Mora Morales). PRONTO ESTARÁ DISPONIBLE LA VISUALIZACIÓN ON LINE DEL DOCUMENTAL COMPLETO.

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La fuente y la gata: puntos de vista

 No sabría decir si era yo quien cotilleaba de forma exagerada en la vida de esta gata o si era ella la que sentía demasiada curiosidad al verme allí, plantado, mirándola fijamente con un artefacto en las manos.

A mí no me gusta ejercer de paparazzi, ni siquiera con los gatos, pero ustedes comprenderán mi interés si se preguntan conmigo: ¿Quién puso esa manguerita en la fuente? ¿Podría beber la gata por esa manguera? ¿Estaría la manguera allí, precisamente, por lo contrario, es decir, con la finalidad de obtener el agua sin que la gata pudiera contaminarla? En ese caso, ¿por qué la manguerita se veía tan sucia? ¿Si el agua sale siempre por la manguera, por qué hay agua en la pila superior? ¿Y por qué está tan seco el estanque inferior? Entonces, ¿la manguera sólo es un adorno en la fuente? ¿O bien su colocación ha sido obra de algún niño que la introdujo allí por casualidad o por juego?

Ya ven que hay demasiadas incógnitas para no detenerse un rato a resolver el misterio. Es cierto que no logré llegar a ninguna conclusión, entre otras cosas, porque no pude sacar una sola palabra a la gata, que era tan gallega como la fuente.

Alguien pensará “vaya forma de perder el tiempo de manera tonta, mirando e interrogando a una gata y una fuente”. Sin embargo, yo pensaría justo lo contrario de alguien que pasara junto a la fuente y a la gata sin detenerse: “vaya una manera tonta de ir por la vida, sin fijarse en los detalles que nos salen en cada vuelta del camino”. Puntos de vista.

Peter Pan en Tenerife. Playa de Los Cristianos

Uno de los barcos que habitualmente llevan a los turistas de excursión por las costas del Sur de Tenerife. Por un precio módico los intrépidos viajeros pueden navegar, comer, beber, bañarse y marear. ¿Quién da más?

Un alemán inventa una ballena artificial

Como todos sabemos, las ballenas están desapareciendo de los océanos. No es un problema nuevo, sino que ya en el siglo XIX revistas y periódicos publicaban noticias al respecto. Si uno repasa las páginas decimonónicas de las hemerotecas, pronto cae en la cuenta de que a nadie parecía preocupar demasiado que se extinguieran especies animales, si no significaban una pérdida como fuentes de materias primas. Y una de las principales fuentes eran, precisamente, las ballenas. ¡Imaginen si eran importantes que la guerra ruso-japonesa se inició por una disputa en el acceso al Mar del Japón y al Pacífico Norte para cazar ballenas!

De manera que cuando se publicó la noticia de que en la ciudad de Meinzen (Alemania) se estaban fabricando ballenas artificiales, llamadas Wallosin (la palabra alemana Wal significa ballena), los lectores pensaron dos cosas: que el problema estaba solucionado y ¡qué listos eran los alemanes que hasta inventaban ballenas!

Pero mejor es que lo lean en este artículo publicado en España, a mediados del siglo XIX.

A los inexpertos en el tema de las ballenas nos puede parecer un completo dislate tanto la noticia como el invento de Vockler. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Ciertamente, este alemán no inventó una ballena, sino un material fabricado a base de juncos (spanisches Rohr cuya traducción literal sería cañas españolas) que imitaba el hueso o barba de ballena. En efecto, el producto era más barato que el obtenido de las ballenas naturales y, además, podría haber reducido la caza de cetáceos, si la ambición humana fuese algo menos desmedida.

La fábrica se estableció en Cölln, cerca de Meißen, en una comarca donde se venía fabricando porcelana desde principios del siglo XVIII. Los juncos eran sometidos a un tratamiento con vapor de agua, a unas cuatro atmósferas de presión, para sumergirlos después en una solución de caucho. También se añadían azufre y aceite de alquitrán mientras se sometía todo a presión. Finalmente, se secaba y se preparaba en forma de varillas listas para su venta.

A pesar de todas sus ventajas, el Wallosin de Th Vockler tenía un gran problema para utilizarlo como varillas de paraguas: resistía mal la humedad y, después de soportar un aguacero, esas verillas se doblaban o partían, dejando el paraguas inservible.[1]

 

En torno a la misma época en que apareció el artículo anterior, un farmacético catalán publicó un libro que, entre otras cosas, hablaba de las ballenas, de sus productos y de su caza. Dejando aparte sus observaciones xenófobas, aporta una excelente información sobre los conocimientos que a mediados del XIX se tenía sobre estos cetáceos. He seleccionado algunos párrafos de interés.

“Sería muy largo y casi imposible enumerar los diversos usos á que se destinan y pueden destinarse las barbas de ballena Sirven en una multitud de artes: en las obras de torno son muy propias para cajas de tabaco, estuches, y mil pequeños utensilios ; pero su uso mas considerable es para la armazón de los paraguas y de las sombrillas, siendo para este objeto casi indispensable. En efecto, los numerosos ensayos hechos para suplir á la ballena con otros cuerpos no han dado muy felices resultados, porque esta es la única que reúne la solidez conveniente, la ligereza y la elasticidad perfecta que deben tener las varillas de un paraguas, para eyectar instantáneamente la corvadura necesaria cuando éste se abre y volver igualmente pronto á la forma rectilínea cuando se cierra.

También se hace un inmenso uso de esta sustancia para ballenas de corsés de mugeres, para látigos, y elegantes y duraderas varillas de los dandis. Las piezas de tornillo de los tubos de pipas de fumar, los de un sin número de instrumentos de física y de química requieren asimismo ballena, que, en todas estas ocasiones, es tan solo imperfectamente suplida con el cuerno, mucho mas expuesto á quebrarse, á deformarse y á alterarse que la ballena, que resiste por otra parte mucho mejor que aquel á una elevación de temperatura. Finalmente, todo lo de las barbas se utiliza: los pedazos muy delgados, y hasta las astillas mismas que se separan mientras se trabaja, no quedan sin uso, pues con ellas se hacen varillajes de abanicos, guarniciones de corbatines, armazones para sombreros de señora, etc., etc.

Después de este uso casi general de la ballena, no debe causar admiración su elevado precio, cuando la pesca no ha sido favorable, ó no nos llega á Europa en abundancia.

[...] Los principales productos de la ballena son la grasa y las barbas. La lengua de la ballena está cargada de bastante grasa para poder suministrar hasta 6 toneles de aceite. De los tegumentos, de la capa espesa de tejido celular grasiento que se halla debajo del dermis, y demás partes grasas, se extraen á veces hasta 60 y 80 quintales de aceite, y se dice también hasta 130. La grasa tiene un olor fuerte y repugnante, y pasa fácilmente á la fermentación pútrida; pero aunque el aceite que de ella puede extraerse retenga en parte este olores no obstante buscado, en razón del uso considerable que de él se hace en las artes y en la economía doméstica; la fabricación de los jabones negros, el mejoramiento de la brea de marina , y sobre todo la preparación de los cueros consumen enormes cantidades de aceito de ballena, que ofrece también un recurso precioso para el alumbrado.

La ballena, además de estos dos productos que la hacen buscar por los buceadores arriesgados que se exponen a esta industria lucrativa, suministra también al hombre colocado bajo un ciclo ingrato algunos otros recursos contra la necesidad. Los habitantes de los climas helados comen á veces su carne fresca, que también la hacen secar y ahumar para conservarla; pero es muy dura y seca, y ciertamente es un alimento muy repugnante, atribuyéndole en Rusia la propiedad de hacer reaparecer los síntomas de la sífilis; según Romlelet, la lengua y la cola son nutritivas, de buen gusto, pero de difícil digestión. Con los intestinos, aquellos infelices se procuran ligaduras y cuerdas muy resistentes y casi inalterables; forran con las membranas de la ballena esas frágiles embarcaciones en las cuales ellos no temen arrostrar los peligros de la alta mar y los témpanos de hielo mortíferos que ésta acarrea; los excrementos del animal les sirven para teñir de color rojizo muy sólido sus estofas; en fin, los largos arcos de la cavidad torácica de las ballenas le  presentan excelentes armaduras, y un combustible muy precioso allí donde no se encuentra casi otro. De creer es que todas estas partes, despreciadas por los pescadores, acabarán por ser recogidas, y, sometidas á preparaciones convenientes, ofrecerán un nuevo alimento á la industria.

Los Groenlandeses emplean también como alimento la piel y las aletas de este cetáceo; los antiguos hablan do una especie de pan hecho en gran parte con huesos de ballena, que comíanlos ictiófagos del tiempo de Alejandro el Grande.

En medicina, el aceite de ballena ha sido recomendado como emoliente y sedativo, y la grasa como emoliente; el miembro genital desecado, contra la impotencia, la leucorrea, la disentería y también la pleuresía; el hueso de la caja del tímpano ha sido preconizado en la cólica, las enfermedades de las vías urinarias, etc.

Barbas de ballena.

Láminas córneas, colocadas las unas junto á las oirás, un poco oblicuamente hacia atras, que las ballenas francas llevan en vez de dientes en la cara palatina de los huesos maxilares de cada lado de la boca.

El tejido de estas láminas ofrece una aplicación de fibras longitudinales muy finas y muy apretadas, como impregnadas de un cimento gelatinoso endurecido. De esta textura resulta un cuerpo muy elástico, muy flexible y muy resistente , del todo incorruptible y de una duración indefinida.

[...] Los mismos Groenlandeses, á pesar de su natural estupidez, no tardaron en aprender á pescar la ballena, y trajeron aun, en el ejercicio de esta industria, ingeniosos recursos sugeridos por la necesidad , que es un gran maestro. A falta de los medios usados por los Europeos, y careciendo de largas sondalesas y de bastimentos capaces de resistir por su masa y la fuerza de sus velas á los esfuerzos de la ballena, imaginaron para reducir en sus saltos al fogoso animal un expediente cuya idea había sido ya indicada por los Romanos; ataron odres de piel de foca á los arpones, y suplieron con el número á la fuerza del las máquinas; lanzaban encima de la ballena una granizada de estos harpones así dispuestos, que primero estorbaban los movimientos del animal, y concluían por hacerlos casi imposibles; entonces los salvajes se tiraban al agua, y sostenidos por sus vestidos de pieles impermeables, comenzaban en el mismo lugar el destazamiento, que concluían en la costa.

Sea de esto lo que fuere, en la Groenlandia, una pesca en la que tantos especuladores tomaban parte, debió terminar por alterar en tales aguas la reproducción y el desarrollo de la raza ballenera. Estos animales abandonaron sucesivamente este mar, y aunque los procederes de la extracción del aceite se hubiesen perfeccionado considerablemente, al punto que la misma cantidad de grasa pudiese suministrar el doble de aceite do lo que producía primitivamente, las ventajas de la gran pesca del Norte disminuyeron de una manera muy rápida.

Preciso fué perseguir á las ballenas en las costas de la América septentrional, quedando Spitzberg, Groenlandia, y sus establecimientos comerciales casi totalmente abandonados. Más tarde, se supo por los navegantes que los mares de la América meridional no estaban desprovistos de ballenas, y la pesca en el Sud sucedió á la de la tierra de Labrador, del estrecho de Davis, y del banco de Terra-Nova; menos fecunda, en verdad, esta pesca ofrecía por otra parte la ventaja de presentar menos peligros.

En muchos puntos, los naturales de estas pesqueras se iniciaron en la pesca de la ballena: vióse á los Americanos cercar á estos animales con sus innumerables canoas de corteza, espantarlos con sus gritos penetrantes, su música discordante, el ruido de sus grandes remos, y conseguir asi hacerlos varar en la playa; otros mas intrépidos se echaban á nado para alcanzar la ballena, y la clavaban á golpes de mazo una gruesa clavija de madera en uno de los espiráculos, con la que se zabullía, y cuando volvía á parecer á la superficie del agua, repetían la misma operación en el otro espiráculo. La ballena, sofocada por falta de inspiración del aire, abría la boca para recibirlo, pero como no englutía sino una enorme cantidad de agua, perecía en fin por asfixia, derivaba con el vientre hacia arriba, y se la podia remolcar sin grande esfuerzo hasta la playa inmediata en donde era destazada.

El descubrimiento de nuevas regiones, y las relaciones mas frecuentes con los mares de las Indias, hicieron también conocer la existencia de ballenas en las diversas partes del Océano austral, habiéndose establecido la pesca de este cetáceo en diversos puntos, como en la bahía de Santa-Helena, el cabo de Buena-Esperanza en Africa, y otros apostaderos. La segundad y la mayor duración de la pesca en climas más benignos compensaban lo largo de la travesía y el inconveniente que aquella presenta en alta mar.

[...] en 1833 tenia la Inglaterra 8t navios destinados á esta industria, que juntos formaban un total de 36,393 toneladas; el número de ballenas cogidas fué de 1,563, que dieron: 12,610 barricas de aceite, á 1,900 rs. vn., Valor de  23.959,000- rs. vn.; y 676 barricas de barbas, á 11,875 rs. vn., valor de  8.027,500 rs. vn., que forman un total de 31.986,500 rs vn.”

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A principios del siglo XXI, los principales productos que se obtienen de las ballenas son los siguientes:

Aceite de ballena: Aceites para usos industriales, iluminación y alimentación.
Espermaceti: cosméticos, lápices labiales, lápices grasos.
Ámbar gris: Fijadores de perfumes, considerado como el más valioso de los productos de la industria ballenera.
Glándulas endocrinas e hígado: productos farmacéuticos, hormonas, vitamina A.
Carne: Representa al 1.7% de la carne consumida en Japón.

Las excusas supuestamente científicas en que se amparan los países que continúan cazando ballenas obtienen una nueva dimensión si tenemos en cuenta el informe “Reinventando las ballenas”, publicado por la asociación ecologista británica Whale and Dolphin Conservation Society (WDCS) con motivo de la reunión de Agadir.

Este informe se refiere a las nuevas vías comerciales para los productos derivados de la ballena en la industria farmacéutica, cosmética o de la alimentación de animales. Estas industrias han sido muy rápidas en ver las posibilidades de utilización de estos ingredientes y han patentado procedimientos que incluyen su uso, desde pelotas de golf hasta tintes para el pelo, detergentes ecológicos a bebidas nutritivas. “Noruega, Islandia y Japón”, indica el informe, “están decididos a reinventar las ballenas para el siglo XXI, y van a utilizar cualquier permiso de caza otorgado por la CBI para continuar con el desarrollo de nuevas industrias para su uso”.

WDCS denuncia que existen empresas, ubicadas en países como China, Irán, Rumania y República Dominicana, que fabrican productos de cosmética con, entre otros ingredientes, el esperma de ballena. Y ello a pesar de que la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres prohíbe el comercio internacional de partes y derivados “fácilmente identificables” de ballenas.

Mientras la CBI reflexiona, Japón y Noruega intentan demostrar que el aceite de ballena es beneficioso para el tratamiento de enfermedades comunes como la osteoartritis. Si son capaces de demostrarlo, quizá consigan que los países miembros de la CBI aprueben la reanudación de su caza comercial.

Otros países balleneros, como Islandia, están, sin embargo, más interesados en otras salidas comerciales y prefieren dedicarse a la elaboración de harina de ballena para alimentar peces de criadero y ganado.

La pregunta que podemos hacernos es esta: ¿cómo podemos contribuir nosotros, individualmente, para que no continúe la masacre contra las ballenas?

No es fácil conseguir nombres concretos de productos que contienen restos de estos cetáceos. Pero el informe de la da algunas pistas para comenzar a tirar del hilo.

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NOTA

[1] “Von den Surrogaten und Nachahmungen, zu denen auch gebeiztes Rindshorn gehört, scheint sich nur das von Th. Vöckler in Cölln bei Meißen erfundene Wallosin (Walosin) einer größeren Verbreitung zu erfreuen. Es besteht aus geschältem und vierkantig gespaltenem spanischem Rohre (Stuhlrohr), das schwarz gefärbt, unter Dampfdruck gekocht, völlig getrocknet und hierauf mit einer Lösung von Kautschuk und Guttapercha mittels hydraulischen Druckes imprägniert wird; zugleich werden durch eine Schwefelteeröllösung die beiden Stoffe vulkanisiert. Die schließlich gedämpften, gewalzten und bestgetrockneten Stäbe können als (künstliches) Schirmfischbein Verwendung finden. Bei wenig sorgfältiger Imprägnierung wird aber das spanische Rohr leicht Wasser aufnehmen und sich krümmen und verziehen. Die größte Verwendung fand das Fischbein in der Zeit des Rokoko, in der die mächtigen Reifröcke und panzerartigen Schnürbrüste der Damen enorme Mengen benötigten.” (Lexikon der gesamten Technik, Herausgegeben von Otto Lueger, , Deutsche Verlags-Anstalt, Stuttgart y Leipzig, Alemania, segunda edición, 1904–1920)

Sobre cómo un par de mulas canarias tumbaron a dos sabios ingleses, en el siglo XVIII

En el Fondo Documental Antiguo de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, que ahora se halla al lado del Barranco de Santos, se puede encontrar un documento que relata la estancia en Tenerife de un grupo de ingleses –entre ellos el Conde Macartney, primer embajador de Gran Bretaña en China, y el capitán de navío Erasmo Gower– que se dirigían a visitar el interior de China y de Tartaria, y a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con sus respectivos emperadores. Viajaban a bordo de tres navíos: El León, El Indostán (propiedad de la Compañía de Indias) y un bergantín auxiliar llamado el Jackall.

Como dato curioso, debo reseñar que existe una lista que incluye, además de una larga serie de escribanos y secretarios de todo tipo, a los criados que acompañaban al Conde: un mayordomo y su ayudante, dos ayudantes de cámara, un cocinero, dos postillones, un corredor, un panadero, seis músicos, un carpintero, otro carpintero de obra prima, un sillero, un jardinero, un sastre, un relojero y un fabricante de instrumentos de matemáticas. Quizás olvidó contratar a un peluquero y un sumiller, porque nunca se sabe si en el Oriente se despeina uno con frecuencia o si apetece que te sirvan un vino Malvasía con estilo.

Tras recalar en Madeira, llegaron a Tenerife un domingo de octubre de 1792. Pegaron trece cañonazos para saludar a la población, pero nadie les respondió. De manera que desembarcaron y se informaron de que en Santa Cruz no había pólvora para cargar el cañón de los saludos. A juzgar por el diario, los ingleses no debían hablar muy bien el castellano ni enterarse de la mitad de lo que pasaba en la isla. Aunque, así y todo, lograron salir con vida de sus “grandes” aventuras en su ascensión al salvaje y peligroso Pico del Teide. En esta primera entrega, se incluye la anécdota de las mulas antibritánicas y, en el próximo, asistiremos a la visita que unas damas de la alta sociedad tinerfeñas hicieron a los ingleses en sus propios barcos y de lo que allí sucedió.

Así nos lo cuenta Eneas Anderson, uno de los empleados de la comitiva, quien fue en realidad el autor de la mencionada relación. Advierto al lector que he realizado la transcripción del documento al castellano actual, sin modificar una sola idea, con la intención de facilitar su lectura.

(Sábado 19) a las cinco de la tarde descubrimos el pico de Tenerife, a media noche registramos la punta oriental de aquella isla, y por la mañana temprano fondeamos.

(Domingo 21) Echamos anclas en la bahía de Santa Cruz, donde encontramos una fragata francesa que volvía de las islas occidentales, y la detenían allí, a causa de la revolución de Francia, hasta saber qué partido habría tomado S. M. C. en la confederación de las potencias de Europa, en guerra a la sazón con la asamblea nacional.

Hallándose en aquel tiempo en Gran Canaria el Gobernador de la isla, el Comandante de la plaza informó al teniente Campbell que no había en el almacén bastante pólvora, para responder al saludo; por lo cual se dejó el ceremonial ordinario.

La isla de Tenerife es una de las Canarias, y pertenece al Rey de España. Está entre los veinte y ocho y veinte y nueve grados de latitud norte y los diez y siete y diez y ocho de longitud occidental. Tiene de largo como cincuenta millas, veinticinco de ancho, sobre ciento y cincuenta de circunferencia. Aunque no se le da sino el segundo lugar entre aquellas islas, con todo, su extensión, su comercio sus riquezas la hacen la más importante de todas ellas.

Ciudad de Laguna, residencia del Gobernadores, la capital de esta isla; pero como no la he recorrido, me limitaré a la descripción de la de Santa Cruz, delante de la cual fondeamos.

Esta ciudad está situada a Nordeste de la isla, y tiene ensenada para los navíos. El mejor ancoraje no dista de la ribera más que media milla. El agua posee mucha profundidad, y tiene rocas en el fondo. La costa está llena de peñas, y muy escarpada. Un pico, que levantándose hasta las nubes domina sobre esta isla, la hace célebre.

Santa Cruz tiene cerca de tres cuartos de millas de largo, y media de ancho; las casas son de piedra, y de la misma construcción que las de Madera. Hay varias iglesias muy hermosas, dos de las cuales están adornadas con grandes torres anchas y cuadradas, que dan mucho realce al efecto que causa esta ciudad contemplada desde la bahía.

Tiene una calle muy bella, las demás sólo son callejuelas que no valen nada. Dos fuertes colocados a las extremidades Este y Oeste, dominan la bahía.

En esta ciudad como en las demás vecinas hay muy pocas tropas. La milicia es muy numerosa; pero no se junta sino en los casos urgentes. La ciudad, aunque no es muy grande, está  muy poblada.

Sus habitantes son principalmente españoles. Se encuentra en ellos aquella fiereza que caracteriza su nación, y que ha pasado en proverbio.

A pesar de que este pueblo habita una isla fértil en extremo, donde el menor trabajo les alcanzaría los mayores productos, todo su exterior no anuncia más que pobreza y miseria.

Hay  otro  fuerte al Oeste de Santa Cruz, situado sobre una gran eminencia que parece muy fuerte, y domina parte de la bahía.

El clima de Tenerife es caluroso, y como el de Madera, no está expuesto a variaciones. Durante nuestra detención allí, el termómetro puesto a la sombra se mantuvo  entre  setenta  y  ochenta grados; y varió muy  poco a bordo del navío.

El Gobernador  reside ordinariamente en la isla, distinguida de las demás por el nombre de la Gran Canaria; distante  doce ó quince leguas de Tenerife.

(Miércoles 24) Habiendo, formado el proyecto de visitar el Pico, Sir Jorge y Mr. Staunton, los Doctores Gillan, Dinvviddie  y Not, MM. Maxwell,  Barrow, Alexandre, y el coronel Benson, partieron  a las ocho de la mañana de Santa Cruz, llevando  consigo todo lo necesario para el buen éxito de su empresa. El termómetro estaba a la  sazón a los setenta y siete grados.

Iban montados sobre mulos, y bajo la dirección  de  buenos guías que se habían escogido. Ya habían  recorrido siete u ocho millas a lo largo de la montaña, sin casi ningún obstáculo; pero llegándose a enfriar el aire a punto de hacer bajar el termómetro a los veinte grados, precisó a los viajeros a ponerse otros vestidos. Después de haber tomado al mismo tiempo algún alimento, se pusieron de nuevo en camino.

Llegados al pie del Pico; cubierto enteramente de seis pies de nieve, y presentándose a cada paso nuevos obstáculos, detuvieron su marcha.

Habiendo caído de su mula Sir Jorge Staunton con mucho peligro de perder la vida, y dado en el suelo con su jinete la del Doctor Gillan, estos accidentes juntos a los peligros que se presentaban delante de ellos, al extremo cansancio de los viajantes, y la proximidad de la noche, les precisaron a pararse, y a pasar la noche sobre la montaña.

En consecuencia, valiéndose de grandes casacas de lana, y algún lienzo que traían, lograron levantar una: especie de tienda informe, pero con todo, habitable. Después de haber encendido un poco de lumbre, y hecho una triste y ligera cena, cada cual se entregó al sueño.

CONTINÚA EN LA SEGUNDA PARTE

El Conde de Sandwich y la trágica muerte de George Glas

George Glas fue un capitán de navío escocés y aventurero que se dedicó al comercio marítimo, como muchos otros en su época.

A mediados del siglo XVIII, visitó Canarias y tanto le gustó el archipiélago que publicó un libro, en 1764, describiendo su geografía, historia, comercio, carácter de sus habitantes y hasta su gastronomía. Si es usted minero o buscador de tesoros, tal vez le interese saber que Glas proporciona la descripción exacta del lugar donde se encuentra una mina de plata en La Gomera.

En este libro, titulado Historia,descubrimiento y conquista de las Islas Canarias, reseñaba que los canarios iban a pescar a la vecina costa africana y que sería un excelente negocio para los británicos imitarles. Tan pronto llegó a Canarias esta obra, saltaron todas las alarmas. Según informa Lope Antonio de la Guerra en sus Memorias, se impartieron órdenes tajantes de que ningún canario se enrolara como tripulante en un barco inglés.

Cuando apareció George Glas de nuevo por las islas, se le capturó y metió en prisión. Lo encerraron, en Lanzarote, en noviembre de 1764, y quedó libre en octubre de 1765. Es decir, permaneció casi un año metido entre rejas.

 Un mes después de salir de prisión, Glas embarcó hacia Gran Bretaña con su mujer, su hija y toda su fortuna –parece que llevaba unas cien mil libras en monedas– en el Earl of Sandwich, velero que ostentaba el título aristocrático de John Montagu (1729-1792), inventor de los famosos emparedados. Lo que sucedió a bordo de ese navío afectó mucho a la sociedad canaria, consciente de que las autoridades habían procedido mal encarcelando al marino escocés sin haber cometido ningún otro delito que escribir un libro en el que aparecían algunas reflexiones sobre el comercio.

He aquí cómo describió la Gazeta de Madrid (pp 27-29) el último viaje de George Glas. La publicación lleva fecha de 28 de enero de 1766.[1]

 “Londres 3 de enero de 1766. [El primer párrafo da cuenta de la muerte del príncipe inglés Federico Guillermo] Algún tiempo ha se prendieron en Irlanda cuatro malvados convictos de un horroroso delito. Servían en calidad de marineros en el navío inglés nombrado Conde de Sandwich, que regresaba de las Islas de Canaria a Londres con una rica carga de vino, seda, y cochinilla, y gran cantidad de pesos, oro molido, y algunas barras del mismo metal. Mandaba este navío el Capitán Cockeran, con siete hombres de tripulación, y había tomado a bordo, en calidad de pasajero, a un oficial extranjeros llamado Glas, que traía consigo a su mujer, a una hija, y a un criado. Cuatro marineros de la tripulación idearon el atentado de quitar la vida a cuantos se hallaban en el navío para hacerse dueños de la carga. En su consecuencia el 30 de noviembre último, a las once de la noche, sorprendieron al capitán cuando iba a entrar en su cámara, y le golpearon la cabeza con una gruesa barra de hierro.

Dos de los marineros y el señor Glas, oyendo el ruido y los gemidos que daba el capitán, corrieron al instante para ver lo qué sucedía. Los primeros que llegaron fueron dos marineros, a los cuales, después de haberlos maltratado, los arrojaron al mar. Viendo el señor Glas esta crueldad volvió a su cuarto para tomar su espada.

Le siguió uno de los asesinos y le esperó al paso. En efecto, no tardó en volver el Sr. Glas con la espada en la mano; mas el pícaro que había quedado escondido se le abalanzó de manera que le impidió utilizar la espada. En el ínterin, otro de los compañeros le desarmó y le atravesó el cuerpo con muchas estocadas utilizando su propia espada. Después, le arrojaron al agua.

La infeliz esposa de este desgraciado oficial, que con su hija había salido en seguimiento de su marido, vio parte de este horrible espectáculo. Se arrojó a los pies de los asesinos implorando su clemencia; pero éstos estaban furiosos y no se compadecieron de sus lagrimas ni de sus ruegos. Cogieron a la madre y a la hija y las arrojaron de manera inhumana al mar estrechamente abrazadas.

Aún no satisfecho el furor de estos malvados, quitaron después la vida a los demás marineros, que no habían entrado en la conjura, excepto a un grumete y al criado del Sr. Glas, que aún era joven.

Habiéndose hecho así dueños del navío, arribaron a la costa de Irlanda. A diez leguas de Waterford, echaron a pique el bajel, después de haber sacado todo el oro y la plata que pudieron llevar en la chalupa. Al abandonar el navío, dejaron en él al grumete y al criado del difunto Glas.

El primero de estos infelices, suplicó, aunque en vano, que le dejasen entrar con ellos en la chalupa. Viendo que el navío comenzaba a inundarse, se arrojó al mar y logró alcanzar a nado la chalupa a la cual intentaba agarrarse; pero uno de los asesinos le descargó tal golpe en el pecho, que le precipitó en las olas.

Finalmente, habiendo saltado a tierra estos malhechores, enterraron a la orilla del mar parte de su caudal, y después se encaminaron a Ross, y de allí a Dublín, en donde se gastaron mucho dinero.

Bien pronto se supo que había naufragado una embarcación en la costa, sin que se encontrase  a bordo a persona alguna. Esta noticia, junto con el dinero, y las monedas extranjeras que habían gastado estos cuatro hombres, dio lugar a que se sospechara de ellos. Por último, después de algunos otros indicios, fueron arrestados, y confesaron su delito con todas las circunstancias que acaban de referirse.”

El texto más antiguo que conozco sobre este suceso se encuentra en las páginas 85-88 de The Annual Register or a View of the History, Politicks and Literature for the Year 1766, (impreso en Londres, en 1767), sin que figure el nombre del autor.

El referido artículo, que sería repetido, sin demasiadas variaciones, más tarde en diversas publicaciones, nos pone al corriente de que la hija de Glas sólo tenía once añitos y que los amotinados fueron George Gidley, cocinero oriundo del oeste de Inglaterra; Mackinley Peter, el contramaestre, natural de Irlanda; Zekernian Andrew, de procedencia holandesa; y Ricardo de St. Quintin, inglés. Mientras Mackinley sujetaba por la espalda al forzudo George Glas, Gidley lo golpeó repetidamente  con una barra de hierro y después lo tiró por la borda. Según esta versión, madre e hija fueron arrojadas al mar vivas, sin más consideraciones.


[1] He actualizado la ortografía, algunos vocablos y, en algunas frases, la sintaxis del texto original para facilitar su lectura, siempre respetando estrictamente su sentido.