En busca del banco ideal

Coímbra.

Coímbra.

Venecia.

Venecia.

Dublín.

Dublín.

Galicia.

Galicia.

Tenerife.

Tenerife.

Filadelfia.

Filadelfia.

León.

León.

París.

París.

Atenas.

Atenas.

Nueva York.Nueva York.

Tenerife.

Tenerife.

Coímbra.

Coímbra.

La Habana.

La Habana.

Atenas.

Atenas.

Tenerife.

Tenerife.

Valdeorras.

Valdeorras.

Tenerife.

Tenerife.

Ponte de Lima.
Ponte de Lima.
Coímbra.

Coímbra.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Valladolid.

Valladolid.

Valladolid.

Valladolid.

París.

París.

Roma.

Roma.

Atenas.

Atenas.

Corfú.

Corfú.

Barco en el Adriático.

Barco en el Adriático.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Tenerife.

Nueva York.

Nueva York.

Nueva York.

Nueva York.

Nueva York.

Nueva York.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

Pensilvania.

París.

París.
París.

París.

París.

París.

París.

París.

Los bancos están abriendo cafeterías

Cafetería ING DIRECT, en Filadelfia, Pensilvania, EEUU.

Cafetería ING DIRECT, en Filadelfia, Pensilvania, EEUU.

Esto no es una obra de foto-ficción. Les aseguro que es una fotografía tan real como la vida misma. La tomé en Filadelfia, cuando mis ojos vieron la misma imagen que ustedes están viendo ahora: una cafetería llamada ING DIRECT con su leoncito y todo. No entré, porque cogí miedo (y no, precisamente, al león).

Según mis últimas noticias, también esta entidad ha comenzado a vender cafés expresos y americanos en Canadá. Así que más vale estar preparados para cuando nos toque el turno.

Como pronto nos llegará la moda, sugiero a nuestras queridas, honradas, sólidas, macizas y preciosas entidades bancarias que vayan buscando nombres y rótulos adaptados a nuestra floreciente economía (floreciente gracias a sus amorosos cuidados financieros, naturalmente).

En agradecimiento a lo bien que me han tratado siempre y a lo poco que me han estafado, les brindo algunas ideas gratis:  ”Heladería Bilbao Vizcaya”, “Bodegón Santander”, “Guachinche Banca March”, “Chiringuito Bankia”, “Perritos calientes Caixa Banco”, “Churrería Banca Cívica”,…

Tengo pensado acudir, únicamente, a las sucursales donde me atiendan los directores, con el fin de escucharles contar su sempiterna milonga –es decir, que ellos son bancarios y no banqueros–, mientras tratan de convencerme para que me suscriba a una ración de mejillones podridos. Prometo oírles con atención, mientras bebo el café a sorbitos y sostengo, delicadamente, un donut  rodeando mi dedo corazón.

Mis 13 razones para sentirme satisfecho por tener pasaporte español

Anoche, cenando con una amiga y su hijo adolescente, me enteré de que ambos abrigaban la sana intención de cambiar el pasaporte belga del muchacho por uno español. Aunque lo dijo en tono normal, creo que se dio cuenta de que a mí se me abrían mucho los ojos por la sorpresa. Durante la sobremesa, hablamos largo rato sobre el asunto, sopesando pros y contras de llevar a cabo esta decisión.

Finalmente, sin la menor intención de molestar al chico ni a su madre, se me ocurrió decirles cuáles eran las 13 razones principales que me colman del sano y santo orgullo de ser portador de un pasaporte español:

  1. Porque llevo ya más de un año sin haber perdido el susodicho pasaporte, batiendo todos mis records y ahorrándome la multa habitual que me cae por renovarlo.
  2. Porque España ha sido capaz de mantener la mejor liga de fútbol del mundo, a pesar de que los clubs deben mil millones de euros a Hacienda.
  3. Porque los futbolistas cobran cada día más, a pesar de que los profesores y los médicos ven disminuir sus ganancias.
  4. Por pertenecer a uno de los países pobres más ricos o de los países ricos más pobres. Vaya usted a saber.
  5. Porque habiendo salido la televisión del franquismo casposo en que nació ha logrado superarse a sí misma, alcanzando en nuestros días las más altas cotas de basura mediática.
  6. Porque el señor presidente jamás sería capaz de engañarme respecto a las subidas de impuestos.
  7. Porque España tiene las tarifas eléctricas más baratas de Europa, por mucho que sus ciudadanos paguen la factura más alta.
  8. Porque los abnegados bancos españoles emplean el dinero que les regala el gobierno en salvar a las pobres cajas de ahorro (las cuales se han ido a la ruina por ayudar a los ciudadanos más necesitados, como todos sabemos).
  9. Porque España ganó el pasado Mundial de Fútbol y, si fuera preciso para salir de la crisis, ganará el próximo. Y de ahí comeremos todos.
  10. Porque el Gobierno ha reconocido que el petróleo de las Islas Canarias es mejor que el de Valencia y, además, contamina menos.
  11. Porque el 29 de marzo los diputados del PSOE se solidarizaron con los trabajadores haciendo huelga doble: decidieron ir a trabajar, declarándose en huelga respecto a la huelga. Que Dios los bendiga, porque en ellos está nuestra salvación.
  12. Porque los diputados y senadores españoles, unidos como una piña, jamás votarán por subir la edad de la jubilación ni el tiempo de cotización… en los cargos políticos.
  13. Porque todavía no se le ha ocurrido al PP imprimir el toro de Osborne en la cubierta del pasaporte español.

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Votar por votar. El eurogolpe de los banqueros

Saturno devora a sus hijos (pintura atribuida a Goya).

Saturno devorando a sus hijos. (Pintura al óleo de Rubens).

Nunca me gustó la manera que tuvo Occidente de derrocar a los gobiernos del Magreb, desde Egipto hasta Libia, empleando con furor la misma muerte al por mayor que criticaba. Y no me gustó, en primer lugar, porque no me produce placer la muerte ajena y, en segundo, porque estas formas de implantar las democracias justifican, universalmente, cualquier método homicida para lograr fines políticos o económicos. Volvamos la vista a Colombia, donde la presencia de los paramilitares ha sido el mejor abono para mantener viva la guerrilla durante muchos decenios. Los muertos llaman a los muertos.

En cuanto a las democracias implantadas, basta contemplar Egipto para darse cuenta de lo fácil que resultaba predecir su fracaso: ahora, la población egipcia se concentra en calles y plazas para que sus “salvadores” abandonen el poder que ocuparon con las armas en las manos. ¿No es patético? Lo mismo, o quizás algo peor, sucederá en Libia. ¿Seguiremos aplaudiendo el terror, venga de donde venga? Por supuesto que sí. Aplaudiremos el terror, aplaudiremos a los verdugos y aplaudiremos la muerte con sólo escuchar tres o cuatro noticieros de la CNN y de la BBC y de la TVE diciéndonos que es imprescindible matar a unos muchos con cualquier disculpa. Aplaudiremos, y aplaudirán nuestros genes, porque la sangre es el combustible que mueve las doradas ruedas de la ambición y de la intolerancia: sobre ellas se bambolea, retrocede y avanza la Historia humana.

Ruedas que también transitan, cada vez con más soltura, por la decrépita Europa. Sin respeto a sus canas, ya se ha iniciado el desalojo forzoso de algunos Gobiernos europeos. Eurogolpes de estado que sin mediar elecciones (condicio sine qua non de cualquier golpe de estado que se precie) han puesto de patitas en la calle a los presidentes elegidos por los ciudadanos, sustituyéndolos por banqueros sin corazón, fríos y rígidos como peces congelados.

Para remediar el mal de los ratones, que somos nosotros, consentimos en colocar gatos a gobernarnos, con el encargo de ponerse ellos mismos los cascabeles. En Europa los fusiles de asalto del Magreb han sido reemplazados por análisis torticeros de las agencias calificadoras, mientras que las ejecuciones sumarias han devenido en ejecuciones de hipotecas y los repartos de comestibles de la Cruz Roja en comedores sociales para los desempleados. Golpes lights, fríos y ligeros como yogur helado, ideales para adelgazar cada vez más las líneas… de crédito.

Según la Ilíada, los troyanos introdujeron en la ciudad a sus enemigos griegos, ocultos en el interior de un gran caballo de madera.
 

Evidentemente, a partir de ahora, los dos primeros países ocupados, Grecia e Italia, tendrán unas relaciones muy fluidas con el Fondo Monetario Internacional, con el Banco Central Europeo y con Los Mercados, que se han convertido en un auténtico Monstruo del doctor Frankenstein, el cual crece y crece, alimentado por aquel dinero nuestro que tantos sudores nos costó ganar y que ahora esconden los banqueros, en los zulos de sus paraísos fiscales, con el fin de agradar a sus anónimos dueños. Los banqueros. Ellos. Sí. No los mendigos ni los políticos ni los policías ni los mecánicos ni los industriales ni la clase media ni usted ni yo. Sino esos banqueros especuladores que amotinados, en nombre del Monstruo, han comenzado a acceder a los puestos de mando de las naciones. Utilizan la misma táctica que tan buenos resultados deparó en la guerra del Magreb: atemorizar a los gobiernos; después, asaltarlos;  finalmente, derrocarlos y sustituirlos. Son los mismo banqueros que nos prestaron dinero durante una temporada para engordarnos, igual que la bruja malvada engordaba a Hansel y Gretel  para asarlos en el horno. Son los banqueros que nos bajaron los intereses  para entrar en nuestras casas como troyanos informáticos y desvalijarlas, igual que los griegos con su caballo de madera  se introdujeron y saquearon Troya. Sólo que, esta vez,  resurgiendo como ave Fénix, troyanos y caballos han vuelto para metérsela doblada a los griegos. ¡Nadie podrá negar el valor simbólico de comenzar el desollamiento democrático por la prístina cuna de la Democracia!

Saturno devorando a su hijo (Pintura de Goya).

No obstante, teniendo en cuenta lo poco que a los banqueros les importa la cultura, si no es para especular, ¿para qué rayos quieren estos eurogolpistas empuñar las riendas de gobiernos arruinados? ¿Para salvarlos? No, ni soñarlo. Para salvarlos no. Lo que desean, y lo desean fervientemente, es terminar de realizar un trabajo en el que son especialistas: exprimir los bolsillos de la población hasta el último euro, raspar el caldero de las economías nacionales hasta dejarlo limpio como una patena. Entonces, sólo entonces, dejarán que los políticos elegidos por nosotros regresen a robarnos moderadamente de esa forma  amateur que nosotros les toleramos, como si fueran inocentes niños traviesos.

Sólo nos cabe esperar que no suceda igual que tras la crisis económica mundial de los años treinta y se desencadene otra terrible guerra mundial, provocada por algún nuevo salvapatria o salvacrisis con bigote o sin él.

Pasado mañana hay elecciones en España. Gane quien gane nos va a gobernar otro tiburón con piel de besugo, como en Grecia, en Italia, en Irlanda y en Portugal. No nos engañemos, hemos dejado crecer al Monstruo y, como Neptuno a sus hijos, ahora nos devora. No es la primera vez ni será la última: si cualquier mentecato banquero, o bancario, como ahora le gusta llamarse al director o al apoderado de la sucursal que nos engañó con el contrato de la hipoteca, nos pone delante media docena de brillantes abalorios –con forma de casa, de coche o de crucero- le entregamos a cambio nuestra alma, tan adecuadamente simbolizada por esos billetes arrugados que nos limosnean cada fin de mes a quienes tenemos la desdichada dicha de seguir trabajando… Pero, a pesar de todo, no creamos esa milonga de la inocencia de los bancos, como si los banqueros y los especuladores no formaran parte de la misma Cosa. Siguiendo ese razonamiento, a la mano del ladrón no alcanza la culpa de robar carteras, porque sólo obedece las órdenes del cerebro. Pero sabemos que sí es parte esencial del delito: sin ella, el ladrón deseará robar, pero no podrá. Lo mismo que los especuladores sin los bancos.

Vayamos a votar. Pero no perdamos el derecho a disentir. Muramos con las botas de la dignidad puestas.