A Ruiz de Padrón, in memoriam

Dieciocho de enero

A pesar de que  también nació en esta fecha el divino Rubén Darío,
orfebre de rutilantes soles y desfiles gloriosos,
la mañana ha despertado gris y se ha helado el aire en las volcánicas islas
y, una vez más, querido Antonio, ha regresado el olvido.

Ni un artículo de prensa,
ni un programa de televisión
ni una charla en la radio,
ni un simple recordatorio en el Parlamento.

Todos están hoy ocupados en lo imprescindible:
analizar un partido de fútbol,
hablar de una murga infantil,
ofertar plazas de aviones para el carnaval
o verter la misma palabrería necia
que injustifica el sueldo de sus parlamentarias señorías.

Dos siglos.
Se cumplen, hoy, dos siglos
de tu Dictamen  contra el tribunal del Santo Oficio.
¡El Dictamen que terminó con la “Santa” y ominosa Inquisición!,
¡el que se hizo famoso en el mundo
y con tanto entusiasmo fue traducido y publicado en los países!

Durante un siglo, Antonio Ruiz de Padrón, alcanzaste gloria
y ningún otro político de las Canarias fue tan celebrado en el mundo.
Luego, te ganó el silencio de los muertos.

Tu memoria
nublada
apaleada
arrojada a los perros del cóncavo Cronos
para ser devorada como despojo histórico.

Nadie te recordó en las aulas.
A ningún joven se le ha dado oportunidad de conocerte.

Si la madurez de un pueblo se mide
por conservar la memoria de sus hijos más preclaros,
mucho nos resta andar a los atlánticos canarios
para llegar a alcanzarla.

Todo lo habrá de cambiar Futuro.
Vendrán días, puedes estar seguro,
que se recitarán áureos versos en tu nombre
y habrá competencia entre los poetas por citar tu memoria inmortal.

Antonio, paisano del alma,
espejo de dignidad y de entrega,
andante caballero  de las libertades grandes,
remero de las auroras que disipan las tinieblas,…
desde este brumoso y yermo 18 de enero,
sin perder el amor por nuestro dormido pueblo,
quiero elogiar, en esta hora, la palabra y la luz que nos legaste.

La novela histórica “Canarias” ya está en las librerías

La novela Canarias acaba de salir de la imprenta y, cuando escribo estas líneas, debe estar ya expuesta en varias librerías de todo el mundo, tanto en el formato clásico de papel como en el de e-book y e-pub. Mucho trabajo de investigación, miles de horas dedicadas a recorrer archivos, a visitar ciudades en Europa y en América, a buscar referencias, a desenterrar historias tristes, historias cómicas e historias increíbles…, todo pasa ante mí como una película acelerada, ahora que el libro ha tomado forma física y, finalmente, descansa en mi mesa de trabajo: quinientas veinte páginas que contienen una narración histórica cuyo protagonista es el personaje que más he admirado en mi vida. A su alrededor, he tratado de dibujar un puzle literario que contiene los principales elementos históricos que actualmente definen la identidad de mi tierra.

SINOPSIS

Aunque Canarias se puede leer como una novela independiente –puesto que se trata de una narración autónoma–, también es el segundo tomo de la saga Nuestro Ruiz de Padrón, la cual relata la vida del que fue principal artífice de la desaparición de la Inquisición española.
Antonio José Ruiz de Padrón nació en San Sebastián de La Gomera (Islas Canarias), en 1757, y murió en Villamartín de Valdeorras (Orense), en 1823. Su vida se convirtió en un apasionante viaje por diversos países, ideas y movimientos religiosos, políticos y sociales de los siglos dieciocho y diecinueve. Esta figura puede considerarse, junto a la del escritor Benito Pérez Galdós, como la más relevante de su archipiélago natal.
Ningún otro personaje canario ha sido tan conocido y reconocido fuera de las islas. Fundamentalmente, su fama se debe a su labor como Diputado, en las Cortes de Cádiz, para lograr la derogación del Voto de Santiago y la abolición de la Inquisición Española. Aun siendo sacerdote, logró ambos objetivos. El resto de su vida transcurrió de manera novelesca.
El primer tomo de la obra lleva por título La isla transparente. Narra la infancia de Ruiz de Padrón en La Gomera y las circunstancias religiosas, políticas y sociales que atravesaba su isla natal en esos años. Naturalente, no podría entenderse nada de lo anterior sin relacionarlo con el resto del mundo. A ello me he aplicado, tratando de presentar un ambicioso mapa histórico en el que abundan personajes y situaciones tan pintorescas como poco conocidas.
Este segundo tomo, con el título de Canarias, se inicia con la llegada a Tenerife del joven Antonio José Ruiz y Armas –no adoptaría los apellidos Ruiz de Padrón hasta varios años más tarde–. A los quince años entró en la Orden de San Francisco e inició los estudios sacerdotales en la ciudad de La Laguna, capital de Canarias.
Su relación con los ilustrados tinerfeños y su entrada como socio destacado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife determinaron un rumbo vital que le llevó a ser testigo presencial y, a veces, protagonista de los más relevantes movimientos históricos de su tiempo, en un increíble periplo por los Estados Unidos, Cuba y buena parte de Europa.

Los personajes que desfilan por la novela son de todo tipo y condición. Algunos juegan papeles muy secundarios, pero otros se agigantan y son parte esencial del relato histórico, por su cercanía a Ruiz de Padrón o por la trascendencia de su intervención en los procesos sociales, políticos e, incluso, artísticos que tuvieron lugar a finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, o en los dos o tres siglos anteriores.

En resumen, “CANARIAS” es una novela histórica escrita con la intención de que fuera intensa, amena y, sobre todo, divertida. Junto a la historia principal, he recuperado decenas de semblanzas y anécdotas que espero cautiven al lector tanto como me cautivaron a mí cuando las conocí.
“CANARIAS”  contiene una parte importante de nuestra Historia. Una parte imprescindible que nadie debería desconocer, y no solamente los canarios, sino los españoles y latinoamericanos, cuyas sociedades se conformaron, en buena parte, a partir de las importantes acciones llevadas a cabo por el protagonista de esta obra.
Por otra parte, las Islas Canarias constituyen un enorme puchero que lleva siglos cocinándose en siete ollas sobre el mismo fuego. Lenguas, folklores, filosofías, oficios, libertades, represiones, razas, creencias, comportamientos sociales y culturales de todo tipo son algunos de los ingredientes. En consecuencia, de vez en cuando, parece saludable levantar las tapas de los calderos, mirar, probar cómo va el guiso, averiguar qué se ha estado cociendo…
Precisamente, esta es la propuesta de la novela “CANARIAS”, conducida por un personaje singular: Antonio Ruiz de Padrón. Su fantástica vida puede servirnos de crisol para entender no sólo zonas desconocidas de la historia, sino los mecanismos que la mueven.
Mirar a Canarias, a España y al mundo, metiéndonos en los zapatos de Ruiz de Padrón, propicia un examen de la realidad desde posiciones racionales, al tiempo que posibilita un análisis sereno sobre cuándo, por qué, cómo, desde dónde y hasta dónde ha evolucionado cada uno de los elementos que conforman nuestro contexto social. Me gustaría compartir este punto de vista con ustedes: esta es la razón principal de haber escrito Canarias.

DATOS TÉCNICOS DE LA NOVELA “CANARIAS”
Primera edición: 12 de diciembre de 2012
Título: Canarias
Autor: Manuel Mora Morales
Colección: Nuestro Ruiz de Padrón
Editor: Editorial Malvasía
Interior: 520 páginas en papel ahuesado
Cubierta: todo color
ISBN en papel: 978-84-938983-8-0
ISBN e-book: 978-84-938983-9-7
Encuadernado: tapa dura
P.v.p.: 24,90 € en formato clásico de papel 9,90 € en formato e-book.

ALGUNOS PERSONAJES DE LA OBRA

•    Antonio Ruiz de Padrón, diputado doceañista, artífice de la derogación de la Inquisición.
•    José de Viera y Clavijo, autor de la Historia de Canarias.
•    José Clavijo, autor de El Pensador, traductor, etc.
•    José Clavijo, autor de El Pensador, traductor, etc.
•    Johann Wolfgang von Goethe, autor que escribió la obra “Clavijo” sobre José Clavijo.
•    Domingo García Abreu, artífice del nombramiento como diputado de Ruiz de Padrón.
•    Ignacio Llarena, clérigo, tío del Fernando Llarena y amigo de Domingo García.
•    Fernando Llarena, diputado doceañista canario.
•    Amaro “Pargo” Rodríguez Felipe, pirata canario.
•    Alonso Fernández Benítez de Lugo, conquistador de Tenerife.
•    Lope Antonio de la Guerra, autor de unas famosas Memorias.
•    Fernando de la Guerra, ilustrado que fue presidente de la RSEAPT.
•    Benjamín Franklin, padre de la patria norteamericana y científico.
•    Tomás de Nava y Grimón, fundador de la Real Sociedad Económica de Tenerife.
•    José Blas Ruiz y Armas, hermano de Antonio Ruiz de Padrón.
•    Fernando de Molina y Quesada, ilustrado canario.
•    Cristóbal del Hoyo, el aventurero marqués de San Andrés.
•    Juana del Hoyo, famosa por sus tertulias.
•    Agustín de Bethencourt, ingeniero canario.
•    Marquesa de Pompadour, famosa madama parisién.
•    Domenico Caracciolo, abolió Inquisición en Sicilia.
•    Juan Martín El Empecinado, guerrillero español contra Napoleón Bonaparte.
•    Javier de Miranda, hermano de Francisco Miranda.
•    Francisco de Miranda, precursor y libertador de Venezuela.
•    Juan Rodríguez de la Oliva, pintor canario, famoso retratista de vivos y de cadáveres.
•    Varios obispos de Canarias que tuvieron destacadas intervenciones.
•    Juan de Iriarte, gramático procedente del Puerto de la Cruz con altos cargos en la Corte.
•    Tomás de Iriarte, fabulista, sobrino de Juan de Iriarte.
•    Pascual de Sossa, marino canario que indirectamente produjo una guerra con Marruecos.
•    James Cook, famoso marino inglés que hizo escala en Tenerife.
•    William Bligh, capitán que sufrió el motín del Bounty y llegó a Canarias junto a Cook.
•    Jacinto Mora, tío de Ruiz de Padrón que se destacó en La Habana.
•    Baltasar Ruiz, padre de Ruiz de Padrón, nacido en El Hierro y casado en La Gomera.
•    Miguel Álvarez de Abreu, obispo canario de Oaxaca.
•    Obispo Servera, famoso obispo con sede en Las Palmas.
•    Carlos III, rey de España que intentó renovar las estructuras económicas.
•    Fernando VII, nieto de Carlos III que traicionó a su país.
•    Manuel García Herreros, diputado desterrado a La Gomera, amigo de Ruiz de Padrón.
•    Juan Duns Escoto, teólogo irlandés conocido como Doctor Sutil.
•    Matías Rodríguez Carta, tratante de tabaco con gran poder económico.
•    Capitán General de Canarias Juan Mur.
•    Capitán General de Canarias Miguel Fernández de Heredia.
•    Capitán General de Canarias Eugenio Fernández, marqués de Tabalosos.
•    José Antonio Abreu Bertodano, canario, académico de la Lengua.
•    Matías de Gálvez, Gobernador de Nueva España que pasó muchos años en Tenerife.
•    Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, criado en Tenerife.
•    Tomás de Saviñón, ilustrado canario, regidor del Cabildo de Tenerife.
•    Manuel Pimienta y O., impulsor de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.
•    Jean-Charles de la Borda, francés encargado de experimentos científicos en Canarias.
•    La Capitana, famosa prostituta canaria del siglo XVIII.
•    Antonio Domínguez Alfonso, famoso curandero canario en Madrid, protegido por el rey.
•    Diego Hernández Remiendos, padre del Médico de Monagas.
•    Andrés Médico de Monagas, curandero antepasado del marqués del Buen Suceso.
•    Andrés Amat, encargado por Galvez de la recluta de colonos canarios para Luisiana.
•    Pedro de Mesa Benítez de Lugo, autor una disparatada biografía sobre Santo Domingo.
•    Álvaro Pérez, autor que propone enseñar español a los indios con sólo doce hombres.
•    Pedro Álvarez, visitador del rey enviado a Canarias para controlar el pago de impuestos.
•    Bernardo de Iriarte, alto diplomático canario en la guerra contra Inglaterra en 1779.

PUNTOS DE VENTA

La distribución a librerías dentro del archipiélago está a cargo de LIBRO 7.

Además de las librerías importantes, en las Islas Canarias, la novela puede adquirirse en los siguientes puntos, tanto en papel como en formato e-book.

Agapea
(España)
Akal
(España)
ARCE
(España)
Averroes
(España)
Capítulo Dos
(PRÓXIMAMENTE)
Catalónia
(España)
Copia
(PRÓXIMAMENTE)
Corambo
(España)
Cúspide Libros
(PRÓXIMAMENTE)
Desclée
(España)
Deupress
(México)
Movistar
(Argentina)
El Dial
(Argentina)
Lex Nova
(España)
Grammata
(México)
SpanishBooks
(Canadá)
AECA
(España)
Sophos
(Guatemala)
Grammata
(Argentina)
Doctor Trade
(España)
Ecobook
(España)
Editex
(España)
Anabel
(España)
Herso
(España)
KINDLE
(España)
El Mundo
(España)
Librerías L
(España)
Qproquo
(España)
Tecno-Libro
(España)
TematiKa.com
(PRÓXIMAMENTE)
Terrabooks
(España)
UNE
(España)
Llibreriaha
(España)
Lecturalia
(España)
Universia
(España)
Profética
(México)
Grammata
(España)
Harlequin
(España)
Icontec
(Colombia)
INAP
(España)
LAIE
(España)
Mc Graw Hill
(España)
Wanceulen
(España)
UNED
(España)
Todoebook
(España)
Troa
(España)
CSIC
(España)
Bluefire
(EEUU)
iBubok
(España)
Librosclic
(España)
Librerías Beta
(Próximamente)
Nowtilus
(España)
Musimundo
(Argentina)
Libro Club
(México)
Norma
(Colombia)

Un texto muy especial, en el 255 aniversario del nacimiento de Ruiz de Padrón

Antonio Ruiz de Padrón y La Gomera, su lugar de nacimiento.

Hoy, se cumplen 255 años del nacimiento del diputado doceañista Antonio José de San Miguel Ruiz de Padrón, en San Sebastián de La Gomera, el día 9 de noviembre de 1757. Los signos que acompañaron esta fecha no eran muy propicios para venir al mundo: una gran plaga de langosta invadía el archipiélago canario y una epidemia diezmaba las gallinas isleñas hasta tal punto que el Conde de La Gomera había prohibido su venta fuera de su marquesado de Adeje, en el Sur de Tenerife, en un bando publicado el día 7 por el Alcalde pedáneo, Pedro Torres Martel.

Ningún agorero habría dado un solo maravedí por cualquier infante que naciera ese día.

Sin embargo, Antonio José, el nieto del escribano gomero Mauricio Armas Núñez, daría mucho que hablar y mucho que escribir unos años más tarde. Su nombre está grabado en la gran lápida de mármol que figura en la entrada de las antiguas Cortes de Cádiz, junto a las más relevantes personalidades del primer proceso democrático español. Se le reconoce, explícitamente, el gran papel que desempeñó en la demolición de la Inquisición española, el monstruo institucional que había aterrorizado a millones de personas durante siglos.

El primer texto escrito en la prensa sobre Antonio José Ruiz de Padrón apareció en una publicación madrileña en el año 1783, cuando el ilustre gomero contaba sólo 26 años de edad. Año y medio más tarde, zarparía con rumbo al Nuevo Mundo, donde emprendería una de las grandes aventuras de su vida, en la ciudad de Filadelfia. En esos momentos, allí se debatía la Constitución de los Estados Unidos de América y se revolucionaba la forma de gobernar naciones.

Este primer texto, nunca antes citado, se refiere a un discurso pronunciado por Antonio Ruiz de Padrón en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. Primero, habló Lope Antonio de la Guerra para explicar el motivo de la reunión: premiar a los artesanos más destacados y a los autores de varios trabajos literarios. A continuación, Ruiz de Padrón, que ya era Padre Lector de los franciscanos, se dirigió a los premiados para animarles a proseguir en su empeño.

He extractado este texto de mi próxima novela Tenerife –estará publicada el próximo mes de diciembre–, en la que se describen los años que pasó Ruiz de Padrón en la isla de Tenerife. He trabajado en ella durante mucho tiempo, con el fin de recoger toda la documentación posible, relativa a esos años tan ricos en anécdotas y actividades relevantes, tanto para el archipiélago canario como para el resto del mundo.

Me agrada ser portavoz de una buena nueva: los descendientes de la familia de Ruiz de Padrón cederán al ayuntamiento de San Sebastián, uno de los salones de la casa natal del personaje. Espero de corazón que de inmediato se ponga en marcha un museo, una exposición permanente o cualquier otra instalación que recuerde al personaje más relevante que ha tenido la isla. El acto tendrá lugar el viernes, 16 de noviembre de 2012.

Guillermo Vidal: un escritor tan genial como desconocido

El escritor Guillermo Vidal (segundo por la izquierda), en una foto de 2002, durante un coloquio literario de la Feria Internacional de La Habana.

Durante el pasado mes de febrero, los vecinos de la ciudad cubana de Las Tunas recordaron la figura del fallecido novelista Guillermo Vidal (1952-2004). También se ha instituido un premio literario que lleva su nombre. Este escritor, casi desconocido fuera de su patria, es uno de los astros de la literatura caribeña. En 2003, afirmaba el escritor Amir Valle:

Recientemente, cuando en una entrevista para un diario mexicano, a raíz de mi participación como autor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tiene en esta ocasión a Cuba como país Invitado de Honor, me preguntaron a quién consideraba yo el novelista por excelencia de las letras cubanas, en un país que había contado con novelistas de la talla de Alejo Carpentier, José Soler Puig y Lisandro Otero, entre otros ilustres ejemplos. Mi respuesta, sin pensarla pero –seguro estoy– consecuencia de años de estudiar al autor mencionado, fue Guillermo Vidal.

Conocí al novelista Guillermo Vidal en La Habana, en el año 2000, posiblemente. Dos años más tarde, participamos juntos en un coloquio literario celebrado en la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, durante una Feria Internacional del Libro. Pronto, se estableció entre nosotros una corriente de simpatía. Aparte de ser un gran conversador, capaz de fascinar a cualquiera con sus anécdotas, reconocí en él a un personaje singular, que desprendía grandes dosis de humildad y, sobre todo, de humanidad.

Esas cualidades me predispusieron a gestionar la publicación de una obra suya, El amo de las tumbas (2002), tan pronto leí algunos de sus textos y comprendí que me había encontrado con un gran escritor que estaba produciendo, en esos momentos, una literatura de gran calado. Todo indicaba que en los próximos años Guillermo Vidal se convertiría en una estrella internacional de la literatura. La prueba de que no me equivocaba fue que unos meses más tarde se concedió a Vidal el Premio Alejo Carpentier, el máximo galardón que puede recibir un novelista en Cuba, por su obra de ficción La saga del perseguido.

Ésta es la dedicatoria que me escribió el entrañable Guille en su fantástica novela Matarile. También figuran el correo electrónico y la dirección postal del fallecido novelista.

Sin embargo, el escritor no tuvo suerte. Un cáncer se lo llevó en poco tiempo y apenas si degustó las efímeras mieles del éxito. Todos cuantos le conocíamos nos quedamos desolados, no sólo por haberse malogrado un gran escritor, sino por perder una persona de su categoría humana.

Guillermo de Jesús Vidal Ortiz nació en Las Tunas (Cuba), en el año 1952 y murió en su ciudad natal, en 2004. En su juventud, se aficionó a leer a Leon Tolstoi y a Fiódor Dostoievski, autor que influyó poderosamente en Matarile (1993), la novela más conocida de Vidal. Ejerció como profesor de Español y Literatura en la enseñanza básica y, posteriormente, trabajó en diversos cargos en la Dirección General de Cultura. A partir de ese momento, impartió conferencias, participó en mesas redondas sobre literatura y viajó a diversas ferias del libro, como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. A partir de 1981, recibió diversos galardones, requisito indispensable para formar parte del grupo de escritores oficiales cubanos.

El último aniversario de su muerte me sorprendió releyendo Ella es tan sucia como sus ojos (2001). El ejemplar de esta obra, que tengo en mis estantes de libros, es un regalo del propio Guille y su edición por la Editorial Oriente es digna pero humilde. A su lado, se encuentra Matarile, –en su cubierta figura el dibujo de una mariposa aprisionada con dos enormes clavos–, en cuya primera página hay una cariñosa dedicatoria de su autor, fechada en el año que nos conocimos.

Quizás, más adelante, trate de ofrecer mi visión personal sobre algunas de estas novelas que están pidiendo a gritos que alguna gran editorial se interese en ellas. Por ahora, no puedo menos que recomendar, encarecidamente, la lectura de las obras de Guillermo Vidal a los buscadores de exquisiteces literarias. Varias de sus novelas pueden adquirirse en las librerías ‘on line’. Estoy seguro de que quienes se internen por primera vez en sus sorprendentes narraciones me agradecerán esta reseña.

Aunque no figura el texto completo, es posible ver fragmentos de sus obras en esta dirección de Internet:

http://www.google.es/search?hl=es&tbo=p&tbm=bks&q=inauthor:%22Guillermo+Vidal+Ortiz%22

Borges, el dinosaurio y yo, veinticinco años después

No sé cómo han llegado otros a la literatura de Jorge Luis Borges, pero yo arribé a sus laberintos cuando buscaba extensiones de Edgar Allan Poe. Me perdí en ellos con la esperanza de no volver a encontrarme, pero había demasiados tigres y espejos señalando la salida.

Cuando estuve al sol, encontré que Borges se había convertido en políticamente incorrecto. No supe si odiarlo por ser tan cabrón u odiarlo por ser tan buen literato.

Incapaz de deshacer ese nudo  gordiano, esperé señales que me iluminaran. Sin embargo, con la misma incorrección política llegaron después mujeres a las que amé, músicas que me fascinaron y autores como Vargas Llosa cuyas prosas he reverenciado.

Mañana, 14 de junio (tic-tac), hace 25 años que (tic-tac) se le terminó el tiempo (tic-tac) al maestro Borges (tic-tac) en una ciudad de relojeros. Hoy, es el día en que me pregunto si la corrección, la política y el amor tienen algo en común o si la existencia de cualquiera de estos elementos requiere la obligada ausencia de los otros dos.

Lo cierto es que debo contradecir a Augusto Monterroso, afirmando que cuando el dinosaurio despertó, Borges aún continuaba allí.

La Coca Cola y el rey

Fui al cine. Craso error, porque salí decepcionado de la sala, cuando había esperado disfrutar de una excelente obra cinematográfica.

Sin embargo, por lo que he visto, oído y leído, no parece sino que yo sea el único espectador al que no le ha gustado la película El discurso del rey, cuyo guión no va más allá de una versión babeante y casposa de My fair Lady, por mucho que intenten presentarla como un documento histórico. Si he de ser sincero, quitando dos planos espectaculares de la Westminster Abbey y una correcta realización holliwoodiense, el film me pareció un caldo rancio, cocinado con mucha cebolla y mucha falsedad, a propósito para hacer lagrimear a los fans de la desaparecida e inefable Lady Di. Sin embargo, me dejó encandilado, estupefacto y patidifuso un spot de la Coca Cola que pasaron antes de comenzar la proyección de El discurso del rey.

Les cuento. Con motivo de 125 aniversario de la invención de la chispeante bebida americana, el anuncio trata de contar la historia del refresco, presentándolo como si fuese uno de esos famosos vinos franceses que han estado presentes en los grandes acontecimientos históricos. Para ello, comienza mostrando el primer vaso de Coca Cola, servido por su inventor, John Pemberton, en la Jacobs Pharmacy de Atlanta. El resto lo pueden ver en el vídeo que he vinculado a esta página. Nada de particular, excepto el final.

Lo que a mí me maravilla es que se nos diga, como si tal cosa, que 125 años más tarde el inventor de la Coca Cola (o su bisnieto) sigue sirviendo bebidas detrás de la barra, en el mismo pequeño establecimiento, cuyo único avance aparente ha consistido en denominarlo Bar en lugar de Pharmacy.

Uno queda sorprendido y preguntándose: ¿A dónde fueron a parar las estratosféricas ganancias de la marca? ¿Pretende decirnos la empresa propietaria de la Coca Cola que es igual cuanto inventes o trabajes, porque tú y tus descendientes seguiréis siendo unos pringados per secula seculorum y cualquier ganancia irá siempre a los bolsillos de los especuladores?

Las personas crédulas y poco suspicaces, no tenemos por qué dudar de que sea verdadera la historia que nos han contado en esa publicidad. Mucho menos viniendo de una gran empresa a la que supongo seria y responsable. De manera que tampoco he pensado, ni por un momento, que los dueños de la Coca Cola nos consideren tontos del bote a quienes vemos el anuncio.; sino que han querido sincerarse por algún remordimiento que no habrán logrado quitarse de encima. Felicito su valentía.

Como digo, la película El discurso del rey no me ha producido el mínimo impacto artístico o emocional, excepto por haber perdido mi tiempo y el dinero de la entrada; pero el anuncio, ¡oh, el anuncio!, casi me ha hecho llorar, conmovido ante el triste drama que atraviesan las personas que tienen ideas innovadoras y, sin embargo, continúan esclavizadas en un trabajo deprimente durante siglos y siglos, viendo cómo otros se llevan el fruto de su inteligencia y de su trabajo. ¡Gracias, Coca Cola, por tu edificante lección!